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NI EN LAS CURVAS, JEFE

La fisioterapeuta Tania asume el desafío de rehabilitar a Hans, un reconocido piloto de carreras cuya movilidad quedó truncada tras un grave accidente. Aunque él desea volver pronto a las pistas, su soberbia genera constantes roces con la determinación de la joven. Sin embargo, una noche de alcohol rompe sus barreras defensivas, transformando la hostilidad en una atracción irresistible. Entre sesiones de terapia y una tensión creciente, surge un romance que ninguno de los dos esperaba.
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Capítulo 2

Hans no recordaba donde estaba, había pasado unas horas desde que había salido volando por la pista, no recordaba nada más.

— ¿Que hago aquí? — dijo cuando despertó.

Su madre estaba ahí frente a él, su rostro cansado le preocupo un poco, sus hermanas corrieron a su lado, estas estaban igual que Lya, lloraron al saber que había vuelto.

— Hijo, no te preocupes, llamaré al médico — dijo entre lágrimas, este no entendía en lo absoluto y frunciendo el ceño se quedó ahí, miró a las enfermeras correr, todas lo comenzaban a analizar.

— ¡Suéltenme! — dijo él, estaba nervioso y no quería que lo tocarán, sin medir su fuerza, quito a una de las chicas que intentaba revisar su brazo.

— ¡Déjenme! — grito, asustando a todas las mujeres en la habitación.

El doctor llegó enseguida y con un temple igual de fuerte lo calmó.

— Tuviste un accidente y estás aquí por eso — le dijo, estaba teniendo un poco de tacto, habían pasado casi un mes desde que había caído en coma.

— ¿Llevó un mes aquí? — preguntó totalmente asombrado por lo ocurrido, recordó un poco de cuando llegó.

Un mes antes, en la competencia.

— ¿Si me subo unos puntos lo rebasó, no quiero perder ante ese maldito francés — dijo cuando vio que el primero en la tabla era Ryan?

— No creo que le ganes la verdad — dijo su entrenador, llevaban teniendo diferencias desde hace algunos meses, luego de que este ganara el gran Prix y se coronara como el mejor, pero su arrogancia y la poca disciplina estaba pasando factura y ahora estaba en muy malas condiciones para ganar esta vez.

— No hagas una estupidez — le dijo nuevamente, algo en él le advertía que nada saldría bien.

— No me digas que hacer, se lo que debo hacer — dijo poniéndose su casco y arrancando su motor.

Tan solo fue que pasarán unos minutos, cuando Ryan comenzó a ganar ventaja, algo que hizo enfurecer a Hans, dos vueltas y su neumático se dañó, volvió a donde su equipo para el cambio y salir nuevamente, pero no espero a que uno ajustará bien la llanta, la ventaja de su enemigo era grande.

No quería fracasar, se sentía un idiota por dejar que en la temporada este fuera el que mandara, no quería darle la razón a la prensa que lo había estado destrozando por su mal desempeño.

Tomó fuerza y aceleró, pero su carro comenzó a tambalear un poco de lado a lado, iba a tanta velocidad, que era I posible frenar a tiempo, justo cuando su llanta salió volando y su carro se estrelló contra el muro de la gradería, llevándose la malla, algo que nunca había pasado en los últimos años.

Hans sintió que su vida se estaba acabando, cerró los ojos y todo estaba a oscuras.

Desde ese día, todo había cambiado para muchos, había sido uno de los episodios más dolorosos del mundo automotriz.

— ¿Recuerdas algo? — le preguntaron algunos médicos en la habitación en la que lo habían pasado, era un verdadero milagro al ver que este había vuelto a la vida, no creían que ocurriera, tenía fracturas en muchas partes del cuerpo.

Tenía ganas de orinar, así que pidió ayuda para poder levantarse.

— No siento mi pierna — dijo y los doctores se quedaron mirándose preocupados, habían hecho una cirugía en la que los ligamentos tuvieron que ser reparados.

— ¿Que mierda me pasa? — preguntó enojado y con algo de miedo.

— Es normal que algunas personas se sientan que sus extremidades no funcionen correctamente, lo que hicimos fue una reparación y el tiempo en el que sanará puede tardar, así que ten paciencia — aquello le causa a bastante enojo, sacó a todos de su habitación, incluso a su madre.

En cuestión de minutos había acabado con su carrera.

Los días pasaban y este seguía igual, no hablaba con nadie, incluso había pedido que nadie entrará en su habitación.

— Hijo, por favor, háblame — le dijo y este se quedó pensando, no la quería cerca, quería lidiar con esto solo.

— Vuelve a casa — le dijo y está, aunque insistió, solo recibió rechazo de su parte.

— La recuperación será lenta, estarás cuidado de los mejores — dijo su entrenador, sabía que este no hablaría, así que con sólo eso dicho, se marchó.

Hans había perdido todo en ese momento, se sentía vacío y totalmente inservible, esa era su manera de verlo, sabía que para mejorar tardaría muchos años, su intención de ser nuevamente el mejor era algo que no pasaría, esa era su única preocupación, su ambición era lo que lo había llevado a la situación que estaba atravesando.

Los meses pasaron y Hans no recuperaba ni un poco la movilidad de aquella pierna, usaba la silla de ruedas para todo, estaba resignado a perderse en el alcohol, aun cuando su doctor le había advertido que debía dejarlo por los medicamentos, contrarío a eso, había cancelado el suministro de estos, prefería el licor que cualquier pastilla que lo ayudara a sanar, se sentía derrotado y bastante enojado, nunca se imaginó que su carrera terminaría así.

