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Portada de la novela No te enamores de mi

No te enamores de mi

La psicóloga Cassie vive asfixiada por las deudas y el turbio legado de su esposo fallecido. Para eludir la prisión, acepta trabajar para Marcos, un gélido magnate que despierta su asombro: es idéntico a Thiago, aunque él no recuerda su pasado. Cautivado por un tatuaje que ambos comparten y una conexión que no logra comprender, el empresario la emplea con un plan oculto: obligarla a revelar los secretos que ella intenta proteger desesperadamente.
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Capítulo 2

CINCO AÑOS DESPUÉS

El olor de mi pequeño apartamento es tan húmedo que a veces siento que me dará una pulmonía si respiro demasiado profundo.

Me he quedado sin nada, en la absoluta miseria.

Miro por la ventana de cristales rotos y remendados con cinta adhesiva las calles de Brooklin oscuras y mojadas por la lluvia nocturna que avisa el frío invierno que se avecina, sabedora de que tengo dos días para pagar el importe íntegro de la deuda de mi exmarido o me quedo en la calle, y lo que es todavía peor: puedo ir a la cárcel.

Mi trabajo en la clínica pública no es suficiente para pagar las deudas de la universidad y todo lo otro que difunto me dejó como herencia, y apenas si me deja cubrir las facturas, además de comer. No tengo nada con lo que sobrevivir y desde luego nada más que vender. Ya ni coche tengo. Estoy en la más absoluta miseria y cada vez veo más lejos mi intención de montar mi propia consulta en psicología. Todos mis esfuerzos se han ido por el desagüe en el momento en que él murió,  dejándome sus malditas deudas. Ya ni siquiera estábamos juntos, pero legalmente seguíamos casados.

Nunca me rindo y lucho con todas las fuerzas pero también soy de saber muy bien cuando algo se acaba y mis posibilidades de salir adelante sin hacer algo  radical, se han acabado. No tengo más opción que buscar una alternativa como la que se me ha venido a la mente.

—Tienes que estar loca —me reclama Susy cuando le cuento que ya tengo la cita para mañana.

Fue cosa de responder al anuncio y diez minutos después recibí la hora de la cita. Mañana tengo una entrevista para el extraño trabajo.

La rubia es pobre como yo pero al menos pudo pagar sus créditos universitarios con un fideicomiso de su difunta abuela y subsistir con lo que cobra ahora en el mismo trabajo que yo, en mi caso no tengo ni siquiera eso y voy a perder mi libertad si no consigo el dinero.

—No tengo más remedio, Sus —me giro hacia ella —. Me van a echar del hospital y entonces sí, nunca seré alguien en la vida. Si no acepto este acuerdo iré a la cárcel y perderé todo, cuando salga seré una exconvicta y mi carrera no habrá tenido sentido alguno.

—¿Te das cuenta que estás cometiendo una locura? —me encojo de hombros —.¿...que nadie que hace ese tipo de arreglo está bien de la cabeza? Tú mejor que nadie deberías saber que es una conducta un poco enfermiza y de tendencia oscura.

Su condición de psicóloga le lleva a psicoanalizar todo. La mía también. Es lo que somos y no podemos evitarlo. Ya sé que hacer algo así es entre otras muchas cosas, bastante arriesgado pero no tengo muchas opciones y siento que me he quedado sin más opción y sin tiempo. Al final tal vez este sea mi destino y luego de todo, haya algo increíble para mí. Prefiero verlo así.

—Al menos dame todos los detalles y te esperaré fuera de donde sea que vayas a entrevistarte —propone rompiendo una caja de vino barato —. Te estaré esperando para saber que estarás bien. Que nada te ha pasado

—De acuerdo —acepto agradecida —... ¡Gracias, Sus!

(...)

<>

Ese es mi mantra para soportar esto.

Me pongo un vestido negro que mi amiga me presta, es el más bonito que tiene y no es provocativo pero tampoco soso. Me suelto el pelo cobrizo y lasio, dejando que se acumule sobre la curva de mi trasero y aplico un maquillaje oscuro para resaltar mis ojos verdes, me perfumo con agua de colonia y tomo el pequeño bolso, nerviosa pero segura para irme al encuentro con el hombre que va a compartir conmigo el momento más intimo de mi vida.

—Si te arrepientes a última hora estaré justo aquí —mi amiga me besa justo encima del tatuaje en mi dedo corazón y aprieta mis manos.

Llevo un corazón roto en ese sitio porque así me siento, con el mío partido en pedazos gracias a todas las tragedias que me ha tocado vivir. Gracias a el,que desapareció de mi vida hace cinco años y todo después de eso ha sido una locura.

