Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Nivel Cero Amor Parte 2

Nivel Cero Amor Parte 2

Lucía Vega y Bruno Ortega han desafiado la regla fundamental de Nivel Cero Amor al entregarse al romance. Su insurrección ha alertado al implacable analista Julián Iriarte, quien ahora los persigue para aniquilar su alianza secreta. Esta rebelión no solo ignora las normas, sino que pone en riesgo la estabilidad del sistema vigente. En medio de un conflicto emocional y táctico, la pareja entiende que la única salida es demoler la realidad que los oprime.
Capítulos
Compartir

Capítulo 1

Lucía no durmió esa noche.

Tampoco lo intentó. Se sentó en el borde de su cama durante horas, con las piernas cruzadas y las manos apretadas entre sí, mirando fijamente la puerta cerrada de su habitación, como si esperara que algo -alguien- la atravesara de un momento a otro.

El aire reciclado olía a ozono y metal. Ese olor característico de los espacios sellados, donde hasta el silencio se sentía artificial. El reloj marcaba las 02:58. La pantalla de su tablet seguía encendida, proyectando un código incompleto sobre su escritorio. Nada más que una excusa para distraerse, para sentir que aún tenía control.

Pero no lo tenía. No desde hacía semanas. O tal vez nunca.

Bruno dormía a dos módulos de distancia, probablemente ajeno a la decisión que ella había tomado en silencio. Le había prometido que esperaría, que se mantendría dentro del plan. Que no haría movimientos imprudentes. Pero en su interior sabía que eso era mentira. O peor: una traición disfrazada de estrategia.

Pero esta vez, no se trataba de tácticas.

No era una misión.

Era personal.

Lucía se levantó cuando el cronómetro interno marcó el ciclo ideal. Sabía que las cámaras de seguridad del corredor del lado este tenían una micro interrupción de enfoque durante los protocolos de mantenimiento de las 03:40. Un detalle técnico que parecía irrelevante para cualquiera... menos para alguien que llevaba semanas buscando grietas.

Se movió rápido, como lo había entrenado durante años: pasos calculados, rostro neutro, espalda erguida. Ropa funcional, sin marcas. Se recogió el cabello en una trenza alta y metió un microdispositivo en el bolsillo interno de su bota izquierda, justo debajo del tobillo. Todo estaba medido. Todo menos la aceleración irregular de su corazón.

Mientras caminaba, repasó mentalmente la frase que repetiría si era interceptada: "Revisión de protocolos de respaldo, código OR-17, área Omega". Tenía la autorización adecuada. Una que había forjado días atrás con acceso temporal. Lo bastante limpia, como para pasar un escaneo superficial. Lo bastante sucia, como para volverse incriminatoria si alguien miraba de cerca.

El ascensor al Nivel Omega tardó once segundos en activarse. Suficientes para arrepentirse. Suficientes para escapar.

Pero no lo hizo.

La sala de respaldo de datos estaba vacía, como esperaba. Luz baja, paredes de acero anodizado, una consola secundaria encendida en modo espera. La interfaz parpadea en azul pálido. Había algo inquietante en el silencio de esa sala. Como si el sistema entero contuviera la respiración.

Lucía conectó el dispositivo y esperó. El archivo comenzó a transferirse: patrones de acceso manipulados, desvíos de tráfico interno, pruebas circunstanciales de un complot que aún no tenía nombre... pero sí rostro.

El suyo.

El de Bruno.

El de todos los que alguna vez pensaron que podían amar sin pagar el precio.

-Carga en curso: 34% -leyó en la pantalla, en voz baja, casi como un rezo.

Sintió el pulso en los dedos. En la base del cuello. En las sienes.

Respira. Mantén el control.

"Es por nosotros", pensó. Pero al mismo tiempo, supo que eso ya no era cierto.

Lo hacía por ella.

Por la Lucía que dejó de existir el día que aceptó ser parte de un sistema que le prometía estabilidad a cambio de silencio. Por la joven que una vez soñó con marcar una diferencia. Y por la mujer que ahora entendía que sobrevivir no era lo mismo que vivir.

-Sabes que, si haces esto, ya no hay regreso.

La voz no fue un disparo. Fue un estruendo. Como si ya hubiera esperado escucharlo.

Lucía giró lentamente. Lo supo antes de verlo.

Julián Iriarte.

Estaba apoyado en el marco de la puerta, sin armas, sin acusación directa. Solo observándola con esa expresión casi clínica, como si ella fuera un fenómeno a estudiar. Había algo en su postura que no era amenaza, pero tampoco consuelo.

Era advertencia.

-Ya crucé la línea hace mucho -respondió Lucía, con una serenidad que no sentía.

Julián no se movió.

-Pensé que sería él quien lo haría primero.

Lucía no dijo nada.

-No lo culpo. Lo entrenaron para la obediencia. A ti... te entrenaron para resistir -agregó con una sombra de melancolía en la voz-. El error fue pensar que no lo notaremos.

La pantalla detrás de ella parpadeó.

-Transferencia completa. Datos asegurados.

Lucía retiró el dispositivo y lo guardó sin apuro. Miró a Julián con más preguntas que respuestas, pero eligió solo una:

-¿Vas a detenerme?

Él la miró durante un segundo más largo de lo necesario. Luego negó, apenas.

