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Portada de la novela Noche sin luna - Hijos de la luna

Noche sin luna - Hijos de la luna

La obsesión por dominarla se ha vuelto el motor de su existencia. Aunque Verónica cree haber huido definitivamente del asedio del lobo, desconoce que su esencia es imposible de ocultar. Él posee la habilidad de rastrear su aroma sin importar la distancia, impulsado por un instinto primitivo que le exige reclamarla. Decidido a no dejarla escapar otra vez, el cazador seguirá su rastro hasta someterla y mantenerla a su lado para siempre.
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Capítulo 3

Supe porque llorabas, ese idiota no te merece.

Me contuve cuando le escuché gritándote, quería matarlo, lo juro, despellejar su piel sin remordimiento, él no merece si quiera mirarte, eres demasiado hermosa como para él.

Él va a pagar, lo juro.

Lo vi salir de la casa furioso pero no le di importancia porque mis ojos solo estaban puestos en ti y en tu piel expuesta.

¿Buscas provocarme?

Te desnudaste frente a la ventana cariño.

Lo has hecho, me has conseguido.

Desatas mi lado animal, Verónica.

-Mierda... santa mierda.

El día anterior no había prestado atención a que no me había llegado carta alguna, después de salir del baño llamé a las chicas y después de que ellas también se disculparan cenamos en un restaurante muy bonito antes de que Ana inventara hacer una pijamada, queriéndome olvidar de todo accedí.

A la mañana siguiente pasé deprisa por la casa para llevarme mis cuadernos e ignoré el papel en el suelo pero al regresar efectivamente descubrí que se trataba de la tercera cartita, nerviosa me deshice del papel que la cubría entonces me di cuenta.

¿Cómo sabía mi psicópata amigo de las cartas todo aquello?

Era demasiado sospechoso.

Estaban acosándome y debía estar super asustada, pero por algún motivo no le daba demasiada importancia hasta que leí el juramento sobre hacer pagar a Dean además me fijé en lo estúpida que había sido para desnudarme frente a la ventana, bien, un loco psicótico me había pillado como Dios me trajo al mundo pero además de él, quién más habría disfrutado mi patético espectáculo.

Golpeé mi cabeza con la almohada repetidamente para después volver a tomar la carta y leerla una vez más.

Esta como las dos anteriores olía maravillosamente a hombre y a sándalo igualmente finalizaba contundentemente con su acostumbrada frase cliché desatas mi lado animal junto con mi nombre a un lado lo cual parecía ser su acartonado sello personal, sin embargo ¿Qué si no era cliché? ¿Debería estar asustada por la amenaza a Dean?

Era un cerdo, vale, que ya lo tenía claro pero tampoco le deseaba nada malo, ya la vida se encargaría de cobrárselas.

Estuve el resto del día esperando recibir alguna llamada o mensaje que me dijera que mi ex había tenido un accidente, sin embargo, nunca llegó así que dejé de preocuparme.

-Dime que no estás esperando una llamada del perro de Dean -Y esa fue la entrada triunfal de mi mejor amiga.

Lo que me recordaba a que algún día debía quitarle las llaves que estúpidamente le confié.

No había sido muy sensato de mi parte.

-No -dije levantando la cabeza del celular para verla-, ¿Y quién mierda te ha dicho que entres a mi casa así? No se te ha ocurrido pensar que pueda estar con alguien.

Arqueé una ceja cruzándome de brazos para ver a la rubia quien sonrió enseguida.

- ¿Está en el baño? Definitivamente quiero conocer al hombre que te...

- ¡Ni lo digas! -Exclamé sabiendo que no era nada bueno lo que estaba por soltar mientras que ella entornó los ojos-. De todas formas ¿Qué te hace invadir mi hogar?

-Una fiesta ¿Qué más sino? Voy a ponerte guapa y...

-Una vez más ¿Qué te hace pensar que voy a salir?

Ella llevó el dedo índice debajo de su barbilla como si estuviera pensando pero pronto su sonrisa hizo que bufara sabiendo que ya se le había ocurrido algo.

-Pues querida mejor amiga recuerdas que perdiste la apuesta en la que alegaste que Jaz iba a casarse primero que Tay, debes pagar.

-Ana estoy cansada.

-No seas floja, vamos.

Suspiré porque sabía que de una u otra forma Ana Alice lograría convencerme.

Amabas nos arreglamos mientras mi amiga no paraba de hablar sobre quienes estarían allí.

Más tarde al llegar a la dichosa fiesta de la fraternidad Ana me animaba a buscar un chico mientras yo le decía que no estaba de humor, comencé a beber hablando con Jaz quien acababa de llegar y de un momento a otro me sentí ligera, divertida y sensual.

