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Portada de la novela PACTO; Vendida al demonio

PACTO; Vendida al demonio

Ada ha sido entregada como ofrenda al demonio Pay, quien reclama su alma para ejecutar una antigua venganza. Aunque ella es solo una pieza en su plan, el vínculo carnal y espiritual que surge entre ambos despierta una pasión por la que ella moriría. Tras siglos aguardando su caída, el deseo de Pay al tocarla pone en riesgo su propia estrategia. En este juego de traición y placer extremo, sus destinos quedan unidos de una forma inevitable y oscura.
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Capítulo 2

Ada.

Vivía a las orillas del bosque una pequeña casa en medio de la nada, el doctor se lo recomendó a mi madre a causa de la enfermedad de mi hermana, decía que el aire puro y fresco ayudaría a sus pulmones y de entre todas las cosas malas esta era la menos horrible.

Podía caminar durante horas adentrándome entre los árboles y siempre encontraría el camino de vuelta, como si el bosque se abriera ante mí y todos los caminos me llevaran a casa, me senté debajo de un gran árbol de manzanas que estaba escondido entre la maleza, su fruta podrida se encontraba regada a mi alrededor porque nadie nunca las recogía y no sabía si era porque la gente no solía venir por aquí debido a las leyendas o porque el manzanero tenía dueño.

Cerré los ojos y me concentré en mi respiración repitiéndome las palabras de siempre.

“Todo estará bien”

“Aguanta un poco más”

“Hazlo por Amanda”

Después de unos minutos mi mente se quedó en blanco y el silencio me tranquilizo, pude respirar cómodamente hasta que lo escuché.

Otra vez.

“Ada”

Abrí los ojos de golpe y mire en todas direcciones, no había nadie… de nuevo, no era la primera vez que me sucedía, de hecho, siempre que venía por aquí creí escuchar mi nombre, extrañamente nunca vi nada raro, quizá solo era mi imaginación… aun así me levante y cogí mi mochila que había dejado en la tierra, no necesitaba ser asesinada en medio de este lugar y que nadie encontrase mi cuerpo.

Sacudí mi ropa y di un paso al frente encontrándome con una manzana roja y grande, bastante fresca en comparación con las demás y puede ser que esta cayera hoy del árbol, mi mente volvió a trabajar y recordé que no había comido nada desde ayer, esto era un premio, Dios al fin se estaba apiadando de mí. Limpie la fruta en mi abrigo y le di una mordida, el jugo resbalo por mi boca y una gota traviesa recorrió el camino hasta mi cuello, me limpie mientras caminaba y el olor a Azufre invadió mi nariz, no era desagradable, pero era notorio, puede ser que el olor se pegara a mi cuerpo después de pasar tanto tiempo en el hospital, aunque estando ahí jamás había olido algo similar.

Me puse los auriculares y la melodía de Josh Kramer me hizo vibrar, la niebla era cada vez más espesa y tenía que cuidar por donde iba, mientras me concentraba en mis pasos levante la cabeza y casi tropiezo cuando lo vi.

Una gran silueta, que más bien era una sombra enorme entre la blanca bruma, pude sentir como me observaba, pero era imposible ver de quien se trataba con claridad, es decir, era todo oscuridad y yo… no lo recuerdo porque lo siguiente que observe fue mi casa, el porche estaba ante mis ojos y creí que estaba volviéndome loca, en especial por que la canción que estaba escuchando iba en el minuto dos.

Respire profundo y pensé, mire la manzana y la idea de que tuviera alguna sustancia extraña me hizo sentir más tranquila, cuando estuve en casa deseche la fruta y tome un vaso de agua, me olvide de lo ocurrido cuando tuve que ir al hospital porque mi madre estaría trabajando doble turno, Amanda necesitaba que estuviera ahí, tome mi copia de la venus de las pieles, mis audífonos viejos y salí corriendo, la neblina no mejoraba y el frio me ponía la piel de gallina, cuando vi el edificio en donde vivía mi hermana mejor conocido como el departamento de oncología agilice mi paso para entrar.

-Hola Mary.- salude a la enfermera que se encargaba únicamente de admitir pacientes.

-¡Ada, hola! Tu hermana no deja de preguntar por ti.

