Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela No Necesito Novio que No Me Confia

No Necesito Novio que No Me Confia

Sofía invirtió una década de sacrificios para que Mateo triunfara en el boxeo, pero su lealtad fue pagada con violencia. Al alertarlo sobre el plan de Carla para doparlo, él la rechazó brutalmente, lo que derivó en el asesinato de Sofía y el robo de su identidad. Ahora, ella despierta inexplicablemente en el pasado, antes de la tragedia. Con los recuerdos de la traición intactos, Sofía buscará justicia y no permitirá que vuelvan a manipular su destino.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

El aire en el vestidor estaba cargado, denso con el olor a sudor, linimento y la tensión palpable que precede a un gran combate, se sentía pesado en mis pulmones.

Durante diez años, este olor había sido mi vida, mi perfume, el aroma de mi sacrificio.

Diez años invirtiendo cada gramo de mi energía, cada peso que ganaba en mi restaurante de alta cocina, para convertir a mi novio, Mateo, en el luchador que estaba a punto de competir por el campeonato nacional.

Pero en ese momento, mi atención no estaba en Mateo, sino en la mujer que estaba a su lado, su "amiguita de la infancia", Carla.

Ella le ofrecía una taza de té humeante, su rostro lleno de una dulzura empalagosa y falsa.

"Toma, Mateíto, es un té de hierbas especial que te preparé para que te relajes antes del combate", dijo con una voz melosa que siempre me revolvía el estómago.

Mi sangre se heló.

Reconocí las hierbas que flotaban en la superficie, una mezcla que había estudiado y descartado hacía años porque contenía una sustancia en el límite de lo prohibido, una que podría dar un falso impulso de energía pero que, con toda seguridad, aparecería en una prueba de dopaje.

Arruinaría su carrera para siempre.

"No lo bebas", dije, mi voz sonando más dura de lo que pretendía.

Ambos se giraron para mirarme, Mateo con fastidio y Carla con una inocencia perfectamente ensayada.

"Sofía, no seas así", dijo Mateo, frunciendo el ceño, "Carla solo está tratando de ayudar".

"Esa ayuda te va a descalificar de por vida", le espeté, caminando hacia ellos, mis ojos clavados en la taza que Carla sostenía.

Carla apretó la taza contra su pecho, como si yo fuera a arrebatársela.

"Sofía, ¿por qué siempre eres tan celosa? Solo quiero lo mejor para Mateo", su voz tembló, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Era una actuación digna de un premio.

"No estoy celosa, estoy tratando de proteger diez años de nuestro trabajo", le dije, mi paciencia agotándose.

"¡Quizás la que quiere sabotearlo eres tú!", gritó Carla, sus facciones distorsionadas por un arrebato de celos genuinos por primera vez. "¡Quizás estás asustada de que si gana, ya no te necesite!".

Las palabras me golpearon. Miré a Mateo, esperando que la defendiera, que viera la locura en las acusaciones de Carla.

Pero él solo me miraba con duda, su lealtad claramente dividida.

En ese momento, la desesperación me consumió. No podía dejar que lo bebiera. En un movimiento rápido, le di un manotazo a la taza.

El té caliente salpicó el suelo y la porcelana se hizo añicos.

Silencio.

La mano de Mateo se movió tan rápido que apenas la vi venir.

El sonido de la bofetada resonó en el pequeño cuarto, y el escozor en mi mejilla fue agudo y humillante.

Me quedé paralizada, no tanto por el dolor físico, sino por la conmoción de su traición. Diez años de amor y sacrificio, borrados por una bofetada.

El resto de la noche fue una pesadilla borrosa. Mateo perdió el combate, no por dopaje, sino por una deshidratación severa. Sin mi plan de nutrición e hidratación, su cuerpo simplemente no aguantó.

La culpa, sin embargo, recayó sobre mí.

