
No Seré la Víctima Esta Vez
Capítulo 2
Morí en una celda fría, acusada de un crimen que no cometí.
El recuerdo final de mi primera vida era el rostro de Valentina, sonriendo con suficiencia mientras los guardias me arrastraban.
"Lo siento, hermanita", me había dicho, con una lágrima falsa en la mejilla. "Nunca quise que acabaras así".
Pero yo sabía que mentía.
Todo empezó con las visiones. Imágenes extrañas y premonitorias que aparecían en mi mente justo cuando Valentina, la supuesta "verdadera heredera" de los De la Vega, llegó a nuestras vidas.
Las visiones me advertían, me guiaban, me decían cómo actuar para evitar la catástrofe.
Pero cada vez que las seguía, el desastre era peor.
Me llevaron a prepararle una mariscada que casi la mata, a intentar salvarla de unos matones que yo misma parecía haber contratado, y finalmente, a ser condenada por envenenamiento.
Morí sola, abandonada por mis padres, Ricardo y Elena, que creyeron en las lágrimas de Valentina antes que en su propia hija.
Ahora, abro los ojos.
No estoy en la celda. Estoy en mi cama, en la finca de los De la Vega, con el sol de La Rioja entrando por la ventana. El aire huele a viñedos y a tierra húmeda.
Miro el calendario. Es el día. El día en que Valentina llegará por primera vez.
He renacido.
El conocimiento de mi vida pasada no es un sueño, es una cicatriz en mi alma.
Esta vez, no seguiré las visiones.
Esta vez, no seré la víctima.
Esta vez, la cazadora seré yo.
Me levanto de la cama. Mi cuerpo se siente ligero, joven, lleno de una fuerza que nace del odio y la determinación.
Bajo a la cocina. Carmen, el ama de llaves, está preparando el desayuno. Me mira con una calidez que ahora sé que es falsa. Ella, mi verdadera madre biológica, me cambió al nacer por su propia hija, Valentina, para darle la vida que ella nunca tuvo. Es la principal cómplice de la conspiración.
"Buenos días, Sofía. ¿Has dormido bien?", pregunta con su voz suave.
"Perfectamente, Carmen", respondo, mi voz es fría.
Ella nota el cambio, pero no dice nada.
Mis padres bajan poco después. Sus rostros están llenos de ansiedad y culpa. Hoy recibirán el informe de ADN que les dirá que yo no soy su hija. Que una chica pobre de Logroño, Valentina, es su verdadera sangre.
"Sofía, hija...", empieza mi padre, Don Ricardo.
"Tenemos que hablar", completa mi madre, Doña Elena.
Los miro. Los amo, a pesar de todo. Pero su debilidad los convirtió en herramientas de mi destrucción.
"Lo sé todo", digo con calma. "Sé que hoy llegará una chica llamada Valentina. Y sé que creéis que ella es vuestra hija y yo no".
Sus caras se llenan de asombro.
"¿Cómo...?", tartamudea mi madre.
"No importa cómo lo sé", los corto. "Lo que importa es lo que vamos a hacer ahora".
No voy a esperar a que las visiones me manipulen.
No voy a esperar a que Valentina juegue su papel de víctima.
El juego ha cambiado de reglas porque yo ya conozco el final. Y voy a reescribirlo.
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