—Voy a estar bien —explica para infundirme fuerza —. Mañana pagaré lo que debo y volveré a respirar en paz.

Al día siguiente estoy nerviosa, no tengo más opción que ir a esa entrevista sola, Susy ha sido convocada para una reunión de última hora en la clínica por algún problema con uno de sus pacientes y quedamos en que le avisaría cuando salga de allí.

Internamente rezo para obtener el empleo y que me paguen enseguida, porque de lo contrario no sé cómo lo haré y no quiero volver a hacer películas porno. Eso fue un oscuro capítulo de mi vida, que me trajo justo aquí...un capítulo que además me dió dos grandes dolores y ausencias que nunca podré superar.

Susy finalmente va temprano y me quedo  vistiéndome lo más profesional que puedo, incluso uso mi color de ojos natural,  no me pongo los lentes oscuros...necesito crear empatía con el jefe y mis ojos siempre han sido una carta de presentación para mí.

Desde hace años, cuando pasó lo que pasó yo cambié toda mi apariencia y ahora casi nadie de aquella época me reconoce, pero mis ojos hoy están como antes...les necesito.

Tomo el metro y cuando llego al lugar, me percato de que es un edificio enorme, un jodido rascacielo con las letras  plateadas enormes que rezan: Orus Company en la cima del edificio en el que por su opulencia asumo que el salario que seguro obtendría si me dieron el empleo, podría ser suficiente si consigo ajustar mis horarios para pagar mis créditos poco a poco. Creo ver una luz al final del túnel.

Me dan una credencial en la recepción y alguien me acompaña hasta el penultimo piso donde el dueño en persona me hará la entrevista.

—Espere un segundo por favor —su asistente me indica que me siente.

Estoy nerviosa pero al vislumbrar tanto lujo junto delante de mí, me distraigo en los detalles carísimos del sitio y no soy consciente de que me llaman hasta que alguien carraspea a mi lado.

Sin embargo nada podía prepararme para lo que iba a suceder en esa habitación.

Cuando entra y no me esperaba, me giro para verlo usando una máscara fría que consigue ponerme nerviosa desde la misma entrada, toanoes como entrar en un mundo en el que antes estuve y ahora parece no tener nada que sentir por mí.

Me pongo en pie de un salto y enfoco uno ojos grises que recuerdo perfectamente. Ahogo un grito cuando me impacta su profunda mirada y tiemblo de saber que es él, quien me hizo suyCatantas veces hace cinco años y que ahora me mira impasible. Como si no supiera quien soy pero tratara de descifrar mi expresión.

La mandíbula cuadrada se aprieta en un gesto extraño y frío y entonces dudo, no puedo guiarme solo por unos ojos pero es que pasé demasiado tiempo borracha de ellos, no se me olvidan. Sé que es él. Algo elegante, más clásico y serio pero es Thiago. Lo sé. Incluso lo siento.

—Señorita Campbell —estira la mano en señal de educación —. Soy Marcos Orus, un placer conocerla.

Estupefacta por el sonido envolvente de su potente voz que ya conozco me asusta que se presente con otro nombre.

Me obligo a salir de mi trance y estiro la mía para unirla a la suya...

Ahí es cuando descubro que efectivamente es él, tiene el tatuaje en ella. La marca que quedó grabada en su dedo, igual al mío...la mitad de mi corazón en el suyo y ese principal testigo de nuestros encuentros pecaminosos.

—¡Hola!

No consigo decir nada más. De hecho agradezco que haya podido decir algo y me felicito por seguir de pie frente a un hombre que estuvo amando mi cuerpo durante meses, que se planteó un futuro conmigo alguna vez y el mismo que de pronto desapareció de mi vida durante los últimos cinco años y que parece no recordar nada, a pesar de su mirada clavada en mi tatuaje y de su apabullante manera de observarme.

—¿Se encuentra usted bien? —pregunta viendo mi impávidez y asiento por inercia, no estoy bien no —...Entre, por favor.

No tengo la menor idea de qué hacer. No consigo descifrar si me ha reconocido o no, si debo decirle quién soy o no. Si reclamarle por haberme abandonado cuando pensaba irme con él años atrás y dejarlo todo solo por vivir nuestro amor clandestino.

No sé si golpear su bello rostro ahora un poco endurecido por el paso de estos años o si empezar a llorar y lanzarme a sus brazos hasta que su cuerpo recuerde el mío.

¿Qué le pasa?

¿Cómo puede fingir no saber quien soy?

¿Tan distinta estoy?

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