Portada de la novela Nunca juegues con el diablo

Nunca juegues con el diablo

9.6 / 10.0
En Nunca juegues con el diablo, un romance se torna en guerra profesional. Tras un mes de pasión, ella enfrenta a su amante por la dirección del bufete. En esta novela de romance y ambición entre multimillonarios, solo uno ganará el contrato. Lee libros gratis online y descubre quién vencerá.
Resumen de Nunca juegues con el diablo
Lo que inició como un romance intenso de un mes se convierte en una pesadilla profesional. Mi antiguo amante regresa como el heredero del bufete y mi principal rival por la dirección general. El control de la firma depende de un contrato millonario, y aquel hombre tierno ahora es un competidor gélido y despiadado. Pese a la atracción que aún despierta en mí, no permitiré que su juego de seducción me venza. En esta batalla de ambición, lo daré todo por ganar.
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Nunca juegues con el diablo Capítulo 1

Estoy sentada en la barra esperando a mi amiga. Cada sábado quedamos para contarnos como nos ha ido la semana, es una especie de ritual en el que ponemos a parir nuestros trabajos y por encima de eso, a nuestros Jefes.

Amelia llega quitándose la chaqueta, la deja en una de las sillas vacías y se sienta  a mi lado.

- Nueva York da asco - Sentencia enfadada - Es imposible moverte en coche sin pillar un atasco.

Tiene razón. Todo está lleno de coches y taxis, pero es el precio a pagar por vivir aquí. A mi me encanta y si puedo elegir, suelo ir andando a los sitios. A veces he caminado durante más de una hora. Si quieres ser una chica Neoyorquina verdadera, siempre llevarás en el bolso unos zapatos planos.

- Tómate una Copa de vino - sugiero para que se relaje - ¿como te ha ido el día?

Resopla agobiada.

- Ha sido un día de locos, Eda, te lo juro.

Antes de que pueda  contestar su teléfono suena. Lo saca del bolso y mira la pantalla. Antes de descolgar estira el brazo y se bebe mi Copa de vino sin respirar. Contengo la risa porque la pobre ha tenido un día malísimo.

Despues de hablar unos minutos por teléfono, cierra los ojos un instante.

- Tengo que irme, hay algún problema con el caso que tengo que presentar el lunes.

Es nuestro día. Nunca faltamos en nuestro día.

- ¿No puede solucionarlo otro, Mely? - Suplico. Pongo hasta cara de pena.

Se cuelga el bolso y se levanta.

- Lo siento cariño, es imposible. Nos vemos mañana y seguimos ¿vale?

Nos conocemos desde el colegio. Hemos compartido cada acontecimiento alegre o triste, pero es cierto que cada vez estamos más ocupadas. Las dos trabajamos en los dos bufetes de abogados más importantes de la ciudad y trabajamos más de sesenta horas semanales. Nos queda poco tiempo para quedar.

- Está bien, tranquila. Espero que puedas solucionar el problema.

- Te quiero - Dice antes de irse.

Me quedo sola en la barra y le pido otra Copa al camarero.

A mi lado se sienta un hombre. Tengo que mirarlo dos veces para verlo bien. Lleva una camisa apretada que marca todos y cada uno de sus músculos. El pelo negro peinado hacia atrás y una barba cortada milimetricamente.

- ¿Te gusta lo que ves? - Pregunta descaradamente.

Muy bien Eda, te ha pillado. Has pasado de ser una abogada que se está haciendo un nombre, a una chica que babea con el primer hombre guapo con el que se cruza.

- Bueno, no es nada del otro mundo.

Su risa baja y grave rompe todos y cada uno de mis esquemas. Resuena en mi estómago como el bajo de una canción metalera.

- Me llamo Alaric, encantado.

Tiende la mano hacia mi y por primera vez me fijo en sus ojos verdes y sus pestañas negras.

- Mi nombre es Eda.

- ¿Eda? Es muy poco común.

Si, lo se. Mi madre era una hippy a la que no le gustaba lo convencional. Cuando fui lo suficientemente mayor se compró una caravana y se fué con mi padre todo un año a ver mundo. Yo me quedé con mi abuela.

- Cosas de madres - Digo confidencialmente.

- Ya veo ¿Puedo invitarte a una Copa?

Este era un momento clave. Un momento en el que tal vez debería haber dicho no, o puede que decir si fuera la mejor decisión, el caso es que no fue solo una Copa. Fueron varias en las que no paramos de hablar.

Una cosa llevó a la otra y terminé montada en su coche camino de su hotel.

Llegamos a la puerta. Tiene la tarjeta en la mano a punto de pasarla por delante. Busco una excusa para irme, pero no encuentro ninguna. ¿Por qué debería desperdiciar esta oportunidad? ¿Cuantas veces en la vida se te insinúa un hombre como él?

Caminamos dentro y cierra la puerta despacio.

- ¿Quieres algo de beber? - Pregunta con su intensa mirada clavada en mi. Desciende poco a poco quitándome el vestido con los ojos

Me acerco despacio a él, huele a roble, a sensualidad, a fuerza. Soy una mujer moderna y este tío es el típico que si te he visto no me acuerdo, así que ¿por qué no llevar la iniciativa?

Pego mis labios a los suyos. Los saboreo, dulces y suaves. Alaric introduce su lengua despacio, pasando sus manos por mis hombros, siguiendo el camino de mi clavícula hasta la cremallera del vestido.

Coloco mis manos sobre el cuello de su camisa y le voy quitado los botones sin dejar de saborearlo. Nuestras lenguas juegan y bailan. Puedo sentir crecer su erección.

Deja caer despacio el vestido hasta el suelo. Levanto primero un pie y después otro. Alaric me levanta entre sus brazos y me lleva hasta la cama.

El juego sensual se termina en un visto y no visto. Tenemos demasiadas ganas el uno del otro, demasiada atracción. Nuestra ropa interior termina en algún  lugar de la habitación.

Jamás lo admitiré, pero es la mejor sesión de sexo que he tenido en mi vida. Me penetra desbocado, mis piernas rodean su culo exigiendo más, exigiéndolo todo de él. De pronto rodea mi rubio pelo en su muñeca y tira hacia atrás.

El tema dolor y placer es nuevo para mi, pero en cuanto siento el tirón, algo vibra en mi estómago y poco a poco baja hasta que termino en un súper orgasmo.

Después del sexo, agotados y cansados, intercambiamos un par de frases típicas y cerramos los ojos. Cada uno en un lado de la cama.

Cuando escucho su respiración tranquila durante un rato, me levanto despacio. Enciendo la linterna del móvil  y busco mi ropa. Me visto decidida a irme.

Conozco a los tíos como él. Te dedican una noche, se despiertan temprano y desaparecen igual que aparecieron y te dejan pensando meses en él, yo no soy así, soy más pragmática. Saco mi tarjeta con mi nombre y mi número de teléfono. Busco el bolígrafo dentro del bolso y escribo en el reverso.

"Gracias por una noche tan estupenda"

Me cuelgo el bolso y salgo sin hacer ruido. Mi diablesa particular ríe con risa malvada.  Seguro que has dejado a muchas mujeres solas y deprimidas y han sentido la vergüenza del día de después.

Salgo del ascensor. El hombre de recepción me mira. Levanto la barbilla y camino decidida hacia la puerta. Tengo que disimular el calor que siento en mis mejillas bajo el escrutinio de los demás.

Estoy completamente segura de que no me llamará, no volveré a ver al Dios Alaric nunca más. Dudo que nuestros caminos vuelvan a encontrarse.

No podía estar más equivocada....

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