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Portada de la novela Obsesión y deseo

Obsesión y deseo

El disciplinado multimillonario Andy Alf ve su mundo tambalearse tras contratar a Camille, una psicóloga que busca salvar a su madre enferma. Pese a estar comprometido con una modelo, el CEO desarrolla una obsesión enfermiza por su empleada. Su relación deriva en un romance tóxico y destructivo que fractura su bienestar emocional. Entre constantes persecuciones y crisis, la pareja se verá forzada a enfrentar un destino de dolorosas e inevitables rupturas.
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Capítulo 3

Camille da dos golpes en la puerta de Andy, esta impresionada por la perfección de cada uno de los espacios que la rodean, para sus adentros sabe que la única oficina fuera de contexto al igual que ella era la suya.

La puerta se abre automáticamente, ella se queda boquiabierta al ver la oficina de su jefe, parecía un espacio de un Dios del Olimpo, pero modernizado, emanaba un olor perfecto, frente a ella se ubicaba un escritorio de un fino vidrio macizo, que solo estaba ocupado por unos cuantos documentos y una bella laptop de pantalla gigante.

Detrás del escritorio estaba de espaldas en una silla presidencial gigante, el jefe, EL CEO, solo se podía divisar su cabello sobresaliente y su mano puesta en el antebrazo, reluciendo el hermoso reloj de oro.

-Se demoro siete minutos en llegar a mi oficina Camille Ibis ¿acaso a usted no le advirtieron que la puntualidad es el lema de la empresa? - El tono de voz es bastante alto y amenazante.

-Pero si vine apenas usted me lo pidió señor- Ella ni siquiera sabía el nombre de su jefe, había sido tan despistada que escasamente sabía que quien la contrato era Martha. Y tal era el desprecio de sus compañeros que nadie le hablaba para poder captar un poco de información.

- ¿Cuántos minutos le dije que tenía para acercarse?

-Dos minutos señor

- ¿Por qué razón se tomó seis minutos en llegar a mi oficina?, si conociendo los espacios de este piso, sé que la distancia entre la suya y esta es de aproximadamente un minuto treinta segundos, le di treinta segundos más por si resbalaba o algo similar.

Camille no se esperaba escuchar esto de parte de Andy, la forma tan calculadora y fría con la que le estaba hablando le hacía dar escalofríos.

-Yo, yo lo siento señor, discúlpeme, no vuelve a suceder. -Su voz se vuelve más suave y ante los oídos de Andy, por cualquier razón resulta enternecedor.

Él se voltea frente a ella, quedando su mirada fija ante su rostro, los dos se miran embelesados, como si ya se conocieran. Ella inmediatamente se pone roja, y la vergüenza la invade, no se imaginaba que su jefe era un hombre tan joven, guapo y abrumador.

- ¡Ah, pero si es usted!, la que se tropezó conmigo y mi prometida en la calle, ya veo que su despiste es uno de sus defectos más notorios- Le dice mientras hace una mueca con su boca y esboza ironía.

La cara de Camille ahora está llena de furia, todos en esa empresa eran unos miserables, desde su jefe en adelante.

-Si soy yo, dígame para que me llama señor

-Soy Andy Alf, el CEO de la compañía para la cual usted trabaja, por si no se lo habían informado, y por si usted no se tomó la molestia de averiguarlo

-Dígame señor Alf, ¿para qué me llamaba? -Camille responde apretando los dientes evitando gritarle por su arrogancia

-Usted cometió una falta ortográfica en este informe, le hace falta una tilde, en una palabra, lo cual podría cambiar el contexto de este, esto le traería una sanción, ¿lo sabía?

Para sus adentros Camille pensaba que era el reclamo más ridículo que alguien podría hacerle en el mundo, él lo puede corregir, no era necesario todo este espectáculo.

-Lo siento señor, perdone usted mi despiste, como bien lo ha dicho es mi más grande defecto, prometo que no vuelve a pasar. -Le dice mirándolo irónicamente.

-Esta suspendida una semana sin pago, debió leer el reglamento cuando ingreso- Se levanta de su silla y se acerca para abrirle la puerta

-Pero señor- A Camille le rueda una lagrima por la mejilla cansada de todo lo que le pasa. Una semana sin pago significaría que no tendría para cubrir uno de sus gastos programados-Por favor, no me haga esto, yo necesito el dinero

Andy al acercarse más a ella, se da cuenta que a pesar de sus vestiduras es una joven muy hermosa, la piel de su rostro es tersa y libre de maquillaje, su cabello, aunque no está peinando perfectamente es brillante y ella emana un olor particular.