Carla, la víctima perfecta, aprovechó la situación. Lloró ante las cámaras, insinuando que mi "arrebato de celos" había desestabilizado a Mateo.

Luego, la campaña de acoso comenzó.

Videos de nuestros entrenamientos, sacados de contexto, aparecieron en redes sociales. Mis gritos de ánimo se editaron para sonar como abusos verbales, mis correcciones de postura parecían actos de crueldad.

Carla y los compañeros de equipo de Mateo, a quienes yo también había alimentado y cuidado, compartieron las publicaciones, añadiendo sus propios testimonios falsos.

Me convertí en la villana de México, la novia controladora y sádica que saboteó la carrera de su prometedor novio.

Las amenazas de muerte inundaron mis mensajes. Mi restaurante fue vandalizado. Perdí mi negocio, mis amigos, mi vida.

La policía me ofreció poca protección, viéndome como la instigadora.

Una tarde, mientras salía de la estación de policía tras presentar otra denuncia inútil, una figura se me acercó.

Era una chica joven, con los ojos encendidos por un fanatismo desquiciado. La reconocí de las fotos de perfil que me enviaban amenazas. Una fanática radical de Mateo.

"Tú arruinaste a nuestro campeón", siseó.

Antes de que pudiera reaccionar, sentí un dolor agudo y punzante en el abdomen.

Me apuñaló.

Caí al suelo, la sangre manchando el pavimento. La gente gritaba a mi alrededor, pero todo sonaba lejano.

Mientras mi vida se desvanecía, mi último pensamiento consciente fue una imagen, una visión o un recuerdo. Carla estaba de pie sobre mí, sonriendo.

"Gracias por todo, Sofía", susurró en mi mente, su voz goteando veneno. "Con tu muerte, todos creerán que te suicidaste por la culpa. Y yo podré consolar a Mateo y disfrutar de todo lo que construiste para él".

La oscuridad me envolvió.

Pero entonces...

Abrí los ojos.

El olor a sudor y linimento llenó mis fosas nasales.

Estaba de pie en el vestidor.

Frente a mí, Carla sostenía una taza de té humeante, ofreciéndosela a Mateo.

"Toma, Mateíto, es un té de hierbas especial que te preparé...".

El tiempo había retrocedido. Se me había dado una segunda oportunidad.

Esta vez, no habría sacrificio. No habría advertencias.

Solo habría justicia.

Una sonrisa fría se dibujó en mis labios.

"Claro, Mateo", dije, mi voz sorprendentemente calmada. "Bebe el té de tu amiguita".

