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Portada de la novela Nunca más seré tuya

Nunca más seré tuya

Camila creció bajo el amparo de Ryan, albergando el deseo de que su relación se convirtiera en amor. Al llegar a los veinte años, su corazón se rompe cuando él declara que solo la ve como a una pequeña y que su único amor es Olivia. Decidida a sanar, ella se marcha, sumiendo a Ryan en la desesperación. Años después, justo antes de que ella camine hacia el altar con otro hombre, él reaparece suplicando perdón, pero Camila elige su nueva felicidad.
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Capítulo 2

La espalda de Camila se tensó y, tras un prolongado momento de inmovilidad, se dio la vuelta con lentitud.

Ryan acababa de salir de la ducha y aún gotaba agua de su cabello. Aunque llevaba ropa sencilla, color gris oscuro, se veía tan elegante como siempre. Sin esa expresión severa que solía tener, bien podría ser el hombre ideal de cualquiera.

Camila apretó los labios y desvió la mirada, para no hacer contacto visual.

Olivia alternó su mirada entre ambos, para luego lanzarle a Ryan una mirada de reproche antes de enlazar su brazo con el de él. "¿Por qué te muestras tan brusco? Camila acaba de despertarse. ¿Quién no amanece de mal humor? Aparte, tú tampoco eres un angelito que digamos".

Aunque la estaba regañando, usó un tono juguetón que restaba importancia a sus palabras.

Camila se puso pálida y no pudo sacudirse la sensación de ser una intrusa allí.

El humor de Ryan no había mejorado del todo, pero la tensión en la estancia disminuyó un poco. Le dio unas ligeras palmaditas en el hombro a Olivia, en un gesto de consuelo, y luego observó a Camila con seriedad. "Ven conmigo al estudio".

Sin decir nada, la joven lo siguió.

Olivia habló a sus espaldas con el ceño fruncido por preocupación. "Puede que seas su tío, pero no hace falta que seas tan duro con ella. Por una vez, intenta hablarle con amabilidad".

Camila murmuró algo entre dientes, con sarcasmo. Todavía ni se casaban y Olivia ya se sentía la dueña de la casa.

Distraída por sus pensamientos, no se percató de que Ryan se había detenido hasta que chocó contra él. El impacto le produjo un leve hormigueo en la nariz.

"¿En qué estás pensando que te tiene tan ausente?".

La voz profunda de Ryan la envolvió. Camila alzó la vista y se encontró con sus fríos ojos clavados en los suyos.

Casi sin pensarlo, replicó: "¿Acaso no lo sabes?".

Ya fuera un último destello de esperanza o simple curiosidad por su reacción, las palabras se le escaparon.

Ryan frunció aún más el ceño. La contempló durante un largo y silencioso instante antes de hablar: "Camila, ya te he advertido que no alimentes ideas equivocadas. Estás a punto de graduarte y me aseguraré de que encuentres un novio adecuado, pero eso nunca será conmigo. Soy tu tío, y pronto Olivia será mi mujer. Tienes que respetarla igual que a mí. ¿Lo entiendes?".

Era la primera vez que Camila lo oía hablar con tanta crudeza.

No solo no correspondía sus sentimientos, sino que además estaba decidido a organizar su futuro con otra persona.

Eso coincidía con lo que Kyson le había dicho.

¿Qué estaba esperando ella?

¿No era ella quien había intentado dejar todo eso atrás ya?

Camila exhaló lentamente, dándose cuenta de que soltar no era tan difícil como había imaginado.

Asintió. "Lo entiendo, tío Ryan".

El hombre enarcó las cejas, sorprendido por la rapidez con que aceptaba sus palabras.

Por lo general, solo se dirigía a él con tal formalidad cuando quería que la perdonara después de haber armado algún lío, y siempre le llevaba la contraria.

Convencido de que por fin había entendido, Ryan suavizó el gesto. "Mira, Olivia se está esforzando por ser amable contigo. Incluso ha preparado el desayuno esta mañana. Intenta no ser tan fría con ella, ¿de acuerdo?".

Camila no pudo evitar pensar que, aunque Olivia no hubiera cocinado, Ryan lo habría hecho. Además, la comida era lo último que le importaba en ese momento. Aun así, se guardó sus reflexiones y respondió: "De acuerdo. Me llevaré bien con ella".

El cambio en su actitud dejó a Ryan intranquilo. La observó un buen rato, como si buscara algo más que decir, antes de preguntar: "¿Por qué no apareciste anoche?".

