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Portada de la novela Nuestra Vida

Nuestra Vida

La tercera parte de esta saga pone a prueba la solidez de Brisa y Franco. Tras la aparición de turbios misterios vinculados al linaje de Franco, el vínculo afectivo que ambos defendieron termina por romperse bajo el peso de antiguos errores. Pese a que el dolor los fuerza a separarse, una revelación inesperada surge para cambiarlo todo. ¿Lograrán estas nuevas verdades sanar sus heridas y permitirles forjar el futuro juntos que tanto anhelaron?
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Capítulo 2

[BRISA]

Una semana después: 9 de julio

Ser madre ya de por si es un reto, serlo de dos bebés al mismo tiempo es aún peor, pero para mí el desafío es otro. Guardar en cajas toda una casa no es sencillo, menos cuando Atenea y Dylan se toman turnos para llorar. Mis molestias físicas han quedado atrás y posiblemente se deba a que hace meses que no siento nada.

—Brisa, ¿Por qué no dejas que me encargue de todo? —me sugiere mi hermano mientras deja a Dylan en su cuna.

—Porque me quiero ir de aquí lo más pronto posible —respondo firme y se acerca a mí.

—Huir no es la solución a los problemas —aconseja y una sarcástica sonrisa se dibuja en mis labios.

—Lo sé, pero eso es lo mejor que puedo hacer para no volverme loca y darle lo mejor de mí a mis hijos, lo siento —respondo y tan solo sigo empacando mis cosas.

German no dice nada más, solo me ayuda para que no me agache ni haga movimientos que puedan lastimarme. Se supone que debería estar descansando, aprendiendo a ser madre, y en cambio estoy buscando la forma de deshacerme de mi pasado lo más pronto posible, aunque ¿Cómo puedo hacerlo cuando mis hijos me lo recordaran siempre?

El sonido del timbre me toma por sorpresa y es mi hermano quien me mira con dudas.

—Tranquila, es solo alguien que vino a verte —me dice llevando una de sus manos a mi hombro y lo miro mientras asiento.

—¿Puedes abrir? —le pido en un susurro y asiente.

—Claro, le diré a quien sea que haya venido que no hable fuerte, no queremos que despierte a los niños —me asegura para luego salir de la habitación.

Continúo empacando los libros cuando escucho su voz a lo lejos y el libro que tenía en mi mano se cae al suelo. Miro a mis hijos para asegurarme de que aun sigan dormidos, y agradezco al cielo que sean unos bebes maravillosos que les encanta dormir como si no hubiese mañana.

“Franco, los niños duermen” escucho que le dice German, pero los pasos resuenan en el pasillo hasta que lo veo a él bajo el marco de la puerta.

Me mira desde allí y noto como analiza toda la situación. Ve a mis bebés, me mira a mí y German es quien aparece detrás suyo.

—Te dije que estaban durmiendo, que no pasaras —le reitera German, pero Franco sigue inmóvil allí.

Dejo todo a un lado y con un poco de dificultad me pongo de pie. No digo nada, solo camino hacia él, lo tomo del brazo y hago que venga conmigo hacia la sala.

—German, ¿puedes cuidar a los niños? Asegúrate de que no se despierten —le pido para que me deje sola con Franco.

—Claro, si me necesitas llámame —me pide y asiento.

Solo observo como él se aleja y luego miro a Franco quien como siempre luce impecable con su traje oscuro.

—¿Qué quieres? Hoy no te tocaba venir —cuestiono firme sin siquiera distraerme en su mirada y es que no quiero saber absolutamente nada de él.

—¿Tanta prisa tienes en marcharte de aquí que ni siquiera estas descansando? Acabas de salir del hospital —me regaña.

Lo miro con rabia y levanto mis manos para detenerlo.

—No somos nada, no te preocupes por mí, yo sé lo que hago —contesto firme y doy dos pasos hacia atrás.

Él agacha su mirada y respira profundo.

—Tienes razón —murmura—. Brisa, te quiero pedir un último favor antes de que te lleves a mis hijos lejos —me pide en un tono tan bajito que apenas lo puedo oír.

—¿Qué quieres? —inquiero indiferente ya que lo único que intento hacer últimamente es ignorarlo completamente.

—Déjame pasar esta última semana con nuestros hijos, por favor. Te los llevaras lejos y después de eso no sé cuando los volveré a ver —pronuncia y sinceramente no sé ni que pensar de esto que acaba de decir.

—Tendrías que haber pensando en todo esto antes —refuto y me doy media vuelta para ir a la cocina, y escucho sus pasos detrás de mí.

—Por favor, dormiré en el sofá, no me sentirás, solo déjame pasar estos días con ellos —insiste.

—¿Por qué debería hacerlo? No te mereces nada de mi —admito con rabia.

—Un último favor, solo eso —suplica.

—German también está aquí, asique fíjense como acomodarse —es lo único que puedo responderle y lo dejo aquí solo sin importarme lo que pase por su cabeza y es que en verdad no quiero escucharlo más, solo quiero irme lejos y ser feliz con mis hijos.

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