-Lo siento, tuve que encargarme de algo antes de venir, ¿ella está bien?.- el miedo invadió mis entrañas y tuve que obligarme a escuchar a Mary y no salir corriendo a la habitación de Amanda.

-Si, parece estar mejorando, quizá pronto recibamos buenas noticias.- sus cejas se alzaron cuando una sonrisa apareció en su rostro y le devolví el gesto, lo deseaba con todas mis fuerzas… la salud de mi hermana.

Me despedí y continue mi camino a su habitación, me asome para saludarla y la encontré dormida decidí dejarla descansar y cerré la puerta con mucho cuidado, me senté en las sillas afuera de la habitación que eran especiales para familiares y me sumergí en mi libro mientras escuchaba Toshifumi Hinata y fue por eso por lo que no note la presencia de un extraño.

Una ráfaga de frio me erizo la piel y los huesos se me helaron, me dolía el cuerpo y un extraño sentimiento de ansiedad se quedó bailando en mi pecho.

Cerré los ojos y ese olor familiar volvió.

“Azufre”

-¿Frio?

Un hombre que nunca había visto se sentó a mi lado en la sala de espera del hospital.

-Si… un poco.- gire la cabeza y me encontré con su extraña belleza, un hombre joven con unos pantalones de traje y una camisa blanca desabotonada tres espacios, tenía rasgos finos y al mismo tiempo agresivos, sus cejas pobladas estaban bien peinadas, los labios medianamente carnosos y sus ojos redondos y finos dándole un aire de elegancia natural, sus manos estaban sobre su regazo y me miraba con una sonrisa ladina.

-¿Necesitas calor?

“¿Qué?”

-No. Gracias…

-¿La amas?.- No titubeo ni un poco, dando por hecho que lo entendía.

-¿Disculpa?.- me quite los audífonos y cerré mi libro.

-Te he visto algunas veces por aquí, visitas a la chica de la habitación 663.- señalo con la cabeza el lugar donde dormía Amanda.

¿Era un acosador? No parecía ser peligroso, y tampoco le tuve miedo, por más extraño que me pareciera.

-Es mi hermana. Y si, la amo.

-¿Está gravemente enferma?

-Cáncer.- respondí tajantemente porque no tenía la energía para explicarlo todo.

Se quedo pensativo por un momento.

-¿Te gustaría que se recuperara?

-Daria lo que fuera…- hable antes de pensarlo, pero era verdad, Amanda llevaba toda una vida luchando por sobrevivir, era mayor que yo y muchas veces me hablo de lo que le gustaría hacer, quería estudiar medicina y salvar a pacientes como ella, quería ayudar, tenía un alma altruista.

-¿De verdad?.- pregunto con sincera curiosidad y me perdí en sus ojos grises con matices violetas, supongo que tenía una deformidad genética, era imposible tener los ojos de ese color.

-¿Qué?

-¿Darías lo que fuera? ¿Incluso… tu vida?

Abrí la boca para hablar, pero las palabras que luchaban por salir se atoraron en mi garganta. ¿Lo haría? ¿Daría mi vida a cambio de la salud de Amanda?

Mis ojos pasearon hasta la ventana de su habitación, su cuerpo débil conectado a las maquinas que la ayudaban a seguir con vida, su piel pálida y las ojeras en sus ojos me estrujaron el corazón.

-Si, incluso mi vida.- respondí cuando me encontré de nuevo con la mirada del extraño y hermoso hombre.

Sonrió ampliamente y se levantó, era más alto de lo que aparentaba y tenía buena musculatura, me avergoncé de sentirme atraída por él, pero no era la única, cuando unas mujeres pasaron a su lado no dejaron de mirarlo indiscretamente.

-Te vere pronto… Ada.

No logre responder cuando desapareció, pensé que mis ojos se equivocaron y cuando analice la situación, era todo extraño.

¿Cómo sabia mi nombre? ¿Quién era él? ¿Por qué estaba aquí? ¿De que iban todas esas preguntas extrañas?

Mas tarde le preguntaría a Mary si lo conocía, puede que sea familiar de alguno de los pacientes.

Escuché la voz de Amanda llamando mi nombre y sacudí la cabeza para olvidar lo que acababa de suceder.

-Ya voy…- respondí dando un último vistazo al pasillo en donde desapareció el hombre misterioso.

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