-No hoy.

Silencio.

-¿Por qué?

-Porque alguien me miró así, una vez -dijo, con una voz que tembló, casi imperceptible-. Y no pude hacer nada por ella.

Lucía no preguntó quién. No hacía falta.

Lo supo en sus ojos. En ese cansancio antiguo que no se cura durmiendo.

Cuando Julián se fue, la sala pareció volverse más grande. Más vacía. Lucía se quedó ahí unos segundos más, procesando lo que acababa de hacer. No se sentía heroica. Ni liberada. Se sentía... real. Por primera vez en años.

Ya no era parte de la maquinaria.

Ya no estaba obedeciendo.

Había tomado una decisión. Consciente. Solitaria. Irreversible.

Y con eso, había sellado su destino.

No lo entiendo. No del todo.

No sé si vino a salvarme o a advertirme. Si me dejó ir por compasión, por estrategia... o porque en algún rincón aún le queda una chispa que recuerda lo que se siente estar del otro lado del miedo.

Vi algo en sus ojos. Algo roto. Algo que no se recompone con tiempo ni con lógica. Lo vi temblar por dentro. Fue solo un instante, apenas un latido, pero estaba ahí. Y me pregunto si en otra vida, en otro momento, Julián Iriarte habría sido alguien en quien confiar.

Quizás por eso me dejó pasar. Porque en mí vio a la mujer que él no pudo proteger.

Porque creyó que yo sí podría escapar.

¿Pero escapar de qué? ¿De NCA? ¿De este sistema infectado de lealtades falsas? ¿De Bruno? ¿De mí misma?

No estoy segura de nada.

Solo sé que crucé la línea. Y ahora lo sé con una certeza brutal: no hay regreso. Ni para mí, ni para él, ni para nosotros -si es que ese "nosotros" todavía existe.

Y sin embargo... cuando me miró, por un instante, no me sentí sola.

Me sentí vista.

No como una amenaza.

No como una ficha más.

Sino como alguien que eligió pelear.

Y eso, en este lugar, es lo más peligroso que se puede ser.

Camino al ascensor, pasó junto a un espejo de seguridad. Se detuvo un instante. Se miró.

No reconoció a la mujer que le devolvía la mirada.

Pero sí la respetó.

También te puede gustar

Portada de la novela Castillo Emergente
8.3
El mundo cambió drásticamente en 2012 cuando un castillo de proporciones épicas surgió para cubrir la mitad de la Tierra. Décadas después de este suceso que alteró el destino humano, un joven decide aventurarse en sus misteriosos dominios impulsado por una curiosidad insaciable. Su travesía no solo revelará los secretos de la edificación, sino la aterradora realidad de una estructura diseñada específicamente para consumir su propia existencia.
Portada de la novela El pecado de la santa.
8.3
Alessandro Santoro y sus hijos llegan a un convento en Sicilia sedientos de justicia. Alejandra, su hija, enfrenta un destino cruel: está embarazada a pesar de su castidad. Un examen médico revela una verdad aterradora; fue víctima de una inseminación forzada durante un asalto previo. Al descubrir que la joven fue usada como incubadora humana, la furia de esta familia mafiosa se desata. Bajo el sol italiano, los Santoro juran que los culpables pagarán por tal pecado.
Portada de la novela Escuché su mente: El arrepentimiento del Don
8.4
Elena sobrevive gracias a su capacidad de leer pensamientos, pero un secreto de su esposo, el líder mafioso Dante, la empuja a huir hacia Cancún. Tras solicitar el divorcio, la joven descubre que los supuestos deseos de él por otra mujer eran una fachada. En realidad, Dante agoniza por dos disparos tras desatar un conflicto letal para mantenerla a salvo. Arrepentida, ella decide regresar y luchar por rescatar al hombre que sacrificó su vida por protegerla.
Portada de la novela Kill or Die
8.3
La famosa escritora Alessia decide dar un giro drástico a su carrera tras romper con León, su pareja de una década. Al revelar su identidad y escribir una oscura novela de fantasía donde su exnovio es el villano, la ficción se vuelve realidad de forma inexplicable. Atrapada dentro de su propio libro, ahora ocupa el rol de una simple extra. En un entorno hostil donde el destino de cada personaje es perecer, ella debe luchar por sobrevivir a su propia creación.
Portada de la novela La atracción fatal del mafioso.
9.6
Ariane posee un valor excepcional, algo que queda demostrado al enfrentarse a Auracio Ferrari. El peligroso mafioso, habituado a infundir terror, se siente fascinado por esta mujer que ignora sus tácticas de intimidación. Esta insólita rebeldía desata en él un deseo posesivo y oscuro; está resuelto a conquistarla a cualquier precio. Auracio no tolerará competencia y destruirá a todo aquel que intente interponerse en su obsesión por dominarla.
Portada de la novela La mafia del corazón
7.8
Valen llega a Palermo buscando un nuevo comienzo, pero su destino se entrelaza con la Cosa Nostra al hacerse amiga de B. Pronto atrae la atención de Nicola, el enigmático heredero de la organización, cuya obsesión por ella no tiene límites. Atrapados en una guerra sangrienta entre clanes rivales, la pareja enfrenta una red de engaños y secretos familiares. Para proteger su vínculo, deberán decidir si traicionan su legado en un letal juego de control.