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Portada de la novela Nunca Digas Adiós

Nunca Digas Adiós

Mary y William fingen poseer el matrimonio perfecto ante el mundo, aunque su enlace es solo un pacto corporativo. Ella aceptó casarse con el magnate para asegurar la salud de su madre, convirtiendo su vida en un frío contrato financiero. Sin embargo, la convivencia pronto despierta una pasión imprevista que amenaza con romper sus propias reglas. Lo que empezó por interés se transforma en un romance ardiente que desafía los límites de su acuerdo inicial.
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Capítulo 3

Mary llevaba preparando su entrega desde hacía dos días.

Todo iba a estar bien de nuevo una vez que se resolviera el chisme sobre la popular estrella, Victor Qiao, representante del Grupo AJ.

'Maldito seas, Víctor', pensó ella maldiciendo a la estrella. La noticia del momento era el gran titular que aparecía en cada periódico sensacionalista: "¡La nueva estrella del momento Víctor fue sorprendido con una modelo a altas horas de la noche!" ¡Con fotos y todo!

Mary estaba furiosa, pero no le quedaba otra opción que lidiar con el problema. ¿Por qué los hombres tenían que ser tan mujeriegos?

"¿Qué estás haciendo?", preguntó una voz por detrás y la sacó del ensimismamiento en el que se encontraba.

No se había dado cuenta de que alguien más estaba ahí con ella, y ante la sorpresa gritó del susto y casi se cae de la silla.

Estaba blanca como el papel y se quedó mirando al que le había hecho saltar del susto, William. "Ya podrías haber hecho algún ruido. ¡Mierda! ¡Casi me matas de un infarto!"

El hombre la miró inexpresivo, como si no entendiera por qué estaba asustada.

Mientras la chica le miraba a los ojos, podía sentir que la atmósfera a su alrededor empezaba a ponerse un poco tensa.

"Yo...yo... estaba trabajando, así que no te escuché... y..."

De pronto Mary no supo qué más decir y sonrió de manera incómoda al hombre frente a ella.

William miró los periódicos sobre la mesa con el ceño fruncido. Era Victor Qiao, ciertamente una persona muy problemática. "¿Te resulta difícil lidiar con la noticia?"

"¿Cómo?", respondió un poco perdida pues tardó unos momentos en darse cuenta de que se refería al artículo. "Es difícil, sobre todo porque la noticia es muy reciente, así que por ahora solo podemos tratar de reducir el impacto negativo".

"Bien", Este asintió con la cabeza antes de mirarla. "¿Sabes cocinar?"

"No", contestó la joven mirándole con los ojos bien abiertos. "Bueno, el contrato no especificaba que tenía que saber cocinar, así que pensé..."

Al escuchar eso, William se quedó mudo de la sorpresa. Se sentía como si se acabara de casar con una total idiota. Ella no se comportaba de esa manera en el trabajo, de hecho él pensaba que era una persona increíblemente capaz de realizar las tareas que se le encomendaban. Sacudió la cabeza mientras se preguntaba si había cometido un error al casarse con esa mujer, o si había hecho lo correcto.

"Mmmm... ¿no has comido todavía?", preguntó con incertidumbre ella.

"No, no lo he hecho", contestó William y se cruzó de brazos.

"Yo tampoco, así que ¿qué te parece si salimos a comer?"

"No", respondió el hombre terco.

"¿Qué te parece si voy a comprar algo para cocinar?", Mary decidió preguntar con cautela.

El otro resopló y no dijo nada. Mary, como subdirectora del Departamento de Relaciones Públicas, sabía muy bien cómo leer a la gente por su lenguaje corporal y sus expresiones, y si no supiera entender lo que William quería decir en ese momento entonces no podría decirse que era buena en su trabajo.

Una amplia sonrisa asomó a sus labios y le dijo: "Volveré pronto. ¿Hay algo que quieras comer en particular?"

"Cualquier cosa estará bien", respondió cortante.

"Está bien, voy a comprar", dijo la chica antes de cambiarse de ropa y correr al supermercado.

En cuanto ella salió por la puerta, él se dirigió tranquilamente al baño.

Mary se quejó durante todo el camino al supermercado pues no tenía ni idea de lo que iba a comprar. 'El problema no es que no tenga ingredientes para cocinar, ¡el problema es que no sé qué hacer con ellos o cómo cocinarlos! ¿Qué diablos voy a hacer ahora?'

Todo era culpa de William, pues le tenía tanto miedo que se paralizaba y no sabía qué hacer.

Después de dar vueltas en el supermercado, terminó comprando un puñado de patatas, así que antes de regresar a casa pasó por un restaurante y compró comida bien preparada.

