
No Más La Ingenua Sofía
Capítulo 3
"Sofía, hija, ¿qué estás haciendo?", la voz de mi padre sonaba tensa, casi un susurro, mientras me tomaba del brazo en la antesala de la iglesia. "Todos están esperando. Marco está en el altar."
Lo miré, viendo la preocupación en sus ojos, pero también la presión. La empresa familiar estaba al borde de la quiebra, y mi matrimonio con Marco, heredero de la fortuna de los Velasco, era nuestro único salvavidas. En mi vida anterior, acepté este sacrificio sin dudarlo.
Ahora, era un precio que no estaba dispuesta a pagar.
"Papá, no puedo", dije, mi voz firme y clara.
"¿Qué quieres decir con que no puedes?", intervino mi madre, su rostro pálido por el pánico. "¡No es momento para juegos, Sofía! El futuro de nuestra familia depende de esto."
Marco se acercó a nosotros, su paciencia claramente agotada.
"¿Cuál es el problema? Llevo media hora esperando. ¿Vamos o no?"
Su tono arrogante, como si yo fuera un paquete que debía ser entregado a tiempo, avivó las brasas de mi odio.
Respiré hondo y me solté del agarre de mi padre. Caminé hacia el centro de la sala, atrayendo la atención de los pocos familiares cercanos que estaban allí.
"No habrá boda", anuncié.
Un silencio total cayó sobre la habitación. Las damas de honor se quedaron congeladas. Mis padres me miraban como si me hubiera vuelto loca.
Marco frunció el ceño, su expresión pasando de la molestia a la furia.
"¿De qué demonios estás hablando, Sofía? Deja de hacer un drama."
"No es un drama", respondí, mirándolo directamente a los ojos. "Es una decisión. No me voy a casar contigo."
"¡Sofía!", exclamó mi padre, desesperado. "¡Piensa en lo que estás diciendo! ¡La familia de Marco nos ha ayudado mucho! ¡Su tío, Ricardo, fue quien intercedió por nosotros para conseguir el préstamo!"
El nombre de Ricardo fue como un bálsamo en medio del caos. Ricardo. El hombre que, en mi vida pasada, había intentado advertirme con sus ojos tristes. El hombre a quien Marco había intentado matar para asegurarse de que no heredara nada.
"Precisamente por eso", dije, mi voz resonando con una convicción que sorprendió a todos, incluyéndome a mí misma. "Tú no me interesas, Marco. Nunca me has interesado."
Marco soltó una carcajada incrédula y desagradable. "¿No te intereso? ¡Por favor! Llevas meses persiguiéndome como un perrito faldero. Todas las mujeres se mueren por estar conmigo."
Su arrogancia era vomitiva. La Sofía que lo amaba había muerto en esa fría habitación de hospital. La mujer que estaba aquí ahora solo sentía por él un desprecio absoluto.
"Te equivocas", dije con calma. "Nunca me has gustado. Siempre te he considerado un hombre cruel, manipulador y egoísta."
El rostro de Marco se contrajo de ira. Estaba a punto de gritarme, pero yo no había terminado.
Me giré hacia mis padres, cuyos rostros reflejaban una mezcla de horror y confusión.
"La boda no se cancela", declaré.
Ahora el desconcierto era total. Mi madre parpadeó, sin entender. "¿Pero… acabas de decir…?"
"Dije que no me casaré con Marco", aclaré. "Pero la alianza entre nuestra familia y los Velasco se mantendrá."
Tomé aire, reuniendo todo el valor que poseía, y pronuncié las palabras que cambiarían mi destino para siempre.
"Quiero casarme con su tío. Me casaré con Ricardo Velasco."
Si antes había silencio, ahora el aire se podía cortar con un cuchillo. La mandíbula de Marco cayó, sus ojos se abrieron con una incredulidad furiosa. Mis padres me miraban como si hubiera pronunciado una blasfemia.
Casarme con Ricardo. El músico lisiado. El hombre que vivía recluido en un ala de la mansión Velasco, confinado a una silla de ruedas después de un "trágico accidente". El hombre a quien todos consideraban un paria, una carga para la familia.
Para ellos, era una locura.
Para mí, era mi única salvación. Y el primer paso de mi venganza.
También te puede gustar





