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Portada de la novela No me dejes, Mate

No me dejes, Mate

Ava Adler es una omega marginada por su físico que ama en silencio a Ian Dawson, el soberbio heredero de la Manada Sombra Mística. Tras sufrir sus desprecios y crueldad, la situación cambia radicalmente. Ian intenta reclamarla con ferocidad mientras ella desvela una belleza y un secreto asombrosos. Ahora que las posiciones se han invertido, el futuro Alfa deberá rogar por el perdón de Ava, quien tiene el poder de decidir si abandonarlo para siempre.
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Capítulo 1

Punto de vista de Ava

"Ava, vete. Ve con tu madre o las matarán a las dos", me gritó mi padre, con los ojos llenos de miedo mientras miraba al otro lado del bosque.

"N... no", murmuré entre sollozos. Podía verlo tirado en el suelo.

"Pequeña, cuida siempre de tu madre", dijo mientras luchaba por incorporarse. Tenía las piernas cubiertas de sangre.

"Ángela, huye con Ava. No pierdas tiempo", le indicó a mi madre, que estaba arrodillada frente a él, llorando a mares.

"¿Cómo puedo dejarte así, Héctor?", gritó ella, angustiada.

Todos oímos crujidos.

Estábamos en medio de una guerra, y cada lobo y loba luchaba entre sí.

"Váyanse. No puedo transformarme para protegerlas por mis heridas. Al menos salva a nuestra…", le repitió mi papá a mi mamá.

Cuando mi madre vio que una manada de lobos se nos acercaba, se puso de pie, me tomó en brazos y empezó a correr en dirección opuesta.

Mientras corría, mi madre me susurró al oído con voz llorosa:

"No mires atrás".

Yo me aferraba con fuerza a su cuello. La curiosidad me estaba matando, así que me atreví a mirar lo que estaba pasando.

Vi a dos lobos saltar sobre mi papá para matarlo. No daba crédito a lo que veía. Estaba tan conmocionada que cerré los ojos y grité:

"¡PAPÁ!".

Abrí los ojos y me di cuenta de que estaba en mi habitación.

"Estaba soñando otra vez", murmuré, llevándome una mano a la frente.

Me senté e inhalé profundamente.

Tenía todo el cuerpo empapado en sudor.

En realidad, no era una pesadilla. Era el reflejo de momentos de mi pasado que nunca podría olvidar.

Mi padre fue asesinado en una guerra cuando yo solo tenía cinco años. Era un guerrero de la manada, pero le atacaron las piernas antes de que pudiera transformarse, dejándolo incapaz de salvarse.

Mi madre tuvo que huir conmigo de esa manada y buscar refugio en otra.

El Alfa y la Luna de esta manada fueron lo suficientemente amables como para dejar que nos quedáramos.

Desde entonces, hemos estado viviendo en la Manada Sombra Mística.

"¡AVA, VAS A LLEGAR TARDE!".

Oí la voz de mi madre, gritando desde el piso de abajo.

"¡SÍ, MAMÁ, YA VOY!", respondí en voz alta para que pudiera oírme.

Corrí al baño, me di una ducha y luego me preparé para ir a la universidad.

Era mi primer año, y no quería caerle mal al profesor por llegar tarde.

Me miré un momento en el espejo. Llevaba puesto un vestido blanco, largo y holgado. Me recogí el pelo en una coleta baja. Mis grandes gafas se resbalaron por mi nariz, así que las subí de nuevo a su sitio.

Mi vista estaba perfectamente bien. Pero prefería usar gafas grandes porque quería ocultar mis emociones y mi rostro detrás de ellas. Aunque los cristales eran transparentes, me ayudaban a disimular mis sentimientos.

Como no quería llamar la atención, nunca me maquillaba. Por la misma razón, prefería vestir con ropa sencilla, larga y holgada.

La gente me llamaba "nerd" por mis buenas calificaciones y mi apariencia.

O quizá de verdad era una nerd. Decidí tomarlo como un cumplido. Esa etiqueta también hizo que me acosaran cuando estaba en la secundaria.

Bajé las escaleras y abracé a mi madre. Desayunamos juntas. Ella era la única persona en mi vida. Quería estudiar mucho y salir adelante darle una buena vida.

"Ava".

Miré a mi madre y pregunté:

"¿Sí, mamá?".

"Cumplirás dieciocho la semana que viene. Pronto encontrarás a tu pareja. Antes de eso, no quiero que te metas en líos con nadie. Ya sabes cómo llegamos a esta manada. Eres una omega. No tenemos a ningún hombre en la familia para protegerte, querida".

Me quedé mirando el rostro preocupado de mi madre. Le angustiaba mi seguridad, pues nuestra nueva manada estaba llena de Alfas.

"No te preocupes, mamá. Tienes mi palabra de que no me meteré en líos con nadie ni me causaré problemas. Mantendré mi promesa. Siempre evito llamar la atención".

