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Portada de la novela Navidad en Greensfield

Navidad en Greensfield

Cinco amigas encaran una Navidad empañada por cicatrices emocionales. Abby sufre su orfandad y Jude afronta la maternidad soltera tras un abandono cruel. Hanna desprecia la hipocresía festiva, mientras Max se evade en el empleo tras una traición y Tania intenta sanar su viudez por su pequeño. Entre la melancolía y el desengaño, este grupo de mujeres intentará hallar el camino hacia la sanación y comprobar si las segundas oportunidades en el amor son posibles.
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Capítulo 3

A la hora del almuerzo, Thomas me llevó hasta su camioneta y luego de quitarle el seguro, abrí la puerta y me adentré en el cómodo asiento. Me puse el cinturón y Thomas me imitó. En segundos estábamos de camino a buscar a la señora Grayson.

Thomas puso algo de música y yo simplemente lo miré.

—¿Te siguen gustando las canciones de los 70´s.

—Nunca pasan de moda. — Creo que era lo único que teníamos en común.

—¿Qué otras ideas tienes? Pienso que dejar al rey y a la reina de la villa, sería algo muy lindo, sabes que siempre hay gente que le gusta la atención.

—Eso no te lo niego. — Sonreí levemente. —Bien, supongo que lo dejaré. Estaba pensando en una cabina de fotos, los chicos ven eso como algo aesthetic.

—No acabas de decir eso. — Me causó gracia y no pudo evitar cubrirme el rostro gracias a su expresión.

—Así dicen los chicos de ahora o me equívoco.

—Pero tú ya tienes 30.

—En físico, me siento como un joven por dentro.

—Ya claro, no me digas que sales con quinceañeras porque si no te mato ahora mismo.

—Oye, no soy un pervertido de ese nivel. — Parecía ofendido, pero pronto me mostró su rostro sonriente.

Minutos más tarde, estábamos frente a la casa de la señora Grayson, tocamos un par de veces y ella salió de inmediato vistiendo un delantal con un muñeco de nieve al frente.

—Señora Grayson, buena tarde.

—Oh querida, que bueno verte. — Se acercó a darme un fuerte abrazo que yo devolví con ganas.

—Digo lo mismo, extrañaba verla, además le traigo una sorpresa. ¿Recuerda a Thomas Tristán? — La mujer le dio una mirada al rubio a mi lado y sonrió ampliamente.

—Por supuesto, el pequeño y travieso Tommy, que bueno verte querido. — Lo abrazó con la misma fuerza que a mí. —Que bueno verlos juntos, sabía que terminarían saliendo. — Miré a Thomas con espanto.

—¡Qué! No, señora Grayson no…

—Que bueno verla señora Grayson, me alegra mucho. — Interrumpió el rubio. Lo miré con los ojos entrecerrados mientras el sonreía del lado.

—Pasen, niños. Adelante. — Grayson me ignoró y caminó detrás de la señora. Puse los ojos en blanco y luego entré cerrando la puerta detrás de mí. Ella nos llevó hasta la cocina y ahí nos ofreció un poco de té.

—¿Qué los trae por aquí niños?

—Bien, veníamos a ofrecerle un trato. — Sonreí. —Thomas se está encargando de reabrir la villa navideña y queremos que negocios pequeños, como el suyo, aprovechen a vender en el gran evento. — Ella nos miró con una sonrisa.

—¿Es en serio? — Noté que se sonrojaba, tal vez era por la emoción. —¿De verdad me darían ese tipo de oportunidad?

—¿Por qué no? Puede trabajar con el señor Henderson para las bebidas calientes combinadas con sus deliciosas galletas de jengibre. — La mujer parpadeó varias veces y luego asintió.

—Claro, me parece perfecto.

—Bien, deme su número y estaremos en contacto para que pueda tener una reunión con el señor Henderson.

—Claro querido, no es nada. Les agradezco la oportunidad. — Charlamos un poco más y luego de eso salimos de la casa con una sonrisa. Sin embargo, al vernos la sonrisa desapareció.

—¿Por qué no le dijiste que no somos pareja?

—De qué sirve. Ella se metió esa idea. De todas formas, no nos afecta.

—¿Y si corren la voz?

—Lo dudo mucho, media población en Greensfield sabe que no nos soportamos. — Suspiré. Esperaba que tuviera razón. —Ahora vamos, debemos volver a la construcción.

(…)

Una semana había pasado y ya tenía formado el inicio del reportaje. Honestamente me había servido bastante haber ido todos los días a la remodelación, y no había sido tan malo que Thomas dirigiera aquello después de todo.

Le llevé un pequeño borrador a mi jefe y quedó impresionado.

—Encontraste la noticia perfecta.

—Lo sé. La remodelación de la villa implica muchas cosas. Abrirá el 15 de diciembre y pienso que hay mucho por hacer, los trabajadores incluso lucen entusiasmados con este proyecto.

—Hasta tu lo pareces. — Sonrió y yo no pude evitar sonrojarme. —Me gusta, sigue con la historia. Espero ver algo increíble para el 23 por favor.

—Claro, lo haré.

Al salir de la oficina recibí un mensaje de Larissa, la madre de Max. Me pedía que la viera en su casa ya que necesitaba hablar conmigo sobre algo importante. En cuanto terminé de trabajar las otras notas pendientes, salí directo a la casa de Max.

Ya que yo tenía llaves no tuve que tocar y en seguida fui recibida por Hudson, el Golden de Larissa.

—¡Linda! Me alegro de que vinieras. — Me abrazó con fuerza mientras yo le devolvía el gesto. Pasamos a la sala y ahí me quité mi abrigo y mi bufanda.

—Sé que no debería molestarte, pero es que tengo una emergencia.

—¿De qué se trata?

—Verás, Max no podrá ayudarme con la recaudación de juguetes para los niños, ya que tiene que dormir algo por el turno que debe terminar. Solo será por la mañana, ¿podrías? — Lo pensé un poco, la verdad no necesitaba ir a la oficina hasta terminar con el reportaje, lo cual me daba cierto chance.

—¿A qué hora me necesitas?

—A partir de las diez.

—Bien, solo iré a tomar unas fotos a la villa y llegaré a ayudarte.

—¿En serio? — Preguntó emocionada yo le sonreí y tomé sus manos con suavidad.

—Haría lo que sea por ayudar Larissa.

—Esa es mi chica. — Escuché que sonó algo en la cocina y ella se levantó con violencia. Entonces el sonido del timbre hizo que desviara mi atención.

—¡Yo abriré! — Le grité. Me levanté y en cuanto estuve en frente, abrí la puerta encontrándome con unos ojos avellana que conocía muy bien.

—¡Pequeña Abby!

—¿Hola? — Me hice a un lado y lo dejé pasar. Thomas me miró con extrañeza.

—¿Qué haces acá?

—Tu madre me mandó a llamar.

—Claro. — Sonrió. Entonces Larissa apareció para abrazar a su hijo con mucho amor. Fue una escena conmovedora, aunque yo lo odiara, seguía siendo el hijo querido de Larissa.

—Que bueno que viniste hijo, creí que no vendrías.

—Lo prometido es deuda.

—Al menos tengo a dos de mis hijos aquí. Max sigue evitando venir con su excusa de siempre, tengo mucho trabajo. — Sonreí levemente. Comprendía muy bien a Max. —Ayúdenme en la cocina, la cena está lista.

—Ah yo…

—No me des excusas tú también Abby. — Me miró con sus ojos de cachorro. Miré a Thomas quien me veía con diversión. Sabía que me arrepentiría de esto.

—Bien, vamos.

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