Necesitaba bailar con un hombre... o hacer otra cosa.

- ¿A dónde vas? -gruñó Jazmín tomándola del brazo.

Finalmente había regresado con su novio a la barra pero ahora era yo la que quería divertirme, Ana Alice me había abandonado por un pelirrojo y Jazmín estaba ocupada con su Romeo cajún así que yo iría a buscar el mío propio.

- ¡A bailar!

La morena entornó los ojos pero antes de que hablara lo hizo Amos el novio de Jaz.

-Maldita sea chica ¿Aceptaste la bebida a alguien que no conoces?

Yo traté de hacer memoria pero lo único que quería hacer era bailar y divertirme, aburrida a la vez que mareada me encogí en hombros dándoles la espalda tratando de localizar un chico guapo aunque una vez más mi brazo fue atrapado desde atrás por Jaz quien lucía preocupada, sin embargo, yo no estaba demasiado razonable por lo que le gruñí soltándome de su agarre mientras que escuché a Amos murmurarle que no me perderían de vista por si me metía en problemas.

Dando dos pasos más un chico alto me interceptó y sonriéndome con coquetería comenzó a moverse contra mí.

Divertida le seguí el paso moviéndome seductora a la vez que le daba una sonrisa llena de coquetería que ni yo misma sabía de dónde venía.

El chico murmuró algo en mi oído para luego mordisquear el lóbulo de mi oreja y me sentía tan receptiva que no oculté el gemido que salió de mis labios.

Definitivamente debían haberme dado algo de beber en mi trago porque no estaba actuando como yo lo haría, opero ahora mismo eso no me importaba mucho.

Si hubiera estado en mis cinco sentidos lo hubiera golpeado y alejado de mí, pero como no era así le di la espalda moviendo sugerentemente mi trasero contra su ya notoria erección lo que me hizo reír como una estúpida.

-Me gusta cómo te mueves, preciosa.

Y esto me animó para ser más atrevida así que aun moviéndome contra él balanceé mi trasero aún más cerca de su entrepierna escuchándolo jadear reí victoriosa.

De pronto escuché una especie de gruñido por encima de la música que erizó mi cuerpo e hizo que mi corazón saltara sin entender qué me pasaba, pronto sentí que apartaba la mano que estaba peligrosamente cerca de mi trasero y se separaba de mi cuerpo, pero no por demasiado tiempo, solo que en esta ocasión se acercó aún más que antes a mí y cuando iba voltearme para verlo, él aferró una mano a mi cintura y otra se enrolló alrededor de mi vientre inmovilizándome por completo.

Su aliento chocó contra mi cuello desde atrás de mí, creando una tensión tan palpable entre los dos que simplemente me estremecí entre sus brazos musculosos.

No me parecía tan musculoso cundo me acerqué a él...

Mis pensamientos de repente desaparecieron cuando noté algo que en medio de este cúmulo de emociones.

¿Eran suposiciones mías o al tipo le había crecido más su...?

-Estas sobrepasando tus limites, estás matándome mujer -ronroneó en mi oído pero esta vez sonó diferente.

Su voz causó un escalofrío en mí de forma inexplicable.

El roce de sus manos fue el mejor de los placeres.

Quería tocarlo, tentarlo y llevarlo al límite salvo que ahora ese sentimiento no se debía a cualquier cosa extraña que me hubieran dado en la bebida, yo sentía que necesitaba hacerlo y de hecho me gustaba.

¿Quién era este hombre?

Por lo que no me detuve, seguí adelante sin importarme absolutamente nada, ni siquiera si alguien más estaba mirándonos, entonces sucedió.

Él misterioso extraño me giró el rostro y antes de que yo pudiera procesar algo, rápidamente estampó mis labios con los de él de una forma fascinante.

Cada parte de mi cuerpo vibró con este beso que sacudió mis ser entero.

Mis labios se aferraron a los suyos moviéndose con el mismo deleite y la misma pasión que él lo hacía y si de algo estaba segura es que jamás me habían besado como él lo estaba haciendo.

Por un momento me dejé llevar, tan eclipsada por las sensaciones que le trajo a mi cuerpo, mi alma gimió en mi interior porque de repente él se apartó y yo solo pude parpadear atontada, me giré para buscarlo una vez más porque aquel beso simplemente me dejó con ganas de más, sin embargo, al abrir los ojos él había desaparecido.

...Para mi desgracia.

No entendí qué fue lo que me pasó.

Pero por primera vez me sentí viva.

Y lo añoré de vuelta.

Sin saber que él sería mi perdición.

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