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Portada de la novela Una esposa para mi hermano

Una esposa para mi hermano

Daniel es un CEO viudo de 40 años que vive para sus hijos y su empresa, tras haber cerrado su corazón al amor. Su vida cambia cuando Harry, su hermano, convence a Deanna, una joven soprano de 25 años, para fingir un compromiso y evadir una norma familiar. Aunque el trato es una farsa temporal, la química entre ambos surge de forma inevitable. Pese a la diferencia de edad y los secretos que los rodean, este engaño inicial se transforma en una pasión real que los obligará a luchar contra sus miedos y enemigos.
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Capítulo 5

El hombre imponente suelta a Evangeline y esta se queda paralizada, dándose cuenta que la supuesta mujer que estaba muerta no está muerta, sino que está en perfecto estado.

—No somos una pareja asesina, linda. —Irina toma la mano de su esposo y ríe ante la ingenuidad de la chica—. De haber entrado antes a un lugar como en el que estuviste anoche, te habrías dado cuenta que solo era un juego de roles.

—¿Juego de qué…?

Eva no entiende nada, ¿cómo es que sigue viva esa mujer? ¡Ella vio el cuchillo! ¡Vio su sufrimiento! ¡Vio la sangre!

—Es actuación, para obtener satisfacción sexual.

En cuanto Telma se acerca a ella y la ve a los ojos, sabe que es tan pura como ella alguna vez lo fue.

—No entenderá nada —le dice a los Keller—. Es virgen. Y nunca ha estado más de cinco minutos en un lugar como ese.

Ante ese comentario, Eva se siente tan expuesta, que sus mejillas se ponen rojas, y eso causa una fascinación inmediata en la pareja Keller, los cuales se acercan a ella para con cautela acercarle una silla para que esta tome asiento.

—Gracias por venir Telma, te llamaremos luego... —Magnus le da una mirada rápida haciendo que esta, aunque recelosa, se vaya.

—¿Qué edad tienes? —cuestiona Irina.

Pero Eva tiene tantas cosas en qué pensar, que no consigue cómo responderle.

¿Quién rayos encuentra satisfacción sexual fingiendo que mata a alguien? ¿Por qué el mundo está tan enfermo?

—¿Quieres algo de tomar? —Magnus le extiende un vaso de agua.

Ella no ha visto cómo pero el despacho luce de repente más claro, con un aura diferente, después de que mágicamente las ventanas se abrieran, dejándola respirar.

—Lo siento —dice con algo de desconfianza—. Es que yo jamás...

—Tranquila, querida. Nuestra intención no es asustarte. Siento mucho el actuar así hace un momento, pero sabes, las paredes escuchan y debemos cuidarnos —Magnus le explica.

Eva ve desde su sitio a ambos. El hombre, Magnus, tiene el cabello castaño oscuro, se ve más joven a plena luz, ojos azules profundos, un rostro marcado como de revista, y es tan alto para ella que se siente como una niña.

Mientras que por otro lado, Irina, es una rubia de ojos cafés, con hoyuelos en sus mejillas, una figura delgada y bastante atractiva.

¡Dios!, Eva piensa, ¿de dónde sacaron a estos dos?

—Entiendo, yo... no quise causar problemas. Estoy apenada.

Lo está, siente que ha hecho el papel de estúpida e ingenua.

—Tranquila, cielo —Irina le sonríe amablemente—. Ahora dinos, estás buscando un trabajo, ¿no?

El matrimonio se desplaza de un lado a otro; mientras Irina se acerca a ella y toma el espaldar de la silla con ruedas para trasladar con cautela a Eva hasta el escritorio, Magnus se pone unos lentes para escribir en la laptop.

Y Eva no puede creer que el hombre se vea mucho más atractivo con solo unos lentes para leer.

—Sí, gracias. —Sonríe con timidez—; pero Jacky es muy positivo, realmente no tengo ninguna otra experiencia además de trabajar cortando tela en una empresa de textiles.

