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Portada de la novela Una esposa para mi hermano

Una esposa para mi hermano

Daniel es un CEO viudo de 40 años que vive para sus hijos y su empresa, tras haber cerrado su corazón al amor. Su vida cambia cuando Harry, su hermano, convence a Deanna, una joven soprano de 25 años, para fingir un compromiso y evadir una norma familiar. Aunque el trato es una farsa temporal, la química entre ambos surge de forma inevitable. Pese a la diferencia de edad y los secretos que los rodean, este engaño inicial se transforma en una pasión real que los obligará a luchar contra sus miedos y enemigos.
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Capítulo 6

Una semana trabajando para los Keller ha sido todo lo que Eva ha necesitado para interesarse en ellos. Bueno, al menos no de la forma en que estos desean que ella se interese; pero eso es algo que estaría a punto de cambiar.

—¿Y por qué no existe la cura para el cáncer aún? Digo, es que ustedes los millonarios con sus inteligencias y… yo…

Baja la cabeza apenada cuando Irina se detiene en medio del camino a su oficina y le regala una mirada que ella siente es de reproche, pero lejos de serlo, solo pura intensidad.

—No eres así de preguntona con Magnus, ¿cierto?

Eva se moja los labios mientras sostiene unas carpetas contra su pecho y traga saliva. Pues la verdad es que ese hombre la intimida mucho y a veces no puede ni mirarlo a la cara. Así que prefiere mil veces estar cerca de Irina.

—No. Es tan…

No sabe qué decir y ahora que han entrado a la oficina, Irina se ha sentado con las piernas cruzadas y ha comenzado a morder su bolígrafo como su secretaria sabe que suele hacer.

—¿Caliente?

A Eva se le calientan las mejillas al mismo tiempo en que un cosquilleo le recorre la espalda  cuando su jefa tras hablar pasa su larga y delicada lengua por todo el plástico.

—Jefa…

—Solo Irina.

—Irina… ¿Puedo ir al baño un momento?

—Claro bebé, haz lo que tengas que hacer —le responde—, pero no demores porque no veo mi vida sin ti, preciosa.

Evangeline no sabe por qué está corriendo hasta el baño hasta que el agua fría toca su cara.

Ella había estado evitando su cuerpo pero esta es la tercera vez que le pasa.

Su piel y algo más reacciona cada que Magnus o Irina hacen cosas de esa forma. Esa aura sexual que los envuelven, a veces la hace pensar en que no debería simplemente sentir su taquicardia aumentar en frágiles partes.

—¿Qué te sucede, Eva? —se dice al espejo, recogiendo el cabello castaño claro largo que posee.

Su respiración se regulariza pronto y para cuando regresa al escritorio Irina no está, por lo que solo se sienta para revisar que todo esté bien con la diapositiva que el matrimonio mostrará a la junta en unos minutos.

—¿Irina? —Una mujer entra con cara triste.

Es Telma. Eva no cree que jamás pueda olvidarse de ella. No la había visto desde el primer día en que su vida dio un giro radical, y le sorprende que, siendo una especie de amante para la pareja, no los haya visto cerca de ella los últimos  días.

—Hola, ¿me recuerda? La señora Irina no…

Telma cierra la puerta con fiereza y se le acerca como saeta echa fuego, por lo que la chica se paraliza.

—¿Te lo han propuesto ya, mojigata?

—¿Qué…?

Telma la toma por los hombros y la sacude, lastimándola.

—¿Te han propuesto ser su sumisa?, ¿eso es? ¡Nadie puede reemplazarme! —casi le escupe, con ira—. No eres nadie para ellos y nunca lo serás, como lo soy yo ahora.

Los ojos de Eva se empañan de lágrimas porque no sabe qué hacer y por qué esta mujer la odia tanto.

—No he hecho nada, no…

—¡No es necesario que mientas! ¡He visto desde el primer día cómo te miran! Si no estás en su juego es solo cuestión de horas para que estés perdida.

—Yo no entiendo de qué hablas —Eva casi susurra con una lágrima corriendo en su mejilla.

—Por estúpida te harán suya y por estúpida también te dejarán. Recuerda mis palabras.

Justo cuando Telma suelta a Eva, la cual tiembla de miedo, Irina y Magnus entran para darse cuenta rápido de la situación.

