Portada de la novela Pecadora

Pecadora

9.0 / 10.0
Bajo una apariencia de inocencia, Roma Bruno Duarte oculta una naturaleza pecaminosa. Adrián, hundido en el alcohol y la desolación, cae en la tentación de esta mujer durante una noche fatídica. Su entrega pasional lo empuja a traicionar sus votos sagrados, desenterrando un pasado que prometió olvidar. Envueltos en secretos y un deseo incontrolable, ambos deben elegir entre luchar contra sus propios demonios o ceder a un romance tan prohibido como inevitable.

Pecadora Capítulo 1

Pov: Roma Bruno Duarte

— Roma, dime que puedes cubrirme esta noche —Grecia, mi hermana menor por un año, entra a mi habitación sin tocar.

— Lo siento, Greci, no puedo, hoy tengo cosas que hacer —resopla.

— ¿Sigues en ese club? —asiento mientras guardo mi ropa dentro de mi mochila.

— Dile a Vene, ella seguro está libre —mi hermana se queja.

— Odio esto, haré huelga o algo, papá se está pasando con esto —me carcajeo.

— Anda, haz huelga, la universidad la paga él, nuestra comida, necesidades. Imagina trabajar para pagar todo eso, sería más difícil aún —cuelgo mi mochila al hombro.

— Él cree que puede manejar nuestra vida, piensa que así evitará que no estemos con chicos —apoyo mi mano sobre su hombro.

— Él cree, no sabe. Ya sabemos cómo manejarnos, mientras no traigamos un novio a casa todo estará bien. Ahora relájate, piensa una excusa y no me delates con esa enorme bocota floja que tienes, hermanita —hace un puchero.

— Suerte y espero folles, además de ganar dinero —suspiro.

— Eso espero, últimamente no encuentro a nadie que se me acomode, nadie que me deje tonta y deseando más, eso quiero. Reza por mí, Greci, para que encuentre alguien que reviva mi fe en el sexo y los hombres —salgo riendo y bajo las escaleras apresurada, solo debo pasar esa puerta sin…

— Roma, hija —papá me vea.

— Papi, tengo prisa, quedé con Clarisa, hoy haremos pijamada —se acerca y besa mi frente.

— De acuerdo, esta semana ya has ido muchas veces a su casa. ¿Ella con quien vive? —sonrío.

— Sola, papi, su papá trabaja mucho, está por volver o creo ya lo hizo. No me hagas interrogatorio, papá, veremos películas y comeremos palomitas —frunce el ceño.

— Está bien, solo te cuido, hija —beso su mejilla.

— Descuida, solo iré a dormir a casa de mi amiga, como siempre —salgo antes de que siga preguntando.

— Cuídate —asiento escapando.

Papá es el hombre más celoso y controlador que he conocido en mi vida, nos cela casi tanto como a mamá, aunque pobre de mamá, porque ese hombre no deja que respiren cerca de ella otros hombres. Mamá no es una santa por supuesto, solo que ella no está empecinada en creer que con 20 años sigo siendo virgen.

Mi papá no quiere que nosotras tengamos vida sexual, es capaz de mandar a golpear a todo el que tenga intenciones con cualquiera de nosotras.

Es un pesado.

Lo amo, sin embargo, papi es un intenso que nos obliga a mentirle.

El trato es que, él paga universidad y todas nuestras necesidades básicas, mientras no trabajemos.

Pequeño detalle, el dinero que él nos da nos lo controla demasiado, porque es su dinero al fin y al cabo. No hoteles, no citas, no bares y club.

Y ahí es donde surgió todo esto, mentir constantemente para hacer lo que nos venga en gana, en mi caso trabajo en un club, bailo Pole Dance.

Gano lo suficiente para salir de fiesta, pagarme el hotel si decido que quiero follar con alguien y para hacer lo que quiera sin que mi padre se entere.

No es un pecado lo que hago, o quizás sí y pecar es divertido.

Desde niña fui a escuela religiosa, en la secundaría papá nos mandó a una escuela solo de chicas, con monjas y todo eso. Aprendí mucho, que todo es pecado y que cuanto más pecaminoso parezca una acción, más deseo hacerla.

Puede que solo sea rebeldía, mas yo pienso que estoy hecha para romper las reglas, para vivir en el pecado.

…….

Tomo el tercer shot de tequila antes de que sea mi turno, no he practicado nada y para no sentir la presión de ser perfecta, porque me gusta serlo. Beber ayuda a que todo me valga mierda.

— ¡ROMA, TE TOCA! —meto en mi boca una rebanada de limón y de camino al telón que divide los vestuarios del escenario lo tiro en un cesto.

— Hoy está lleno, recaudaremos mucho —expresa mi compañera.

— Espero estén muy ebrios, porque no tengo nada nuevo, solo tengo mi belleza y mi carisma —bromeo.

— Vamos, solo mírate, nadie estará viendo si practicaste, sal y consigue muchos billetes —chocamos los cinco y subo las escaleras al escenario.

El vitoreo de todos en el lugar es ensordecedor y concentrarse en el bullicio no es lo mejor, solo oigo la música.

Sé lo que causo en el público, conozco mis virtudes, a veces aburre saber qué dirán, que no importa qué pase, siempre buscarán para proponerme miles de cosas.

Lo fácil, no siempre es divertido.

Estoy en busca de un reto, algo que le dé más adrenalina a mi vida, algo que me haga sentir viva otra vez, como lo hacía esto cuando apenas empecé a hacerlo.