Magnus levanta la mirada.

—¿Hasta hace cuánto trabajaste allí?

—Hasta ayer...

—¿Renunciaste?

—¿Cómo lo supo?

Se siente apenada por ser tan directa, así que baja la mirada, a lo que el matrimonio Keller sonríe.

—Solo lo suponemos —Irina dice—. Mereces más que eso. No te conocemos, pero con solo verte no nos cabe duda que eres una buena chica, ¿verdad?

—Sí... —La verdad ella no sabe qué decirles, se siente brutalmente abrumada con ellos cerca.

—Además Jack nos ha hablado bien de ti —el ojiazul agrega—. No necesitamos a alguien especializado en nada. Solo que sea una persona responsable y dedicada.

—Sí soy... —responde con una sonrisa cuando ambos le sonríen tan amablemente.

—Estamos buscando una secretaria para ambos. Telma era la nuestra pero consiguió un trabajo mejor así que, tenemos unos días bastante ocupados y necesitamos que alguien nos ayude a organizarnos.

—Las alarmas y recordatorios en el teléfono no son suficientes —Irina opina sonriendo.

—No lo son —Eva asegura.

—Bueno, ¿Evangeline...?

—Barris.

—¿Me prestas tu documentación?

Ella con algo de nervios saca de su bolsillo sus papeles, y la mayoría cae en el suelo, por lo que Irina rápidamente se agacha para ayudarla.

Ambas se ven a los ojos por más de tres segundos y Eva no sabe por qué siente que su cuerpo se siente tan descubierto.

Eva con una sonrisa le agradece a la mujer y le entrega la documentación al hombre. Por lo que Magnus más que rápido anota sus datos terminando de redactar el documento, lo imprime y se lo entrega.

Irina se sienta sobre las piernas de su esposo, sintiéndose más ansiosa que nunca. Y Magnus lo sabe.

Ambos saben que han conseguido a una inocente y buena chica después de que Eva con una sonrisa les devuelve el documento sin siquiera detenerse a leer.

—Gracias, Eva —Irina emocionada le dice—. Sé que harás un buen trabajo.

—Gracias. —Se siente tan tímida, que no puede creerlo—. ¿Cuándo empiezo?

—Hoy mismo si así lo deseas —Magnus después de besar el hombro de su esposa le regala una mirada intensa que Eva no puede notar—. Puedo mandar a traer tus cosas si quieres ya mismo.

—¿Mis... cosas?

—Sí, Evangeline —Irina le dice—. A partir de ahora vivirás en la mansión Keller.

Eva siente los latidos de su corazón acelerarse cuando ve en cámara lenta los gestos de cariño que ambos se dan, cosa que termina cuando ambos se dan un corto beso en los labios y la miran fijamente después de ello.

—Bien, yo... ¿ahora qué hago?

—Dale tu dirección al mayordomo, ¿de acuerdo? Él te ayudará con todo —Magnus le responde.

Ante ello Eva sonríe y con un asentimiento de cabeza, como hacía con sus padres, se levanta de la silla.

—Gracias Señor y Señora Keller. Y disculpen por lo que mal interpreté.

—Descuida, cariño —Irina le guiña el ojo.

La castaña sale del despacho sintiendo que ha salido de una especie de prisión extraña, y cuando recuerda que ha dejado su cédula con ellos, se devuelve.

—He olvidado mi...

Sus palabras se atascan en su garganta cuando inesperadamente ve la imagen de Irina siendo tomada sexualmente por su esposo, allí mismo en la silla en donde...

—¡Eva!

—¡Lo siento, lo siento! —Cierra la puerta, sintiéndose tonta y completamente avergonzada.

¿Por qué siente que ese matrimonio la hará descubrir cosas que jamás ha imaginado vivir?

No lo sabe, pero tomando en cuenta la amabilidad de ambos, no tiene que preocuparse por el hecho de que se note que son demasiado liberales con el sexo, ¿o sí?

Ella solo estará allí para ser su secretaria después de todo.

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