Se había aislado de su familia, estos estaban en otro estado y aunque les doliera, sabían que con él era realmente imposible.

— Necesito que avances — le dijo su entrenador aquella mañana, estaba cansado de verlo sacar a los mejores fisioterapeutas del mundo, la compañía estaba dudando de él, pues el dinero que seguían invirtiendo era exorbitante y la evolución no existía.

— ¿Que mierda sucede contigo? — preguntó aún más enojado, este solamente le ignoraba, no quería hablar al respecto de lo que había sucedido y esperaba que este en algún punto reaccionará.

— OK, tu contrato terminará en un año, espero que por fin te comportes como un maldito adulto y realices un cambio o toda tu carrera se irá a la mierda — le dijo y se marchó, toda su intención de ayudarlo parecía llegar a su límite, no tenía paciencia para ello, estaba cansado de su actitud.

Su esperanza era nula, sabía que si perdía ese último contrato su vida se iría al carajo, ¡más!

Organizo una fiesta con varios compañeros, algunos influenciadores y un sin fin de mujeres, si tenía que ponerse nuevamente juiciosos, se daría la mejor fiesta de su vida.

— Hermano, pensé que no vendrías — le dijo Hans a Michel Ware, este era un chico bastante joven, había hecho una fortuna con los stream deportivos, la gente lo adoraba y en su mundo igual.

— Hans, es un gusto verte hermano, ¿cómo va la recuperación? — le preguntó, sabía que estaba bastante mal de hecho, pero no iba a decirlo, así como así.

— Ando en la búsqueda de un fisioterapeuta para mi equipo, esta vez estaré mucho más pendiente de esto, debo volver a la pista — dijo con un poco de molestia, llevaba días buscando a alguien que se mi diera a trabajar con él, nadie quería.

— Pensándolo bien, te diré que tengo la persona perfecta, mi hermana ha trabajado con deportistas de la NBA, es una dura con eso, si quieres le haces una entrevista y decides — le dijo este, quizás era un buen cliente para que su hermana volviera a despegar.

— ¿Con que compañía trabaja? — le preguntó.

— Ahora con ninguna, decidió hacerse camino por su cuenta — le dijo y Hans frunció el ceño, era difícil lograrlo de esa manera.

— Mándame su información, lo pensaré — dijo y siguió con su fiesta, luego organizaría lo de su pierna.

EN OTRO ESTADO...

Había pasado un año desde que decidió dejar de trabajar en aquella empresa que le brindó la oportunidad de comenzar su carrera, la razón radicaba en aquel nuevo jefe que había llegado a cambiar todo y les había dejado por fuera de los grandes proyectos solo por ser mujeres.

Recordó lo sucedido aquel día.

— ¿Por qué no me asignaste a uno de ellos y a Rachel el otro? — le pregunto, este estaba aburrido de verla siempre alegar, así que la miró y siguió trabajando como si no hubiese nadie.

— Te habló a ti, imbécil — le dijo aún más enojada y este giro su rostro rápidamente, estaba sorprendido.

— Por la sencilla razón, que los clientes se entenderán mejor con un hombre, tú y Rachel ya tienen obligaciones, no pidan más, su sueldo es bien remunerado, no entiendo la pelea que ha montado hoy — respondió ofuscado.

— Eres un maldito machista, sabes que las mejores aquí somos nosotras y aunque este negocio se venga encima por estar colocando a niñatos como Graham, no te importará, porqué jamás, pondrás a una mujer en un puesto importante, así que renunció — dijo totalmente seria, aún no podía creer lo que había dicho.

— Perfecto, entregarme tu dotación y vete, de consejo te digo, no busques en ningún lugar conocido, sabes que no te aceptarán y con una llamada mía, menos — le dijo enojado, no la quería volver a ver, así que la dejó sola, esperaba que se fuera pronto.

Ahora un año después Tania estaba desesperada, no había encontrado nada, absolutamente nada y como había dicho su ex jefe, le dejo sin cartuchos, ninguna organización la contrataba, después de pensar que desde su salida de la universidad tenía una vida completamente hecha, ahora tenía que comenzar de nuevo y se sentía perdida, podía regresar a casa y ahorrar dinero, pero era algo que no quería hacer, no porqué sus fuesen malos, pero tenía una meta clara y no quería volver al pasado.

— Hermana — le escribió por WhatsApp, Michel estaba emocionado, quizás fuese este el momento perfecto.

— ¿Sí? — preguntó, estaba revisando los recibos que comenzaban a llegar, el maldito de su ex jefe se estaba haciendo el idiota con su dinero, después de un año, no terminaba de pagarle todo lo que le debía.

— Quizás hay un trabajo para ti — le dijo y está se activó enseguida.

— Dime más — le pidió.

— Hans Lancer Smith — le dijo y se quedó en silencio, sabía los comentarios sobre sus anteriores físicos, este era un cliente bastante crítico y también recordaba lo que había pasado aquella noche de fiesta.

— ¡Nooo, ese hombre es un idiota, mira lo que ha hecho en un año después de su accidente, solo pasan noticias de sus borracheras, incluso, no ha cambiado la silla por algunas muletas, es un cliente que no quiere avanzar y es un reto, si me despide, mi hoja de vida estará peor! — dijo con preocupación.

— Quizás puedes lograr lo que otros no, piénsalo, no tienes mucho que perder, tu ex jefe ha dejado tu carrera sepultada — le contestó y está se quedó pensando.

Su teléfono sonó, un número desconocido.

— Hola, ¿con quién? — dijo ella con desenfado, estaba en el sofá viendo algo de tv.

— Hola, habla Hans Lancer Smith —.

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