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Portada de la novela Nuestra historia...lo que pasa entre tu y yo

Nuestra historia...lo que pasa entre tu y yo

Alan Stane, el imponente CEO de Industrias Stane, prioriza su carrera sobre cualquier romance a sus 35 años. Para evitar distracciones, decide contratar a una asistente que tenga un compromiso formal. Priscila Méndez, una joven latina de 26 años con planes de boda inminentes, busca trabajo con urgencia y parece la candidata ideal para el puesto. ¿Podrá este encuentro laboral transformar sus vidas y enseñarles el verdadero significado del amor?
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Capítulo 3

Priscila

8:00pm

Lista tocando el timbre del departamento que tengo asignado para hacer el aseo, pasa lo que no creí posible veo que abre la puerta el hombre hermoso que me entrevisto en la mañana, tiene un semblante muy triste, tengo la sensación de que su cara la he visto antes, mucho antes que hoy en la mañana, es difícil olvidar unos ojos como los de él, al parecer también está sorprendido de verme.

- Buenas noches mi nombre es Priscila y fui asignada por la Agencia DryClean para hacer el aseo en este departamento.

- Adelante Srta. Priscila creo que usted y yo ya nos conocemos.

- Usted fue el que, entrevisto en la mañana, pero como no me dijo su nombre no caí en cuenta que estaría esta noche aquí.

- Me disculpo, mi nombre es Alan Stane.

- Señor Stane ¿usted es el dueño de la empresa donde me entrevisto?

- Así es. Pero no se quede allí pase y prosiga con lo que hará, yo tengo que salir de suma urgencia.

- Si, muchas gracias ya voy a empezar con mi trabajo.

Los minutos transcurrieron y yo continué con mi trabajo, él salió vestido totalmente de negro y se veía que aun su cara era de tristeza, me indicó que cuando terminara dejara las llaves con el portero que él no tenía idea de a qué hora regresaría.

Una vez que limpie la enorme sala, cocina y el área de lavado podría decir que lo pude hacer rápido porque el lugar no estaba con mucho por hacer, me dirigí a las recamaras, entre en la principal asumo que era la del señor Stane, allí había algunas fotografías, pero hubo una que llamo mi curiosidad y es que había una foto en la que aparecía con alguien a quien yo conocía la Sra. Rita, ella era una muy buena amiga de mamá, inclusive estuvo cuando ella falleció, ahora entiendo porque su cara se me hizo conocida, él estuvo hace algunos años atrás en mi amada Venezuela, pero como era un joven reservado, puede que no me recuerde, sino quizá me hubiera dicho algo al respecto.

Un ruido llamó mi atención y me dirigí a la sala, era el contestador , la curiosidad me pudo y presione el botón de mensajes para ver de qué se trataba y me encontré con unas condolencias por la muerte de su abuela, en ese momento sentí mucha tristeza, porque era una señora muy buena de un gran corazón, ahora entendía porque él tenía su semblante muy triste, empecé a recordar todo lo que me había pasado durante el día y más la noticia que había escuchado cedi a las lágrimas tanto así que me quede dormida en uno de los sillones y sin darme cuenta que tiempo había pasado.

De pronto abrí los ojos y vi unos hermosos ojos azules observándome, yo no me había percatado de la hora y no me había retirado del departamento aun, me levante de golpe y me disculpe, sentí mucha vergüenza porque me encontrara así.

- Mil disculpas Señor Stane, no sé qué me paso que no me di cuenta de la hora. Pero en este momento me retiro.

- Está bien. Encima de la mesa cerca de la puerta está su pago por el trabajo, nos vemos el lunes por la mañana en la empresa, buenas noches.

Sin más se retiró de mi vista, yo aun muerta de vergüenza, tome el dinero y las cosas que había traído y baje a tomar un taxi para dirigirme a casa, debía descansar, mañana sería mi primer día de trabajo.

Ya en casa, me di una ducha y me metí a la cama, algo básico que hago todos los días, cerraba los ojos y se me venían a la mente esos hermosos ojos azules *cálmate Priscila él será tu jefe*. Con ese pensamiento me quede dormida.

[…]

Lunes

La alarma sonó a las 6am, tengo veinte minutos para arreglarme y salir de la casa, aunque la empresa queda relativamente cerca de donde vivo, la idea es llegar unos minutos antes de la hora que me dijeron que entraba. Tome una ducha rápida y fui a mi cajonera y saque una blusa mangas largas beige y una falda tubo color negra, me puse unos zapatos de taco del color de la falda, amo la ropa interior de encaje, pero hoy no usare brasier de encaje porque mi blusa es beige y se puede notar, me coloque un brasier clásico, tengo unas bubis un poco grandes, herencia de familia materna, todas son de pechos grandes.

