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Portada de la novela Obligada a amarlo

Obligada a amarlo

El poderoso Caden Howard, un magnate de la industria, se obsesiona con una joven que solo desea estudiar y cuidar de su humilde familia. Aprovechando que la madre de ella es su empleada, Caden ejecuta oscuras maniobras para acorralar a sus seres queridos y obligarla a estar con él. Atrapada en un vínculo forzado, ella luchará con firmeza para proteger su dignidad frente a este hombre arrogante, desatando un intenso duelo de voluntades y desesperación.
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Capítulo 3

━━━━━━━ ⟡ ━━━━━━━

Al día siguiente, me levanto temprano para ir a la empresa y ya estoy listo.

Ahora me encuentro sentado en la mesa del comedor con mi madre. Conversamos mientras María nos sirve el desayuno, entonces la miro de reojo porque la noto extraña, ya que ella está tratando de evitarme un poco asustada.

Mientras sigo la conversación. —… madre, la empresa va muy bien, por eso he pensado en instalar una sucursal en la ciudad de Santiago, sabes que es la segunda capital…

—Sé que la empresa siempre ha estado bien, pero vamos a hablar de otra cosa. ¿Cuándo te casarás y tendrás un hijo, a quien le dejará la empresa cuando esté viejo y muera? ¿A un desconocido, verdad?

Ella me ha interrumpido indagando sobre otro tema por el cual siempre evado porque sobre la empresa mi madre ya sabe y lo hemos discutido anteriormente.

—¡Mamá! —Enseguida, clamo con agobio. —No quiero casarme y bueno un hijo, no sé talvez, alquile un vientre.

—¿Cómo? ¡Me dices que ni siquiera quiere tener un hijo naturalmente! ¿Qué te está pasando, Caden? ¿No encuentras a alguna que sea adecuada, es eso? ¡Uno de los hombres más ricos de este país, no encuentra una mujer para su esposa, es el colmo!

Mi madre se exalta muchísimo, así lo ha hecho en otras ocasiones porque ella es muy conservadora.

Cruzo mis brazos y me quedo estático.

—¿Ya terminaste, mamá? —pregunto siguiendo con esta conversación que me atormenta.

Mi madre, Antonia Pérez, es una mujer de carácter fuerte y últimamente me está agobiando demasiado con el tema de tener una esposa e hijo.

—Espero, que me des una respuesta… Caden. —Ella sigue firme como nunca lo había estado.

—¡Madre! ¡No encuentro una mujer adecuada, todas se me brindan fácilmente!

Finalmente, le grito sobre mi intimidad y lo que en realidad sucede.

—¡Ah, es eso!, pues busca una difícil entonces.

Mi madre responde esto como si fuera tan fácil para mí.

—No la encuentro aún, “ma”. —respondo sintiéndome fatigado, entonces no la miro a los ojos y me angustio muchísimo.

—¡Pues no te tarde en encontrarla, que ya vas a tener 30 años sin esposa y sin hijos! —Me recrimina con dureza, pues ella es muy fuerte de carácter y lucha incansablemente por lo que quiere lograr no siendo yo la excepción.

—No es tan fácil“ma”. —Me levanto de pronto para huir de este fuerte agobio y me poso frente a ella—. Ya voy a la empresa.

—Adiós. Te quiero, hijo.

Ella me extiende sus manos para que acerque y abrazarme, entonces también la abrazo.

—Y yo a ti, mamá gruñona.—digo y le doy un beso en la mejilla.

Me marcho de ahí sintiendo liberación y por eso me refugio en la empresa.

Más tarde

Estoy sentado en la oficina, pensado en la conversación que sostuve con María con mi mano en la barbilla.

De pronto el detective entra para darme algún detalle de la encomienda que le di ayer.

Nos saludamos y él se sienta frente a mi mientras saca algo de los bolsillos de su camisa.

—Señor Caden, tengo algo para usted.

—Sí, dime ya Álvaro, sabes que espero ansioso.

—Esta mañana estaba frente a su residencia y después que se marchó la señora María vi a la muchacha, entonces les tomé fotos, pero solo salió a sacar la basura y no la volví a ver más.

—¡Déjame ver esas fotos, ya hombre! —exclamo muy impaciente tratando de mirar mientras él la mantiene en sus manos.

—¡Mírela, la verdad que es un bombón, la muchachita! —él clama de emoción cediéndome las fotografías.

Lo regaño con la mirada.

—¡Eh, eh, cuidado Álvaro!—le grito mientras tomo las fotos de sus manos.

Él me entrega las fotos de inmediato. —Tranquilo, es la verdad.

Me detengo a ver todas perdiendo la mirada en cada una de ellas.

—¡Wau-o! Si es cierto ¡U mm! —clamo totalmente emocionado—. Sigue averiguando cosas, ok… Por ejemplo, cómo viven y si pagan alquiler o no.

—Sí, señor, Caden.

Él se levanta y marcha de inmediato.

