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Portada de la novela Penumbra

Penumbra

Esta pieza de horror psicológico analiza la vulnerabilidad de un hombre sumergido en un entorno surrealista. Cuando llega la noche, sus miedos internos se materializan y la penumbra acoge a seres marginados. El relato examina la reacción irracional ante amenazas imperceptibles, explotando la fragilidad mental frente a lo abstracto. Es una crónica sobre el pánico absoluto hacia lo incierto, un mundo donde el temor constante dicta el rumbo de la vida.
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Capítulo 3

Aún no encontraba respuesta a mis dudas y observé un parque…

Me acerqué a ese parque y de repente el clima se tornó hostil y muy pesado, sentía que me observaban. Observé mi alrededor y no se veía nadie en ese lugar, estaba completamente solo… —o eso creía yo—. De reojo logre observar una sombra que había pasado velozmente por uno de los bancos de ese desolado parque. Una sensación de miedo me abrumó, y de momento ya no era solo una sino varias sombras, que veía, creí que era mi imaginación. Pero vi que todas esas sombras se habían colocado en una fila y se dirigían así mí.

Yo corrí por una calle y observé que venían detrás de mí, me perseguían esas cosas, aunque yo corría con todas mis fuerzas, ellos venían de una manera muy serena, casi que caminaban sobre el aire. Logre contar unas 8 o 10 sombras, una igual a la otra. Parecían tener capuchas y completamente negras casi que trasparentes.

En mi afán de huir, me di por vencido y en un pequeño montículo de arena, me arrodillé y alcé mi mirada al cielo, tenía un yo rojizo en cielo en aquel momento. Esperando que esas sombras me agarraran e hicieran lo que querían hacer conmigo, baje mi cabeza y con la mirada al suelo, cerré mis ojos y espere lo peor. Después de un rato, —no sé cuánto había pasado, mi tiempo ya ni lo entendía—, me di cuenta que no había pasado nada y abrí mis ojos y observé que volvía a estar solo, y las sombras ya no estaban.

No sabía que había pasado con esas sombras, pero tampoco me sentía muy aliviado, podrían volver en cualquier momento o peor aún podía parecer algo peor. No me sentía seguro en ese lugar y sabía que debía salir, pero aún no hallaba la manera de lograrlo.

No había nadie en ese lugar y solo estaba yo, acechado por algún ente que me quería hacer daño, con tanto miedo no solo por mi vida, si no por las preguntas que me martiriaban la mente, pensando en cómo se habría estado sintiendo Alice, sin saber de mí, capaz estaría hasta aliviada de que ya no estaba haciendo de su vida una total desgracia, peleas a diario por mis borracheras, y por lo terrible que fui como esposo, nunca supe valorar a la mujer que estaba a mi lado, y el recordar que ya no podía reivindicarme era lo que más me atormentaba.

Aquel lugar no solo se había vuelto el lugar donde mis temores se habían vuelto realidad, sino que también un sitio donde había estado viviendo una mira retrospectiva de lo que era mi vida antes de toda esa situación tan desesperante, quería volver y enmendar mis errores, pero el hecho de ni por lo menos saber dónde me encontraba, o si ya había muerto, me llenaba de mucha tristeza y si eso era un castigo por todo lo que había hecho en mi vida, por todas a quien le hice tanto daño, pues creo que ya era suficiente para mi alma y para mí espíritu.

Mi pecho lo sentía pequeño y mi respiración se volvía más difícil, mis manos estaban heladas y el inmenso terror me inundó al recordar que así me sentí en el callejón del muerto, esto iba a volver a pasar y ahora no sabré donde iré a parar, con estos pensamientos que me agobiaba, me dije a mí mismo que esta vez lucharía por mi vida o por lo que quedaba de ella, no tenía miedo a lo que se presentara. A lo que le tenía verdadero pavor, era a no saber a qué me enfrentaría. ¿Volverían las sombras? —me preguntaba—, estaba dispuesto a combatir y estaba armado de valor, el suficiente para estar tan demente para enfrentar algo que no comprendía mi mente, “es el momento y no me rendiré”, —esta frase me motivaba de una manera inexcusable—, pero me sentía tan confiado en mí mismo y en lo que yo… —un tipo sin nada que perder, luchado por su vida eso si es peligroso—.

Al horizonte logre distinguir una de esas sombras y con rabia le grité que me diera la cara y no escondiera de entre la oscuridad. Alcé la voz muy fuertemente para por lo menos intentar espantar esa sombra, sabía que era tan inútil, como mi manera de racionar en ese momento, ya que no era la mejor, pero era lo único que podía hacer, sabía que correr era inservible y que por mucho que me esforzará, me alcanzaría.

Me puse en posición como todo un combatiente y esperaba a aquellas sombras, si ese era mi momento daría todo y si mi destino ya estaba escrito, y debía morir ese día, pues lo haría luchando. La sombra estaba con los brazos extendidos y se dirigía hacia mí, esperaba lo peor, pero con el espíritu con la mayor fuerza.

De una manera repentina, la sombra se disipó con el aire, y un inmenso silencio rodeó el lugar. Me vi extrañado en ese instante y viendo a los lados, me volví a encontrar nuevamente solo, ¿Qué habría pasado con las sombras que se encaraba contra mí? Y ¿Por qué desapareció de esa manera tan extraña?, volvían preguntas a atormentar mi mente y sin respuesta alguna, ese me hacía sentir más confundido. En ese momento yo dudaba de mi propia existencia y de que si aún seguía vivo o estaba muerto y en una especie de lugar transitorio, donde iban las almas para hacer atormentadas por sus malas acciones en vida, eran teorías que rondaban en mi cabeza y una más descabellada que otra. Sin respuestas a nada, decidí experimentar y ver qué tan real era esto, y por lo menos entender dónde estaba.

Caminando por una de las calles, adornada con banderines y panfletos que daban una especie de tributo a un ente sin cara, —este lugar se tornaba aún más misterioso—. En el suelo había una inscripción en una lengua que no entendía, eran como símbolos y garabatos extraños. —¿Qué querrán decir todas estas extrañas inscripciones? —.

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