A el ningún empleado le había pedido rendición ante una de sus sanciones, puesto que para ninguno traía alguna consecuencia quedarse una semana sin sueldo gracias a los enormes salarios que allí recibían, ahí entendió que la chica en realidad necesitaba el dinero.

Andy cerro la puerta y le pido que se sentara, le pregunto acerca de su vida y ella le conto por encima todo lo que atravesaba, sintiendo compasión por ella, le hizo firmar un memorando, no la dejo fuera del trabajo una semana, no era un insensible como todos pensaban.

Ella sale de su oficina quince minutos después cabizbaja, se encierra nuevamente en el cuarto que le habían designado como puesto de trabajo y sigue con sus funciones sin tan siquiera decir media palabra, su frustración se hacía presente.

Después de ese momento ella no dejaba de pensar en su jefe, en lo guapo que era, en lo perfecto, y en lo “generoso” que fue con su sanción. De ahí en adelante sus trabajos eran perfectos, no quería afectar su salario que sagradamente mandaba a su madre cada que lo recibía.

Nuevamente es viernes en la noche, ella en esta ocasión tiene demasiado trabajo encomendado por Martha, las horas extras bien pagas las aprovecha para poder captar más dinero y sobrevivir en esa enorme ciudad, no hay nadie en la oficina o eso cree, así que sale de su madriguera a buscar un café. Ella ve una luz encendida y se acerca para observar que se trata de la oficina de Andy, para ella era increíble que alguien que podía delegar todo a un tercero trabajara como esclavo igual a ella.

No se da cuenta y escucha una voz por un altavoz que le habla.

-Ibis pase a mi oficina, tiene treinta segundos

Camille sale corriendo despavorida hacia los baños, luego recuerda que es su jefe quien le habla y se devuelve como si de una maratón se tratara a la oficina del CEO.

- ¿Qué hace a esta hora merodeando por aquí Ibis? Su jornada de trabajo termino hace cuatro horas y es viernes. -Le dice mientras la mira detrás de su escritorio, está sentado con la corbata floja en su pedestal.

-Señor, estoy haciendo horas extras, ya sabe necesito el dinero

-Por lo visto para usted todo es dinero- nuevamente es sarcástico

-Pues si fuera mega millonaria estaría en mi casa, o en un sitio espectacular aprovechando mil millones- Ella responde sarcásticamente igual que él.

Andy a pesar de haber demostrado que era un ogro ante los demás, le esboza una sonrisa sonando, le parece divertido lo que le acaba de decir.

-Ya ve señorita Ibis, no todos pensamos de la misma manera, yo trabajo para mi futuro patrimonio, no delego a nadie lo que puedo hacer yo. Por cierto ¿iba para la cocina a tomar café?

-Si señor, se que estoy en mi horario laboral, pero necesito una bebida, siento que voy a dormirme sobre mi escritorio, pero ya regreso, no me tomare un minuto mas sobre la hora.

Andy se queda mirándola, desde el día del informe no la deja de pensar no se explica la razón, no sabe el por qué, ella ni siquiera se acercaba al perfil de mujer que era Keyra, o cualquiera de su estrato social, ella era humilde, era sencilla, des complicada, pero muy aplicada y eficiente, durante toda esa semana la había observado desde su cámara, cada movimiento, cada segundo, cada vez que lloraba, y esa noche se había quedado intencionalmente solo por estar con ella, así fuera desde su oficina. En definitiva, era la primera vez que su razón se veía afectada y no tenía la más mínima idea de que estaba pasando con él.

-La acompaño, tomare café con usted – Se para de su escritorio y se hace a su lado

El olor que ese hombre emanaba inundo la nariz de Camille, ella se queda mirándolo, era tan parecido a un Dios, que ni siquiera podía creer que su jefe fuera tomar café con ella en la cafetería de la empresa.

Salieron juntos por el pasillo de la oficina, y sin pensarlo se encontraron juntos bebiendo café proveniente de una fina cafetera, que el intencionalmente tenía lista para su empleada, ya sabía que cuando se quedaba horas extras preparaba uno pequeño y seguía su deber. Los dos guardaron silencio, pero nunca dejaron de mirarse, ella le pide permiso y se dirige nuevamente a su oficina., Andy se queda allí, parado mirando hacia la nada, ¿Acaso que tenia de especial una mujer como Camille?... Parece que se estaba convirtiendo en una más de sus obsesiones.

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