"Hija mía, anhelo el día en que por fin encuentres a tu pareja. Él te aceptará y yo podré morir en paz".

Me levanté rápidamente de la silla y corrí a abrazarla. "Mamá, no digas eso, por favor".

Nunca volvió a casarse y me dedicó su vida entera. No soportaba verla sufrir.

Después de tranquilizarla, salí de casa. Fui a la parada del autobús y me subí a uno.

Tardé veinte minutos en llegar a la universidad.

Las letras estaban escritas en una fuente cursiva y en negrita.

"Universidad Sombra Mística".

Empecé a caminar en dirección al edificio de mi facultad. Mi mirada vagaba a mi alrededor mientras pasaba junto a los estudiantes. Era la mejor universidad de nuestra manada. Solo los chicos ricos podían matricularse aquí.

Sin embargo, tuve la suerte de recibir una beca y ser admitida.

Podía ver a las chicas mirándome con asco.

Una pasó a mi lado, sin olvidarse de empujar mi hombro.

"Maldita nerd".

La oí, bajé la cabeza y caminé directamente a mi clase.

Mi amiga Abigail me saludó con la mano. Me senté a su lado. Solo logré hacer tres amigos. Abigail era la más cercana. Teníamos el mismo horario, así que podíamos pasar más tiempo juntas.

Cuando el profesor entró en el aula, la clase comenzó. Intenté concentrarme, pero me distrajeron unas chicas chismosas que susurraban a nuestras espaldas.

"¿Has visto a Ian hoy?", le preguntó una a otra.

"No, ¿de qué me perdí? No me digas que se quitó la camiseta para lucir su abdomen marcado y me lo perdí".

"Me muero solo de pensarlo. Pero no. Oí a sus amigos mencionar la fiesta de Luke".

"¡Dios mío! Entonces no me la puedo perder".

Miré fijamente el proyector, pero mis pensamientos estaban centrados en su chisme.

Estaban hablando del chico más popular de nuestra universidad.

No era otro que Ian Dawson.

Era el único hijo de nuestro líder Alfa. Pero no se parecía a su padre, que era muy estricto con las normas y reglamentos. Él era todo lo contrario: un buscaproblemas.

Era el chico malo al que todos los jóvenes temían, y el playboy con el que todas las chicas deseaban estar.

"Ian Dawson nunca sale con nadie. Solo cree en las aventuras de una noche", murmuró mi best amiga, Abigail, a mi izquierda.

Giré la cabeza hacia ella. Me sonrió con picardía y dijo:

"Niña inocente, no escuches estos chismes".

"Yo solo estaba…".

"Cariño, te conozco muy bien. Pero déjame decirte algo. Está esperando a su pareja. Por eso no sale con nadie. Son sus propias palabras", me susurró.

Aparté la atención de ella e intenté concentrarme en la clase en lugar de responderle.

Pero no podía mentirle a mi corazón. No sabía por qué, pero cada vez que veía a ese chico, sentía que se me aceleraba el pulso cardíaco.

Después de la clase, Abigail y yo caminamos tranquilamente hacia los casilleros. En ese momento, recibí un mensaje de texto de mi amigo Luke.

Mi único amigo hombre. Y el único que nunca me había molestado.

"¿Quién te escribió?", preguntó Abigail.

"Luke. Nos está llamando a la cancha de baloncesto".

"Ve tú primero. Llego en diez minutos. Tengo algo que hacer".

"Está bien".

Salí del edificio y me dirigí a la cancha de baloncesto, que estaba bastante lejos.

Cuando llegué, había muchos chicos saliendo de ahí.

Acababan de terminar su entrenamiento.

"Oye, nerd". Un chico se burló de mí y se rio.

Bajé la cabeza, intentando evitarlo. También pude oír algunos silbidos. Sentí que había sido una mala decisión ir alí sola.

Aunque había muchas chicas, solo se metían conmigo.

Empecé a caminar rápido mientras miraba al suelo.

De repente, mi cabeza chocó contra un pecho duro.

Posé mi mirada en los shorts negros de la otra persona, que dejaban al descubierto sus fuertes muslos. Desvié la mirada hacia arriba, hasta su camiseta sin mangas, que revelaba sus brazos tatuados.

Poseía el físico más impecable que había visto.

Lentamente, levanté la cabeza y mis ojos se quedaron clavados en su rostro.

Tenía un par de cejas pobladas, el pelo oscuro y húmedo, ojos oscuros y misteriosos, un piercing en la ceja y una mandíbula perfectamente definida.

Todo en él gritaba peligro.

Debería huir. Todo el mundo decía que era el único peligro capaz de matar a cualquiera.

Sin embargo, mi corazón quería otra cosa. Empezó a latir más rápido, como en un maratón. Me quedé mirando su rostro. Era, sin duda, el chico más guapo que había visto en mi vida.

En cuanto noté que fruncía el ceño, volví en mí.

Él se veía tan feroz que di un paso atrás, por el miedo.

No pude evitar tartamudear.

"L... lo siento, Ian".

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