—Telma, aléjate de Evangeline —le exige Irina.

—Evangeline, ¿te hizo algo malo? —Magnus la ve directo a los ojos al cuestionar, y Eva no sabe por qué pero sus lágrimas salen sin cesar, causando que el hombre se acerque rápido, apartando a Telma, para extenderle los brazos a la chica—. Mírala, mujer, está temblando.

Telma les da una mirada llena de odio y antes de irse Irina la toma por la muñeca y la arrastra hacia afuera.

—Lo siento, señor Keller.

Magnus se estremece al sentir los temblores de la chica en su pecho, aunque no son los temblores que él desea, y la aparta un poco para limpiar sus lágrimas con ambos pulgares mientras sostiene su cara inocente. Sabe que es de frágiles sentidos, lo ve en sus ojos y eso lo cautiva.

—Shhh, shhh, señorita. No tienes que disculparte, Telma es una loca que no acepta que ya no la queramos en nuestro matrimonio.

La piel de Eva se eriza al escuchar la última frase, esa que pegó con aliento de mentas en su cara.

Poco a poco Evangeline se despega de los brazos del hombre intentando no verse demasiado incómoda, y se cruza de brazos mientras ve la puerta fijamente, más calmada.

—¿Desde…?

—¿Uhm? —Magnus se ha sentado en la silla de su esposa y pretende revisar por última vez las diapositivas—, ¿dijiste algo? Puedes preguntar lo que sea ahora que esa loca te ha hecho pasar un mal rato.

La chica sonríe un poco cuando Magnus le regala una sonrisa cálida y ahoga un suspiro por esa mirada.

¿Por qué cada vez que lo ve a los ojos siente que quiere verlos en todas sus expresiones?

—¿Desde hace cuánto estaba con ustedes?

—Un año, solo un año.

—Oh wow…

—¿Qué te impresiona?

Ahora es Magnus quien está en esa silla con las piernas cruzadas mientras sus dedos juegan con el mismo bolígrafo que siempre usa su esposa, y la ve, fijamente.

—No entiendo por qué… Lo siento, lo siento, es su vida privada.

Claro que le interesa saber, pero no quiere preguntárselo a él porque sería mucho más incómodo aún.

—Solo tienes curiosidad, y sin eso muchas personas no serían grandes ahora.

—Claro... —Ella se sienta cruzando las piernas igual  mientras su pie no deja de moverse—. ¿Ella tardará mucho? Quiero mostrarles a ambos las diapo…

—No es necesario, Evangeline, las acabo de ver.

—No, es que esas no son las que…

—Cariño, ¿estás bien?, ¿esa mujer te dijo algo feo?

Irina ha llegado y con rapidez va hasta la chica para preguntarle aquello con demasiada preocupación. La examina y la ve como una madre cuando un hijo se ha lastimado. Y Eva no puede evitar sentirse bien con eso.

—No. Tranquilos.

—Bien, porque le dejé claro que no quiero verla más por esta empresa, ni cerca de ti, ¿estás bien con eso, nena?

Ante la mirada atenta del matrimonio ella sonríe, causando entonces que el tema muera, al menos por ese momento.

La alarma en el reloj de Eva vibra y esta les indica que ya es hora de la conferencia; sin embargo, recuerda que las diapositivas listas están en su laptop, no en la de Irina, ya que esas son solo borradores.

—En mi laptop están las…

Es interrumpida por un pequeño grupo de químicos que se acercan a los Keller justo al salir de la oficina, por lo que rápido toma su laptop mientras ve con nervios la otra en manos de Magnus.

Entran a la sala de conferencias y rápido Eva se dirige hasta su jefe para sin pensar verse en la intención de colocar una mano sobre la laptop; no obstante, por un rápido reflejo el hombre hace un lado el aparato, consiguiendo entonces que la mano de la chica se instale con fuerza en su bulto que rápido cosquillea.

Todos en la sala chillan ante la imagen y Eva siente que va a derretirse de vergüenza porque no sabe por qué aún no quita su mano y por qué lo sigue mirando a la cara.

—La-la… la laptop es e-sta, señor.

Tras entregarle rápido la laptop correcta solo huye ante la mirada acusadora de algunos, pero excitada de otra.

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