También te puede gustar

Portada de la novela El ajuste de cuentas de la heredera: Diez años de mentiras
9.2
Después de una década de entrega total, descubro la atroz verdad: Jacobo, a quien ayudé a triunfar, causó el accidente que mató a mi hijo. Mientras él me desprecia ante todos junto a su amante encinta, entiendo que sus sentimientos fueron puro engaño. Pero mi verdugo desconoce quién soy realmente. Durante su gala triunfal, apareceré con aliados influyentes y evidencias letales para aniquilar su legado y vengar cada una de sus crueles mentiras.
Portada de la novela El Precio del Perdón Negado
8.4
La cena de gala anual de los Robles, un escaparate de poder y opulencia, era el último lugar donde quería estar. Pero mi madre, Doña Elena, siempre maestra de las apariencias, había insistido para demostrar la "unidad" familiar. Apenas entré, los susurros me persiguieron como sombras: "Ahí está Armando Robles... dicen que estuvo preso... no, en una clínica por drogas... qué terrible, parece un monstruo". Ignoré las miradas de lástima y desprecio, y me acerqué a la barra. Allí, mi hermanastro Diego apareció, con su sonrisa de mártir. Me ofreció champaña, insistiendo en un brindis "por el pasado". "No bebo", respondí secamente. Él sabía por qué. "¿Todavía me culpas por ese pequeño... accidente?", preguntó con falsa inocencia, refiriéndose a la noche en que Sofía, mi exesposa, me había desfigurado con ácido. En ese instante, Sofía se acercó, y para mi sorpresa, le dijo a Diego que me dejara en paz. Pero Diego, el eterno manipulador, se deshizo en lágrimas, atrayendo la atención de todos. Sofía, cayendo en su trampa habitual, se volvió hacia mí, con el rostro endurecido. "Armando, ¡ya basta! ¡Discúlpate con él y tómate esta copa! ¡Ahora!". Me aferró la nuca y me obligó a abrir la boca. El champaña helado quemó mi garganta dañada. Me doblé, tosiendo, y un chorro de sangre salpicó el impecable mármol. Un silencio sepulcral llenó el salón, solo roto por un parpadeo en la pantalla gigante. La imagen cambió de un niño sonriente a un video granulado. Era una celda oscura, y yo, atado a una silla, siendo torturado. El sonido del látigo, mis gritos ahogados, las risas crueles de los guardias... todo llenó el salón. Caí de rodillas, suplicando entre sollozos, reviviendo mi infierno ante cientos de miradas. Cuando mis ojos encontraron los de Sofía, le dije: "Quiero el divorcio ahora. Y no quiero nada de ti. Quiero ser libre de todos ustedes. Me han quitado todo". Mi madre, en su pánico, intentó negar lo que se veía en pantalla. Diego, el vil, me acusó de haber filtrado el video para dar lástima. Y Sofía, tan predeciblemente, dudó de mí. "Armando... ¿tú... tú hiciste esto?". Esa pregunta. Fue el golpe final. Esa noche, encerrado en mi antigua habitación, supe que mi única salida, mi verdadera libertad, no era vivir. Era escapar.
Portada de la novela El Regreso de la Leona de Casa Vargas
7.9
Mientras se recupera en Suiza, Isabela Vargas descubre en redes una escena indignante: en su propia hacienda, una desconocida festeja sus quince años vistiendo la ropa de su hija Sofía. El dolor se convierte en rabia al ver a la joven maltratada bajo la indiferencia de Mateo y la traición de sus allegados. Ante tal humillación, Isabela decide volver a México de inmediato. La jefa del clan ha regresado para imponer justicia y ejecutar una fría venganza.
Portada de la novela El Último Voto Roto
8.2
Sofía Rojas decide romper sus cadenas en la embajada tras descubrir una traición devastadora. Su prometido, el influyente Ricardo, no solo la engaña con su prima Valeria, sino que la utiliza como un simple peón para sus ambiciones empresariales. Al comprender que será desechada tras el éxito de un proyecto, el dolor de Sofía se torna en una sed de venganza implacable. Decidida a no huir sin luchar, jura desmantelar el imperio del hombre que amaba.
Portada de la novela Esposa desechada: La heredera multimillonaria secreta
9.6
Después de tres años de sacrificio, mi esposo Evertt me pide el divorcio en mi cumpleaños para estar con su amante. Me ofrece dinero con desprecio, convencido de que soy una mujer pobre e interesada. Él desconoce mi verdadera identidad como heredera. Tras romper su cheque y firmar con mi nombre real, el poderoso imperio Stafford acude en mi búsqueda. Se acabó la sumisión: regreso a mi familia para reclamar mi lugar y castigar a quien se atrevió a humillarme.
Portada de la novela      GIL Y EL ALFA MALDITO.
7.9
Un Alfa milenario permanece atrapado en su cuerpo de lobo, incapaz de recuperar su humanidad. Gil, una joven de cabellos blancos y ojos grises rechazada por todos, resulta ser su pareja destinada y el receptáculo de una hija de la Luna. Unidos por el destino, ambos enfrentan peligros sobrenaturales y conspiraciones oscuras. En medio de feroces batallas, el Alfa buscará romper su maldición mientras protege a Gil en este viaje de amor y misterio.