
No Meteré El Error Por Segunda Vez
Capítulo 3
Ximena salió de la oficina de Ricardo sintiendo que el suelo se movía bajo sus pies. El acuerdo de donación de corazón pesaba en su bolso como una lápida. Su propia sentencia de muerte. ¿Cómo había llegado a esto?
Regresó a la pequeña florería donde trabajaba a tiempo parcial. El olor de las flores, que antes la calmaba, ahora le revolvía el estómago. Su jefa, una mujer mayor y amable, la miró con preocupación.
"¿Estás bien, querida? Pareces un fantasma."
Ximena intentó sonreír, pero el gesto se sintió como una mueca. "Solo estoy cansada."
Estaba arreglando un ramo de lirios cuando la campanilla de la puerta sonó. Levantó la vista y su corazón se detuvo. Ricardo estaba parado en la entrada, con Laura a su lado en su silla de ruedas.
"Vaya, vaya. Mira lo que encontré," dijo Ricardo, con una sonrisa cruel. "La gran periodista de investigación, ahora vende flores. Qué caída tan estrepitosa."
Laura la miró con desdén. "Ricardo, querido, no perdamos el tiempo aquí. El olor me da náuseas."
"Solo un momento, mi amor," dijo Ricardo, acercándose al mostrador. "Quiero un ramo de rosas rojas. Las más caras que tengas. Para celebrar nuestro compromiso."
Ximena apretó los puños, sus uñas clavándose en sus palmas. Con manos temblorosas, preparó el ramo. Cada rosa que cortaba se sentía como una espina en su propio corazón.
Cuando se lo entregó, Ricardo dejó caer deliberadamente un fajo de billetes al suelo. "Uy, qué torpe soy. ¿Podrías recogerlo por mí, Ximena? Creo que estás más acostumbrada a estar en el suelo."
La humillación la quemó por dentro. Pero pensó en Sofía, en su carita pálida en la cama del hospital. Se arrodilló y recogió el dinero, sintiendo las miradas de Ricardo y Laura sobre ella.
"Gracias," dijo Ricardo con dulzura venenosa. Luego se volvió hacia la jefa de Ximena. "Le doy el doble de lo que le paga a ella para que la despida. Ahora mismo."
La jefa de Ximena palideció. Miró a Ximena con lástima, pero el dinero era demasiado. "Lo siento, Ximena. Estás despedida."
Ximena se quedó allí, en medio de las flores, mientras Ricardo y Laura salían riendo de la tienda. Había perdido su trabajo. Su única fuente de ingresos. La desesperación la ahogaba.
Fue al hospital. Sofía estaba despierta, dibujando en un cuaderno.
"Mami," dijo con su vocecita débil. "¿Por qué estás triste?"
Ximena forzó una sonrisa. "No estoy triste, mi amor. Solo cansada."
Sofía le mostró su dibujo. Era una figura de palitos con una gran sonrisa. "Esta eres tú, mami. Feliz." Luego señaló otra figura de palitos a su lado. "Y este es papá. Ojalá estuviera aquí."
El corazón de Ximena se estrujó. Nunca le había hablado a Sofía de su padre. No sabía cómo explicarle que el hombre que debería amarla era el mismo que las estaba destruyendo.
"Mami," continuó Sofía, su voz apenas un susurro. "¿Voy a morir?"
Ximena sintió que una daga de hielo le atravesaba el pecho. Abrazó a su hija con fuerza. "No, mi vida. No digas eso. Mami hará todo lo posible para que te mejores."
Sofía le acarició la mejilla. "Está bien, mami. Si muero, me convertiré en una estrella en el cielo. Y te cuidaré desde allí. Así ya no tendrás que trabajar tanto y estar tan cansada."
Las lágrimas que Ximena había estado conteniendo finalmente se derramaron. Lloró por la inocencia de su hija, por su crueldad, por la injusticia de todo.
Esa noche, cuando Sofía se durmió, Ximena miró el acuerdo de donación. Su vida por la de Sofía. Ya no tenía dudas. Era un precio que estaba dispuesta a pagar.
Pero primero, necesitaba dinero. Ahora. La sugerencia de Ricardo de la mañana anterior resonó en su mente. "Quiero que pagues..."
Lo llamó. Su voz era firme, desprovista de emoción.
"Acepto tu oferta. Pero el acuerdo del corazón no es suficiente. Necesito un lugar para vivir hasta... hasta el momento. Y necesito que cubras mis gastos."
Hubo un silencio en la otra línea. Luego, la voz de Ricardo, satisfecha. "Sabía que entrarías en razón. Empaca tus cosas. Mi chófer pasará por ti en una hora. Vivirás en mi casa. Como mi sirvienta personal."
Colgó antes de que Ximena pudiera responder.
Una hora después, Ximena estaba parada frente a la imponente mansión de Ricardo, con una pequeña maleta en la mano. Tomó una respiración profunda, preparándose para el infierno que le esperaba. Todo por Sofía. Se repetía a sí misma una y otra vez. Todo por Sofía.
También te puede gustar