Lista arreglada y perfumada salgo de mi casa rumbo a la empresa en la que trabajare a partir de hoy, bajo del edificio en el que vivo con mi amiga, y para mi sorpresa en la parte de abajo esta nada más y nada menos que el gran Señor Gustavo Giler, no sé a qué viene este tipo aquí, o al menos no sé qué pretende, pero en lo que a mí respecta no tengo ni quiero hablar con él.

- Pris, ¿podemos hablar un momento por favor?

- En primera mi nombre es Priscila no Pris, y en segundo lugar no hay nada que usted y yo tengamos o debamos hablar.

- Sabes que sí, hay mucho que debo explicarte.

- Pues señor Giler ahórrese sus explicaciones por qué no las quiero ni las necesito, y si me disculpa llegare tarde a donde debo ir y eso no lo haré, con permiso.

- No Priscila, tú y yo hablaremos y arreglaremos este mal entendido.

- No es un mal entendido Señor, déjese de ser cínico y déjeme en paz, usted tiene una familia no sé qué hace aquí, ¿con que mentira me vino a ver? ¿Viene a ayudar a su amiga muerta de hambre? Pues fíjese que no deseo arreglar nada, y si no me deja en paz gritare a más no poder para que alguien me ayude a deshacerme de usted.

- Esto no se va a quedar así, tú y yo tendremos esta conversación quieras o no.

- Resérvese sus amenazas. Adiós.

Moria de las iras porque este tipo poco hombre me viene a buscar, acelere el paso para llegar ya que por culpa de ese bestia había perdido casi diez minutos, pero logre llegar a tiempo, cuando llegue a la empresa en el momento que iba entrando una tipa me empujo para entrar ella primero, me hizo tambalear, no dije nada porque la vi que le pregunto a la recepcionista si el Señor Stane ya había llegado, así que me guarde la sarta de insultos que tenía en mente por haberme hecho casi caer.

Me presenté y le dije que venía a la oficina de RRHH y la chica amablemente me guio porque yo no sabía cómo llegar sola; la señorita de RRHH no era tan amable que digamos me trato como alguien inferior a ella y me dijo que debía tener claro que allí se iba a trabajar no a coquetear con el jefe, eso me irrito en gran manera pues no sé por quién me tomo la tipa esta.

Había especificaciones en el contrato que me llenaron de dudas, pero no dije nada, en algún momento se las preguntaría al mismísimo señor Stane; una vez firmado el contrato me dijeron que debía ir al piso 35 donde estaba la oficina del Señor Stane que era donde yo tendría mi cubículo ya que sería su asistente, sin preguntar nada me dirigí en silencio al ascensor.

Cuando llegue al piso 35 unos gritos me alertaron, eran los de la tipa que me empujó a la entrada, no entendía de que se trataba todo eso hasta que vi entrar a cuatro tipos de seguridad y sacaban a la mujer de la oficina del jefe, me quede estupefacta y más cuando se dirigió a mí de manera amenazante y me dijo:

- ¿Tú eres la zorra de turno de Alan?

- No sé de qué me habla, yo soy la nueva asistente.

- Pues más te vale que no te quieras meter entre sus piernas porque él es mío y a la que intente meterse entre los dos la mato.

El Señor Stane les decía a los hombres que sacaran lo más rápido a esa mujer de allí, aunque no soy una mujer insegura no voy a negar que me daba un poco de miedo las amenazas de esa mujer.

- No preste atención a lo que dice Tamara, ella siempre cree que puede conseguir lo que quiere a base de gritos, amenazas y berrinches.

- La verdad que la vi muy segura de lo que decía.

- Ella no es nadie en mi vida para que venga a decir lo que dijo, pero si de algo le ayuda a no sentir temor, he prohibido la entrada de ella a la empresa. Y hoy mismo le comentare a su padre sobre sus amenazas.

- Muchas gracias Señor.

Después de un rato apareció el vicepresidente de la empresa el Señor Marcos Moore, quien se di el trabajo de mostrarme el área donde desempeñaría mis labores, pues el jefe estaba en una videoconferencia de último minuto.

La mañana paso rápido, empecé con ponerme al corriente del trabajo que tenía que realizar, no era difícil, pero si era mucho trabajo, pues llevaba ya algunas semanas sin asistente y era lógico que tuviera un poco de trabajo atrasado.

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