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Portada de la novela No todo estará bien

No todo estará bien

Tras dejar California, Mia Roberts inicia una nueva vida en Colombia junto a su padre y hermano. A sus dieciséis años, enfrenta su último ciclo escolar en el prestigioso colegio Abraham Lincoln, donde el destino la cruza con Luca Watson. La conexión con el mejor amigo de su hermano es instantánea y profunda, alterando su realidad. No obstante, la calma desaparece cuando incidentes inquietantes acechan su círculo, desencadenando un giro total e imprevisto.
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Capítulo 3

( 4 días después)                     

                                Luca Watson

—Conduzco hasta llegar al tribunal, todos los meses tengo que presentarme.

Al llegar bajo del auto y trato de que todo sea rápido.

Al terminar me dirijo a casa, meto el auto al garaje y subo a mi habitación.

Estos dos días han sido los peores, mañana tengo que volver al colegio y solo lo hago por un motivo no quiero estar en esta casa que me recuerda a todo lo que pasó.

La puerta de mi habitación se abre y entra Kendra.

—Ya se te ha pasado tu amargura ¿Podemos volver? —abro mi boca para hablar, pero ella continúa —Sabes que yo siempre te tendré paciencia —empieza a caminar hacia mí moviendo sus caderas es una forma provocativa.

—Kendra creo que he dejado claro que tú y yo no somos nada desde hace mucho tiempo, ya debes aceptarlo —me doy la vuelta para entrar al baño.

—¿Es por esa niña verdad? —Empieza llorar.

—No te hagas la víctima Kendra, sabes muy bien por qué no quiero nada contigo y no la metas a ella que ella no tiene nada que ver aquí —le digo ella sabe que fue lo que hizo para que nuestra relación acabara.

Y Mia no tiene nada que ver, ella apenas la conozco hace unos días.

—Me la vas a pagar —suena dolida, ella sé dé la habitación y yo suelto un suspiro de frustración.

Entro a ducharme, mañana tengo que volver al colegio.

                             Mia Roberts

—han pasado cuatro días que Luca no ha venido al colegio, le he preguntado a Thomas y me ha dicho que siempre lo hace todos los meses que no me preocupara, estos días me la he pasado muy bien con Maddie, nos hemos conocido un poco más.

Estoy en el salón saco mis audífonos y me los pongo y sacó un libro para leerlo, siento a alguien sentarse a mi lado y debe ser Maddie.

Me quitan un audífono y yo volteo y me encuentro con Luca, si es él.

—¿Qué te pasa? —gruño quitándole el audífono.

—Oye no seas agresiva, solo quería escuchar.

El ambiente se sienten pesado ninguno de los dos dice nada, estoy un poco inquieta, quiero preguntarte por qué no ha venido al colegio.

Me armo de valor y le hablo.

—¿Te puedo hacer una pregunta? —pregunto, jugando con los dedos en mi regazo.

Él asiente y yo decido hablar.

—¿Por qué no has venido estos días al colegio? —su semblante se vuelve serio.

Él no dice nada solo mira a un punto fijo.

—Lo siento si pregunte algo que no debía —me levanto antes de que diga algo más.

Él me agarra mi mano y siento un escalofrío recorrerme todo el cuerpo.

—No pasa nada, no tienes por qué irte —me vuelvo a sentar, la pasa la mano por su barbilla como si pensara.

—¿Me vas a decir? —insisto.

—Pues estaba haciendo eso que tanto me gusta, asesinar a las personas que preguntan mucho.

Mi garganta se seca.

Él se levanta y se dirige a su lugar.

¿Qué mierda acaba de pasar?

—¿Estás bien? Esta pálida pareces un papel —Maddie habla sentándose a mi lado.

—Todo está bien —Suspiro.

—Puedes confiar en mí lo sabes verdad —Ella sonríe.

—Lo se Maddie, pero todo está bien.

El profesor entra y empieza la clase, no podía concentrarme lo que me dijo Luca me tenía dando vueltas en la cabeza de verdad es un asesino, o solo estaba bromeando.

No con eso no se juega, ¿Debería preguntarle? Mejor no.

Las horas pasaron rápido, es la hora del almuerzo, yo me quedé en el salón anotando unos apuntes para la tarea de historia, Maddie me dijo que esperaría en la cafetería, mi estómago empieza a rugir y decido ir a comer algo.

Al llegar a la cafetería Maddie está con una chica morena, su cabello es negro liso y buen cuerpo.

—¡Hola! —Saludo y me siento.

—Mia, te presento a Alessia —Maddie me señala a la chica y yo le tiendo mi mano.

—Encantada —dice con una sonrisa fingida.

—Mia ¿Quieres venir hoy conmigo a la fiesta? —muevo mi cabeza en negación.

Alessia se marcha dejándonos solas.

—Por favor, la pasaremos súper bien —juntas sus manos y hace un puchero.

—¡Hola, chicas! —dice Alan sentándose —¿Van hoy a la fiesta? —pregunta y le guiña un ojo a Maddie ella se sonroja completamente.

A Maddie le gusta Alan, no lo puedo creer.

—Si vamos a ir —respondo al ver que Maddie no dirá nada.

—Bueno nos veremos por allá, chao chicas —se levanta y se marcha, yo volteo a mirar a Maddie que tapa su cara con ambas manos.

—¿Te gusta Alan? —ella no dice nada.

El timbre suena y nos levantamos, nos dirigimos a salón ya nos tocaba la última clase.

Al terminar la clase me despido de Madison y voy camino hacia el estacionamiento con Thomas para ir a casa, subimos al auto y Thomas empieza a conducir.

—Thomas ¿Vas a ir a la fiesta que harán hoy? —hablo mirando por la ventana.

—Si hermanita ¿Vas a venir?.

—Si, quería ir Madison me ha dicho.

Pues no me quiero quedar en casa sola papá salió de viajes por asuntos de trabajo regresa el lunes.

Ya habíamos llegado a la casa subí a mi habitación deje las cosas y baje a comer algo, me preparé un sándwich y un jugo y me senté en el sofá a ver una película en la tele.

La hora había pasado rápido ya eran las 8 subí a mi habitación a bañarme estaba viendo que ponerme y opte por unos jeans negros altos, zapatos blancos y un suéter negro, me maquille un poco hice un delineado en mis ojos y estos resaltaban el color de ellos pues son de un color gris con algo verde mis labios los pinte rosa que me queda bien con mi color de piel y mi cabello lo peine un poco y lo deje suelto mi cabello es corto y de color negro.

Baje y Thomas estaba en la sala esperándome, tenía unos jeans azul, una camisa blanca y unos deportivos negros, Thomas es un chico muy atractivo, es de cabellos castaño, blanco con pecas su color de ojos es igual al mío, Thomas y yo somos muy parecidos pues somos morochos lo único diferente es el color de cabello.

Ya listos caminamos al auto para ir a la fiesta.

Thomas enciende el auto y empieza a conducir.

En California no asistía a fiesta, no me gustaba ir sola, así que espero pasármela súper bien esta noche.

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