.

Bailo un buen rato, la cantidad de dinero que avientan es increíble. Hombres, mujeres, todos son muy generosos.

Termino mi turno y bajo del escenario, hay un encargado de juntar el dinero que cae al suelo y luego cada una recibe su parte.

Voy por mis cosas para cambiarme, estoy aburrida, quizás me tome una copa y vea qué encuentro para que esta noche se vuelva prometedora.

Salgo para caminar por el club, me pido un mojito.

— ¿Te acompaño, linda? Quizás hasta me haces un baile privado —alguien se me acerca mientras estoy sentada en la barra.

Me reconocen muy fácil. ¡Carajos!

— No, gracias, no estoy en mi horario de trabajo —lanza una risa.

— Vamos, un bailecito, probamos tu elasticidad —qué pesado.

— No —me levanto alejándome a la zona de las mesas privadas.

Siento varias miradas sobre mí, la atención me gusta, solo que estoy cansada de que siempre quieran un baile privado, que me busquen porque cogerse a la bailarina es cool.

Estoy fastidiada, así de simple.

Veo una mesa vacía al final del salón y me siento en el sillón del vip.

Quizás estar sola es lo más divertido y emocionante hoy.

— Está ocupado, señorita —jadeo y me volteo para notar que en el sillón circular justo en una esquina donde apenas da la luz, hay un hombre sentado con un vaso en su mano.

— Lo siento, yo…

— ¿Huyes? —se inclina a tomar la botella sobre la mesa y logro verlo bien.

Castaño, barba, unos ojos azules muy llamativos acompañados de una mirada gentil y hasta diría triste.

— Yo… nunca huyo, huir es de cobardes, nunca sería cobarde, solo…

— ¿Quieres robarme la mesa? —lanzo una risa y me meto más dentro del centro del sillón.

— Puedo robar lo que sea, tu atención, tus suspiros, tu corazón, menos una mesa —se ríe.

— Qué graciosa, no puedes robar un corazón que no existe —no me mira y eso es extraño. ¿Por qué no me mira?

Sus ojos están perdidos en ese vaso de licor que trae en su mano.

— ¿Qué hay de tu atención? —de repente él llama mi atención porque no logro llamar la suya.

— ¿Para qué una chica como tú querría mi atención? —me inclino sobre la mesa apoyando mis codos sobre ella.

— Porque eres guapo y misterioso —una risa ronca sale de sus labios y qué sexy se me figura este hombre.

— No lo soy, ninguna de las dos, solo… —sus ojos se posan en mí quedándose sin habla—. Dios, eres como un ángel, ¿vienes a llevarme al infierno por todos mis pecados? —sonrío ante su extraña reacción al observarme con detenimiento.

— Creía que los ángeles te llevaban al cielo —solo me mira, pasó de no dirigirme la mirada a tener sus ojos fijos en mí.

— También yo, solo que tú, te ves tan bien que está mal hasta mirarte, eres como la tentación y… debes marcharte, por favor, vete —enarco una ceja extrañada.

— Me estás echando, eso no es educado —niega y no me mira.

— Estoy muy ebrio y… —suspira y vuelve a mirarme—. Nunca vi una mujer tan hermosa como tú, miento, soy un mentiroso, sí la vi y eso es lo peor, que… eres tan hermosa, tan llamativa, necesito dejar de mirarte —sonrío, no tengo idea qué dice, solo sé que es muy lindo y acabo de decidir, que me voy con él o me voy con él.

— ¿Por qué no nos vamos de aquí mejor y me miras más a detalle, con más luz? —niega.

— No, no lo digas dos veces, verte a detalle, debe ser como… ¡No! Estoy divagando, es que yo… ha pasado tanto que, verte no ayuda, no ayuda nada. Tener a una chica así frente a mí, es un castigo, tú te ves joven y yo no soy joven, no lo soy… Dios santo, yo quiero ser bueno —me acerco más a él mordiendo mi labio inferior.

Él tiene algo que es único, una ternura que me vuelve loca. Quiere ser bueno y yo también.

— Yo soy una chica buena, muy buena y obediente, puedo ser buena contigo, arrodillarme frente a ti y ser una chica súper buena —pasa saliva y niega mientras abre su boca como un pez tartamudeando.

Me muero, tartamudea, me vuelvo loca si me tartamudea mientras se la chupo.

— Yo... no… no… pu.. puedo, tengo que irme, eres muy peligrosa y… y… he bebido mucho. ¿Entiendes? —pestañeo sin apartarle la vista.

— También he bebido algunos shots de tequila y este mojito. No me molesta que hayas bebido, me agradas, todo lo que dices, suena bien. Yo invito, salgamos de aquí, dejemos de sufrir —se levanta sin dejar de verme, como si las palabras no le salieran.

— Eres encantadora y hermosa, muy hermosa ¡Dios! Eres perfecta, tal como debes ser y no eres real, no puedes ser real, una chica linda no se acerca a un hombre como yo —se aleja y me quedo descolocada.

Me encanta, él me encanta y no se va a escapar, como que me llamo Roma Bruno Duarte.

_______________

Conozcamos a Romita, ella tiene una personalidad llena de locura, no tiene vergüenza y acaba de conocer a un hombre que es todo lo que busca... ¿Qué pasará entre ellos? 🫣🫣

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Tabla de contenidos de Pecadora

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