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Portada de la novela Osiris

Osiris

Bajo el gélido brillo lunar, una entidad inhumana emerge de la oscuridad para desatar el pavor. Un individuo de mirada gris y gabardina manchada de sangre me acosa, proyectando una esencia demoníaca que perturba mi mente. Aunque el miedo me domina, sujeto mis dagas con inseguridad frente a su imponente espada negra. Su voz, carente de calidez, sentencia mi destino como su presa. En este duelo desigual, sobrevivir parece imposible ante tal poder.
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Capítulo 1

El cielo y el infierno están divididos por naturaleza, el cielo está lleno de seres misericordiosos y en el infierno habitan los crueles inhumanos, pero ¿Es realmente así?Uriel y Astaroth. Los demonios más poderosos del inframundo poseían un poder inigualable, sus deseos de destrucción eran incontrolables.Pero el cielo se apiadó de los humanos.El arcángel Atenea había descendido del cielo con un único propósito: proteger a la humanidad de los deseos del inframundo.Su solo presencia hacía temblar a los demonios de bajo nivel, no era así con Uriel y Astaroth, los cuales hicieron mil intentos con tal de engañar a Atenea y abrir las puertas del infierno.Pasaron mil años, y sus intentos nunca dieron resultados, pues el poder de Atenea igualaba incluso los poderes de Lucífero.Los demonios se rindieron, pero Astaroth siguió visitando al arcángel en el límite del infierno. Aquella frontera que dividía el inframundo de la tierra: las rejas de ecosia.Astaroth tenía curiosidad por Atenea, ese ser a simple vista era perfecto, pero no demostraba emoción alguna, no mostraba misericordia o gracia como lo hacían ver los humanos.---¿Eres un ángel o un demonio? ---le había preguntado Astaroth con curiosidad, pues aquel ángel con forma de humana estaba manchado en sangre.---Veo que no hablas mucho ---volvió hablar al no tener respuesta. Los cadáveres humanos estaban apilados alrededor de la puerta, eran seres banales guiados por su hermano Uriel en otro de sus fallidos intentos.Los siglos pasaron y Astaroth siguió visitando al ángel, le hablaba como si dicha mujer había sido enviada solo para escucharlo.---Uriel solo se la pasa regañándome ¿Sabes? Es tan molesto, es el más fuerte de los dos así que solo tengo que guardar silencio o moriré---Astaroth solo había dicho "morir" como expresión, ya que él sabía que no podría hacerlo, no aunque lo deseara; nunca pensó escuchar tales palabras provenientes de esa mujer.---Solo yo poseo el poder de acabar con la existencia de un demonio ---- Astaroth abrió los ojos y su boca con asombro. La voz de la mujer esa suave y cálida, pero firme y tenebrosa. Había perdido la noción del tiempo, ¿Cuantas décadas habían pasado ya? ¡Esta mujer nunca había hecho siquiera un ruido! Sonrió por el pequeño logro que había conseguido, no dejaría pasar esa oportunidad.----¿Puedes matarme? ---le pregunto a la mujer con mirada sincera.Astaroth era un demonio antiguo, había vivido tanto tiempo que su existencia era de por sí abrumadora. Espero por unos segundos, pero la respuesta nunca llegó, así que sonrió con gracia, no podía esperar mucho.---¿La vida es tan mala? --- hablo el ángel haciendo sobresaltar a Astaroth.Él lo pensó antes de responder.---Yo no tengo una vida---dijo mirando hasta el interior del inframundo, esa era la vista que él tenía, y que tendría siempre.---¿Que es una vida? ---pregunto de nuevo el ángel. La vista de Atenea se enfocaba en el hermoso cielo que había creado su padre.Astaroth no sabía cómo responder a esa pregunta, así que dijo lo primero que se le vino a la mente:---Tener una familia y ser feliz, supongo que esa es una buena vida.El silencio reino entre ellos, pero no era un silencio incómodo. Astaroth estaba acostumbrado a solo hablar, y Atenea solo a escuchar, de alguna forma ambos se completaron.

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