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Portada de la novela Obligada a casarme con un rey de la mafia asesino

Obligada a casarme con un rey de la mafia asesino

El líder supremo de la mafia, un hombre cruel que manipula a los demás con una posesividad mortal, encuentra un desafío inesperado en una mujer capaz de enfrentar su carácter volátil. Mientras él rige su entorno con mano de hierro, ella se adentra en un mundo de venganza y giros fatales. ¿Podrá su influencia cambiar la oscuridad de este asesino o terminará sometida? Una decisión trascendental amenaza con destruir todo y dejar un remordimiento eterno.
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Capítulo 3

Menos mal que solo era mi hermano. Estaba todo preocupado por si me pasaba algo. Luego me fui a la cama. Me despertó el insoportable tono de mi móvil. Vi la pantalla y resultó ser Clara, mi amiga de toda la vida. Contesté con buen ánimo.

"¡Hey, mejor amiga! ¿Todo bien contigo?"

"¡Idiota! Llevo media hora llamándote, ¿sabes?"

"Relájate, amiga. ¿Qué pasa con esa agresividad? ¿Y por qué llamas tan temprano?"

"¿Temprano? ¡Anda y mira la hora, dormilona!"

Miré el reloj. Eran las 12:30 del mediodía... ¡Carajo!

"Ups, perdón. Va, dime, ¿para qué me llamaste?"

"¿Te golpeaste la cabeza o qué...?" preguntó ella con tono sarcástico.

"Claro que no, amiga."

"Entonces, ¿ni sabes en qué día estamos? ¡Me olvidaste por completo!" (se le quebraba la voz). "Hoy teníamos planeado pasar el día juntas, ¿ya lo olvidaste?"

"No te pongas dramática, estaré allá en media hora."

Colgué antes de que soltara más lágrimas.

Ya me imagino los gritos que vendrán después. Me llamó otras cinco veces, pero no contesté. Me alisté rapidito, en solo 15 minutos. Y justo cuando estaba por salir, el teléfono volvió a sonar. Revisé quién era. Se trataba de mi secretaria. Ups... olvidé por completo una reunión clave.

Le pedí, como de costumbre, que fuera ella en mi lugar, que había surgido algo urgente. Siempre nos turnábamos, o ella iba, o yo lo hacía.

Salí de mi cuarto y vi a Robin, mi hermano mayor, con los ojos fijos en su celular.

"¿Qué pasa, hermanito?", pregunté.

"¿En serio no sabes qué se conmemora hoy?" me respondió con mala cara.

¿Qué se supone que hay hoy? ¿De verdad estoy tan despistada?, pensé.

De pronto, caí en cuenta. "Sabes, ya recordé. Pero, ¿qué tiene que ver ese día con tu cara de funeral?"

"No he logrado olvidarla..."

Ay, qué sensible resulta ser mi hermano... "Tranquilo, un día de estos ella te dará otra oportunidad", le dije.

Él no respondió. Seguía pegado al teléfono.

Me fui rápido hacia el apartamento. Entré con mi copia de la llave. Clara estaba tirada en el sofá, cruzada de brazos, con cara de pocos amigos, un balde enorme de palomitas en la mano y viendo la tele.

Me acerqué a ella. "Ay, mi mejor amiga. ¡Te super extrañé!"

"Pues si tanto me extrañas, ¿por qué te olvidaste de venir?"

"La próxima, prometo que vendré más seguido. ¿Nos vamos de compras ahora?"

"¡Obvio!" gritó Clara, toda emocionada.

Después nos pusimos a charlar de mil cosas. Fuimos primero de shopping, luego a comer algo rico, al cine... y acabamos en un bar.

Estaba mega emocionada.

Claro que no podía entrar porque aún no tenía 18, pero gracias a mi secretaria conseguí una identificación falsa. Clara sí tenía 19, ella entraba sin problemas.

Aunque las dos estábamos en el mismo año académico.

Yo había terminado la secundaria antes de tiempo y prefería llevar perfil bajo. Mi papá quería que me graduara de la uni antes de los 20.

Nos pusimos a beber y bailar como si no hubiera mañana. Clara y yo éramos amigas desde que teníamos pañales. Era la única chica con quien mis padres me dejaban quedarme a dormir fuera.

Más tarde, cuando ya habíamos tenido suficiente por un día, volvimos a su departamento y dormimos juntas.

Al día siguiente, me desperté tempranísimo. Eran las 6:00 am.

Intenté levantar a Clara, pero ni modo, decía que la cabeza le daba vueltas.

Salí sola del departamento.

Mientras manejaba, vi a un minino herido que intentaba salir de la calle.

Detuve mi moto frente a una tiendita y fui caminando hasta el pequeño.

Desde cerca, se notaba que apenas podía andar. Miré a mi alrededor. Como era temprano, casi no había gente.

Lo tomé con cuidado y lo acaricié.

"Miau", se quejó bajito.

De la nada, escuché un bocinazo brutal. Me giré hacia la calle. ¡Un auto venía hacia mí como loco!

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