Cuando llegó notó que el hombre se estaba duchando y sin querer su mente empezó a volar, a imaginarse el cuerpo musculoso de este, los músculos de bronce mezclados con el aire húmedo y las gotas de agua...

"¡Mierda!", Mary se regañó a sí misma. ¡Este no era el momento para pensar en él!

Inmediatamente se dispuso a pelar y cortar las patatas. Acomodó todos los platos en la mesa y esperó a que William saliera de la ducha. Al ver la mesa puesta, los platos ordenados y todo tan bien dispuesto, la joven se sintió casi como en casa.

Una sensación de ternura le invadió el corazón mientras observaba todo lo que había hecho.

"¿Está lista la cena?", William preguntó al salir del baño mientras se frotaba la nuca.

"Sí", Ella se dio la vuelta y respondió.

Los dos se quedaron mirando uno al otro y ella no pudo evitar posar los ojos en la bata que poco disimulaba su musculosa figura. A pesar que la bata de baño era de la talla correcta, poco podía hacer para cubrir el cuerpo tan bien esculpido del hombre. 'Mierda', pensó, sacudiendo la cabeza.

"La cena está lista".

El joven arrugó la nariz mientras miraba los platos sobre la mesa. "¿De qué restaurante has traído estos platos? ¿No dijiste que comprarías algo para cocinar?", preguntó de manera exigente.

"Ya era demasiado tarde para cocinar, además, hice esas papas ralladas", dijo Mary con cuidado mientras señalaba el único plato que había preparado. Se sentía como si estuviera presentando un informe a su jefe y el sudor empezaba a correr por su frente, y para alivio de ella, William no pronunció otra palabra.

Se acercó a la mesa, se sentó y ambos empezaron a comer.

El chef del restaurante donde había comprado la comida era muy bueno.

¡El filete de pescado agridulce era el mejor que había probado en su vida!

Los dos comieron tranquilamente y el único sonido que se podía escuchar en la habitación era el de sus cuencos y palillos chocando unos contra otros. Sin embargo, William solo estaba comiendo las papas ralladas que ella había preparado mientras que Mary comía todo lo demás.

"Las patatas te han salido muy bien", le felicitó.

"Gracias", ella le respondió con una tímida sonrisa en el rostro. 'Eso es lo único que sé cocinar, así que sería el colmo que no supiera hacerlo bien', pensó.

"Tú..." él empezó a hablar pero se detuvo porque lo que iba a decir es que ella tenía un apetito gigantesco.

"¿Qué?", Ella levantó la cabeza.

"Nada." William negó con la cabeza pues había decidido mejor tragarse sus palabras.

"Bien..." Mary guardó silencio durante un rato antes de decir: "De hecho, quería preguntarte algo".

"Dime," contestó él a la ligera.

"¿Por qué me pediste que me casara contigo? Sé que este no es un matrimonio por amor, sino un contrato, pero necesito saber la razón. Y no me vengas con esa mierda de 'ocúpate de tus propios asuntos', pues merezco saber los motivos detrás de esta decisión. ¿Me lo puedes decir?"

Al escuchar la pregunta el rostro del hombre se oscureció. Después de un largo rato, dijo: "Es porque tú no me traerás ningún problema".

"Mmm...", empezó la chica mientras hacía una mueca con la boca. "No lo entiendo".

"Eres soltera, bonita y necesitas mi dinero. En resumen, eres la persona que se ajusta a mis estándares", dijo con seriedad.

Esta sintió cómo una gota de sudor frío empezaba a rodar por su frente. "Gracias por sus elogios, señor Lan". Muy gentil de su parte".

"De nada", respondió el hombre mientras se limpiaba la boca para luego ponerse de pie. "Ven al estudio una vez que hayas terminado de limpiar".

"Está bien", Mary asintió pensando con amargura: 'No sólo soy su esposa legal sino que también soy su niñera'.

En el estudio William estaba leyendo los documentos que tenía en el escritorio.

Ella tocó la puerta y él le respondió:

"Adelante", y la voz varonil resonó en toda la habitación.

"Aquí estoy", dijo. "¿Qué me quieres decir?"

"Quiero anunciar nuestro matrimonio en público mañana. ¿Tienes alguna objeción?", preguntó, recostándose en su asiento.

"No", respondió ella y sacudió la cabeza mientras pensaba: 'Trabajo para ti, así que tengo que hacer lo que tú digas'.

"De ahora en adelante, somos pareja, ¿entendido?"

William extendió la mano para estrechar la de Mary, como si se tratara de sellar un acuerdo, lo que sorprendió mucho a la chica.

Se dieron la mano, como diciendo, "un placer hacer negocios con usted".

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