Ayer había sido su vigésimo octavo cumpleaños. Camila había ido al club, pero no había entrado en la sala privada.

Mientras lo reflexionaba, respondió en voz baja: "Hubo un seminario en la universidad que se alargó. Estaba agotada, así que vine directa a casa. Feliz cumpleaños, tío Ryan".

Lo único que deseaba ahora era cerrar asuntos pendientes y seguir adelante en silencio, así que no veía motivo para demorarse ni dar más explicaciones.

Ryan asintió. Tras vacilar un momento, extendió la mano y le acarició suavemente la cabeza. "Si alguna vez necesitas hablar, puedes acudir a mí. No te guardes las cosas dentro. Anda, ve a comer algo".

Camila nunca había imaginado que terminaría en una situación así: sentada a desayunar con el hombre al que amaba, compartiendo la comida preparada por la mujer a la que él amaba.

Consideró brevemente excusarse, pero comprendió que si de verdad estaba dispuesta a dejarlo ir, podía soportar escenas como esa.

Además, pronto se iría de la ciudad.

Cuando terminaron el desayuno, Ryan subió a cambiarse de ropa.

Camila planeaba volver a su habitación para hacer la maleta. Más tarde tenía que reunirse con su tutor en la universidad para hablar sobre sus prácticas en Aslesall.

"Camila".

La voz la hizo detenerse en seco.

Se volvió y vio a Olivia en la puerta de la cocina. Llevaba puestos guantes de goma y se apoyaba en el marco con una elegancia natural: la imagen misma de una mujer al mando.

Camila sintió un nudo en la garganta, pero mantuvo el rostro impasible al preguntar: "¿Qué pasa?".

"Nada urgente, solo quería platicar contigo". Olivia esbozó una dulce sonrisa, aunque sus ojos no transmitían calidez alguna. "He oído que siempre has destacado en los estudios, incluso que te saltaste algún curso, ¿verdad? Ahora que la graduación está a la vuelta de la esquina, ¿ya has elegido dónde harás las prácticas?".

Sus palabras sonaban amables, pero Camila percibió que buscaba información.

Con una sonrisa educada pero vacía, respondió: "No creo que eso sea asunto tuyo".

En un principio, Ryan había dispuesto que hiciera las prácticas en una empresa del Grupo Owen. La idea la había entusiasmado; se había imaginado trabajando codo con codo con él. Pero ahora nada de eso parecía importar.

El rostro de Olivia se crispó un instante antes de forzar otra sonrisa. "Solo quería saber de ti. Después de todo, Ryan es un hombre, y hay muchas cosas de las que quizá no se sienta cómodo hablando contigo".

Camila estuvo a punto de decirle que ella siempre le contaba todo a Ryan. Pero entonces recordó que el corazón de ese hombre pertenecía a Olivia, no a ella. No tenía sentido discutir.

"Lo comprendo", respondió con tono neutro.

Olivia parpadeó, sorprendida por la falta de resistencia. Tras dudar un momento, ofreció: "Ya eres mayorcita. ¿No te sientes incómoda viviendo con Ryan? Quizá deberías venir a quedarte conmigo. Me haría mucha ilusión tener tu compañía".

Camila había oído montones de historias sobre vidas amorosas complicadas y visto suficientes dramas románticos plagados de mentiras y maquinaciones. Antes pensaba que eran exageraciones, pero ahora veía que la realidad era igual. Olivia no la invitaba por amabilidad; solo quería sacarla de la vida de Ryan.

Sintió otra vez ese nudo en la garganta, como una espina clavada. Incapaz de contenerse, dio un paso al frente y clavó la mirada en Olivia. "¿Debería estar agradecida por tu amabilidad?".

Algo en la mirada firme de Camila pareció inquietar a Olivia. Esta retrocedió un paso, azorada. "No hace falta".

De repente, sus ojos se desviaron por encima del hombro de Camila. Suavizó la voz. "Camila, no deberías preocuparte de que te quite a Ryan... Yo...".

No terminó la frase. Tropezó con el escalón de la puerta y se fue para atrás, cayendo al suelo.

Camila se movió por instinto para ayudarla, pero antes de que pudiera reaccionar, alguien la apartó con brusquedad, con tanta fuerza que la hizo chocar contra la esquina de la mesa.

Ryan la fulminó con la mirada. Su expresión era gélida y estaba plagada de decepción. "¡Camila, entre más creces, más cruel te vuelves!".

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