
Odio Esconde En La Oscuridad
Capítulo 3
Las siguientes horas fueron un infierno borroso. El recuerdo del fuego volvía en oleadas. La imagen de la bengala volando hacia mí, el estallido de calor, el grito ahogado en mi garganta. Podía oler mi propia piel quemándose, un olor dulce y horrible que se me había metido en la nariz y no se iba. Los médicos que mis padres llamaron antes de irse de viaje de emergencia me habían sedado, pero el dolor se filtraba a través de la neblina de las drogas, un recordatorio punzante y constante en mi cara y mi pierna.
Al principio, en los primeros momentos después del accidente, mis hermanos y Rodrigo habían estado ahí.
Recuerdo a Mateo, con la cara pálida de furia, gritándole a alguien por teléfono que iba a destruir a Camila, que la haría pagar por cada lágrima que yo derramara.
Recuerdo a Leo, normalmente tan callado, trayéndome un vaso de agua con una mano temblorosa, sus ojos llenos de una preocupación que parecía real.
Y a Rodrigo... él me sostuvo la mano todo el tiempo, susurrando que todo estaría bien, que él nunca me dejaría. "Siempre juntos, ¿recuerdas, Sofi? Contra el mundo".
Sus palabras habían sido mi único ancla en medio del dolor y el caos. Me aferré a ellas, creyendo cada sílaba. Eran mi familia, mi todo. Siempre lo habían sido.
Pero ahora, el silencio en la casa era una prueba de lo rápido que las cosas podían cambiar.
El dolor en mi pierna se intensificó. Sentía una presión horrible bajo las vendas, como si algo estuviera a punto de reventar. La quemadura en mi cara palpitaba al ritmo de mi corazón acelerado. Necesitaba un médico. Necesitaba más analgésicos.
Tomé mi celular de la mesita de noche. Mis manos temblaban. Busqué el número de Mateo.
Sonó una, dos, tres veces. Finalmente contestó, pero su voz era un susurro apurado.
"¿Qué quieres, Sofía? Estoy ocupado".
"Mateo, me duele mucho. Creo que la quemadura se infectó. Necesito que llames al doctor".
Hubo un silencio. Podía escuchar voces de fondo, la voz de Camila, quejándose de forma dramática.
"Ahora no puedo, Sofi. Estamos en el hospital con Cami. Tuvo un ataque de pánico, su presión se fue al suelo. Es serio".
"¿Serio? ¡Mateo, tengo quemaduras de segundo grado! ¡Ella solo se asustó!". Mi voz se quebró por la incredulidad.
"No lo entiendes. La cancelación la está destruyendo. Es una víctima también. Aguanta un poco, ¿quieres? Ya veremos qué hacer contigo más tarde".
Y colgó.
Sin darme tiempo a responder. "Veremos qué hacer contigo". Como si yo fuera un problema, un paquete que hay que mover de un lado a otro. Miré el teléfono, incrédula.
Los comentarios aparecieron de nuevo, burlones.
[Seguidor de Camila]: Jajaja, la víctima. ¡Cami es la mejor actriz!
[Anónimo]: "Veremos qué hacer contigo". Ya empezó el desecho.
Llamé a Leo. Ni siquiera contestó. El teléfono se fue directo a buzón.
Llamé a Rodrigo.
"¿Bueno?", contestó, su voz sonaba cansada y molesta.
"Rodri, por favor... Tienen que venir. O llamar a un médico. No aguanto el dolor".
"Sofía, ya te dijimos que estamos ocupados", espetó. "Camila nos necesita. Está devastada. Toda su carrera, todo su esfuerzo, se está yendo a la basura por un estúpido accidente que tú exageraste".
"¿Que yo exageré?", repetí, sintiendo cómo se me partía el corazón. "¿Estás viendo mis vendas? ¿Estás sintiendo mi dolor?".
"Tú tienes doctores, tienes una casa, tienes todo. Ella ahora no tiene nada. Está sola. Tenemos que ser sus amigos, su apoyo. Intenta ser un poco menos egoísta, por una vez en tu vida".
La llamada terminó.
Egoísta. A mí, que les había dado todo mi cariño, toda mi lealtad. Me quedé mirando la pared, las lágrimas rodando por mi mejilla sana, picando en los bordes de la quemadura.
El dolor era insoportable. Tenía que hacer algo. Con mucho esfuerzo, me arrastré fuera de la cama. Cada movimiento era una agonía. Mi pierna vendada se sentía pesada, inútil. Me apoyé en los muebles, cojeando, hasta el baño de mi habitación.
Abrí la llave de la regadera y metí la pierna bajo el chorro de agua fría. El shock inicial fue terrible, pero luego, un alivio momentáneo recorrió mi piel. Me senté en el suelo del baño, con la ropa empapada, dejando que el agua corriera sobre la venda.
No sabía si estaba haciendo bien o mal, pero era lo único que podía hacer. Estaba sola. Completamente sola.
Mi celular vibró en el suelo. Era una notificación de Instagram. Una foto que había subido Leo.
Era una selfie de él, Mateo y Rodrigo en la sala de espera de un hospital. Los tres ponían caras de preocupación. El pie de foto decía: "Fuerza, @CamiQueen. Los verdaderos amigos nunca te abandonan. Estamos contigo en las buenas y en las malas".
Y debajo, un comentario de la propia Camila, con emojis de corazones rotos y caritas llorando: "Gracias, chicos. No sé qué haría sin ustedes. Son mis ángeles".
Ángeles.
Mis ángeles. Mis hermanos. Mi mejor amigo.
Estaban ahí, para ella. Mientras yo estaba en el suelo de mi baño, tratando de calmar un dolor insoportable por mi cuenta.
Los comentarios flotantes volvieron, más crueles que nunca, como si se alimentaran de mi desesperación.
[Streamer Fan1]: Jajajaja, "los verdaderos amigos". ¡Qué hipócritas!
[VIP User]: La otra pendeja ni se imagina que ellos mismos ayudaron a planear la "cancelación" para que Camila pudiera jugar a la víctima y tenerlos comiendo de su mano.
[Anónimo]: Mírenla, en el suelo, toda mojada y quemada. ¿Dónde quedó la princesa de los XV años?
Cerré los ojos, pero no podía escapar de las palabras. Eran la verdad. Una verdad tan horrible que me quemaba más que el fuego.
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