Mientras yo quedo pensando cosas mirando las fotos. << ¡Wau! ¡Princesa, ojalá seas virgen, porque va a cumplir mi hermosa fantasía cuando te tenga! ¡Ay-y! Todavía no sé nada de ti y me pones así.>> Quedo delirando solo por ver sus fotografías, y me pregunto si será así cuando la mire personalmente.

Tiempo después, llega la hora de marcharme de la empresa y sigo con este delirio metido en mi cabeza.

━━━━━━━ ⟡ ━━━━━━━

Al día siguiente

Me encuentro en la oficina a primeras horas esperando por más noticias del detective.

Ya no me interesan más las mujeres que frecuento desde que esa fantasía entro a mi cabeza, ahora mi interés es con esa jovencita que he conocido por las fotos que me entregó Álvaro.

—¡Oh, que extraño Caden, que no ha entrado una mujer a tu oficina! —clama mi amigo Marcus en cuanto entra a mi oficina y prosigue a hablar. —Ayer te vi, hablaste con tu detective y no pudimos conversar sobre esto.

Decido confesarle lo que me mantiene ocupado ahora.

—Sabes la noche anterior me enteré de algo y es que una de mis sirvientas tiene una hija, pero nunca habló de ella en mi presencia, y tengo la sensación… Es más, estoy seguro de que no quería que supiera… —Busco las fotografías en un cajón del escritorio y se la muestro con gran entusiasmo— ¡Mira las fotos, es una princesa!

—¡Caden! ¡¿Tú estás investigando a esa jovencita?! —expresa indagando muy asombrado.

—Por supuesto, desde que me enteré de ella mande a mi detective a investigar todo de esa familia, y principalmente de la muchacha.

—¿Y si no es virgen? —pregunta él astutamente.

—Por eso mandé a investigar y lo que quiero es que ella no tenga novio, para que sea más fácil acercarme.

En este momento entra mi detective.

—Señor, excúseme, no sabía que…

Estando muy ansioso le hago seña para que prosiga.

—Está bien Álvaro, lo que me vayas a decir lo puedes hablar sin problemas delante de Marcus.

Mi amigo está atento a lo que dirá igual que yo.

—Bien, señor Caden. Escuche, ellos pagan alquiler y a veces se retrasan. Ya hablé con el dueño del edificio; además la jovencita dicen que es muy respetada y tiene un carácter fuerte, los hombres como que le temen o algo así me dijeron.

Él me dice esto mientras está de pie.

—Ok, siéntate. Pero y lo más importante es saber si… ¿Tiene novio?

Él se acomoda al lado Marcus en la otra silla y prosigue a responder.

—No, nunca le han conocido novio, eso me lo aseguraron, señor Caden.

Me entra una sensación de haber encontrado lo que busco, entonces me sale una sonrisa mientras tengo mis manos juntas en el escritorio.

—Bueno, ya no sigas investigando, creo que ya tengo suficientes datos. Te daré el cheque enseguida.

—Gracias, señor Caden, pero si sé algo más le diré.

—No creo que sea necesario Álvaro, pero gracias. —digo mientras firmo la cantidad de dinero acordada.

Mi detective se retira enseguida, le he entregado el cheque.

—¿Qué vas a hacer ahora? ¿Qué te trae entre mano con esa joven?

Marcus me agobia con preguntas en cuanto él ha cerrado la puerta.

—¿Qué voy a hacer? Pues tratar de que la señora María la lleve a la mansión. Si no es así, tomaré medidas drásticas y sospecho tendré que tomarlas porque conociéndola tan bien ella no lo va a hacer.

—¿Sería capaz de hacer qué, Caden?

—Lo que sea que tenga que hacer, ok, Marcus.

Él sigue agobiándome con sus indagaciones, pero yo solo atino a responder con serenidad, ya que lo más importante es centrarme en esa joven.

━━━━━━━ ⟡ ━━━━━━━

Transcurre el tiempo

Llego a la mansión y cuando ella me recibe decido poner mi plan en marcha siendo severo con ella.

—¡Traiga a su hija para que trabaje aquí! —enseguida le demando a María mientras ella toma mi saco de mi mano.

—¿Y por qué me lo pide así, de esa forma? ¡Jamás…! ¡Escuche bien, la verás!

Ella también se altera al mirar mi actitud y no la culpo porque me gana la ansiedad.

—¡Ah! —clamo confirmando mi sospecha—. Ya sabía yo que era eso, que no quería que la conociera… Tranquila, solo le sugerí. —respondo cambiando mi actitud, siendo sereno.

Lo que ella no sabe es que la mandé a investigar y ya he visto a su hija en fotos.

—Bueno, ya me marcho, señor. Ya es la hora. —expresa con rectitud y su mirada me regaña como una madre.

—Bien, María. Descanse. — respondo mirando su gran preocupación, peo lo siento, no voy a desistir sobre esto.

Prosigo a subir las escaleras hasta mi habitación, pero estos pensamientos sobre esta fantasía no salen de mi cabeza.

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