
No Hay Perdón para Tí
Capítulo 2
El olor a sal y a incienso se mezclaba en el aire de mi pequeño pueblo costero, un aroma que era tan parte de mí como la sangre en mis venas. Soy Lina Salazar, la última santera de mi linaje, una tradición que mi abuela me entregó como un tesoro sagrado. Mi vida transcurría entre rituales para los santos, buscando paz para los vivos y descanso para los muertos.
Todo cambió la noche en que el mar trajo a mi orilla los restos de un yate de lujo. Dos hombres, heridos y desorientados, emergieron de los escombros. Uno era Roy Lawrence, el heredero de un poderoso cartel, y el otro, su hermano adoptivo, Máximo Castillo. Los cuidé, usando mis conocimientos de hierbas y oraciones. En la confusión de esos días, en la vulnerabilidad de la supervivencia, me entregué a uno de ellos. Quedé embarazada, y en mi inocencia, creí que el hijo que crecía en mi vientre era de Roy, el futuro jefe.
Roy me prometió matrimonio. Me prometió un futuro lejos de la pobreza de mi pueblo, una vida para nuestro hijo. Le creí. Mi comunidad celebró, viendo mi suerte como una bendición de los santos.
El día de la boda llegó. Me vestí de blanco, con flores silvestres en el pelo, esperando en la pequeña iglesia que habíamos adornado. Pero Roy nunca apareció. Las horas pasaron, convirtiendo la alegría en un murmullo de preocupación y luego en una humillación silenciosa.
Finalmente, Máximo llegó, solo. Su rostro reflejaba una tristeza que parecía genuina.
"Lina," dijo, su voz suave y llena de pena.
"Él no vendrá."
Mi mundo se detuvo. Lo miré, sin entender.
"Se va a casar con otra persona. Scarlett Trebor, la hija del político. Es una alianza que su padre ha arreglado. Lo siento mucho, Lina."
Sentí cómo el suelo se abría bajo mis pies. El murmullo en la iglesia se convirtió en un silencio sepulcral.
Máximo se acercó, tomando mis manos frías entre las suyas. Me miró directamente a los ojos, y en ese momento, me ofreció un salvavidas.
"Lina, hay algo más que debes saber."
Hizo una pausa, como si luchara con las palabras.
"La noche del rescate... no fue Roy quien estuvo contigo. Fui yo."
Lo miré, atónita, el shock reemplazando el dolor de la traición de Roy.
"Sé que es mucho que asimilar," continuó Máximo, su agarre firme. "Pero no te dejaré sola. Este niño es mío, y yo me haré cargo de ambos. Cásate conmigo, Lina. Te prometo que te cuidaré, a ti y a nuestro hijo. Te daré el amor y el respeto que Roy te ha negado."
En ese momento, devastada y humillada, vi en Máximo a un salvador. Un hombre honorable que se hacía responsable. Acepté. Nos casamos en una ceremonia improvisada y silenciosa, con el eco de la boda que nunca fue todavía flotando en el aire. Creí que había encontrado un amor verdadero en medio de la mentira.
También te puede gustar





