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Portada de la novela Mycalyna - La reina del Este

Mycalyna - La reina del Este

Ciertos hilos del destino logran unir almas más allá de la lógica y lo físico. En un mundo paralelo, una cultura mística habita en equilibrio con la magia y la naturaleza, disfrutando de una vida extensa. No obstante, el misterio surge al descubrirse su conexión vital con la Tierra. Mientras las profecías cambian, dos dimensiones se cruzan y linajes antiguos se fusionan para sellar un legado eterno donde el amor y el poder absoluto convergen.
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Capítulo 2

Las tareas del instituto eran aburridas, no porque sean difíciles, al contrario, eran demasiado fáciles y en cuestión de minutos las resolvía, eso me dejaba sin hacer nada el resto del día. Vivía con mi abuela, quien no dejaba de alabarme por mi intelecto, suele decir que solo era por quien soy. Cuando sufrí esos cambios hace un par de años hasta el intelecto aumentó. -Con la mente encendí el iPhone.

Suelo obedecer las normas impuestas por ella, la rutina diaria; esperar cada tarde su regreso de la floristería para comenzar el entrenamiento. No veía la hora de terminar la preparatoria, curso el último año, una vez me gradué. Quiero irme, en ocasiones creo que la ciudad no era para mí. Dice que en cualquier parte del planeta pasará lo mismo, y la razón era por mi alma la cual no pertenece a la Tierra. Por momentos le creo, hay algo dentro clamando irse. Según dice, era mi alma, aunque aún cuestiono ese concepto.

El mundo para mí se reduce a unas cuantas cuadras a la redonda; La escuela a cuatro cuadras, el supermercado a dos, la floristería a seis, la casa de Sharon a ocho, lo único lejos era el centro comercial al cual nunca puedo ir sola. Vivo en una casa colonial de amplias habitaciones, sobria, demasiado blanca para mi gusto. Para la abuela no existía otro color.

En la preparatoria... No era la más popular, al contrario, en edad soy la más joven y sabelotodo de la clase, para muchos era una molestia. Tales acontecimientos me hacían receptora de palabras ofensivas; una mala señal para conseguir amigos, solo he tenido a una amiga, con ella basta y sobra.

Por ciertas capacidades nada humanas he generado ciertos problemas de personalidad. Cuando entreno le creo a la abuela de no ser del planeta Tierra, aunque por momentos sentía una gran confusión. Discuto con ella por el mismo tema. Siempre hemos vivido aquí una vez me recogió en el hospital, cuento con una sola amiga.

Por el intelecto fui promovida un par de años, ahora estudio con los chicos grandes del último año, mientras Sharon cursaba un año menos. Soy menor por una diferencia de cuatro meses, además soy la única del salón con diecisiete años recién cumplidos cuando el promedio era de diecinueve en adelante.

Siempre he sido el polo opuesto a Sharon. Por culpa de los complejos generados por años, recibiendo bullying a causa de gordura hasta que cumplí los quince, además con brackets, si se le suma ser una devoradora de libros... ese conjunto de eventos creó una personalidad tímida ante la gente. Sin embargo, por dentro recreaba a una gran líder, una mujer aguerrida. Por mi aspecto físico, no era nada del otro mundo, una castaña oscura en las largas filas de mujeres similares con la variante de unos ojos verdes claros. Eso sí, me parece bello en mi rostro.

Siempre me había parecido triste ver como un lugar construido con el fin de formar personas, puede forjar el carácter del individuo para bien o para mal. Los niños suelen ser en muchas ocasiones una antesala al infierno, sobre todo para los que no cumplen con el prototipo comercial infundado por la televisión. Si eres gorda sales del contexto y pasas a ser una burla, igual pasa si eres fea, muy delgada o con un defecto físico, desde pequeños nos hacemos daño y era más triste comprobar que la mayoría de los niños solo eran el reflejo de la educación de sus padres.

En las escuelas ya no educan sobre valores, se ha perdido o no fomentan el respeto por el prójimo, hablan de ello, pero no lo ponen en práctica. Sería diferente si en vez de enseñarnos cálculo, química o física, educaran el respeto a los padres, el significado de la palabra, lo importante de cuidar tu imagen. Se debería tener posgrado en valores, si profundizaran en el trato amigable entre seres humanos, no vivirían como lo hacen actualmente.

La abuela sugería congeniar más con los compañeros, el problema conmigo era que no encajaba con nadie, salvo con Sharon, mi única amiga. La llegada de ella hizo la diferencia para mí, la siento como una hermana.

Después del cambio en mi cuerpo, donde metabólicamente en cuestión de tres meses bajé de peso, ahora era delgada, no obstante, no he dejado de utilizar la ropa ancha para ocultar la figura. Usé lentes por un tiempo en la niñez y adolescencia. En el primer cambio físico, no me volví loca gracias a la abuela. Desde pequeña había sido sometida a un riguroso entrenamiento para desarrollar mis capacidades telepáticas, psíquicas y potencializar mis dones, tengo una vista de halcón la cual me servía para realizar ciertos ejercicios.

El ser humano puede tener la capacidad mental para curarse de ciertas enfermedades, la falencia radicaba en la no ejercitación de su cerebro, no indagan en el campo cuántico. En mi caso, mi condición facilita ciertas situaciones: podía mover objetos, no era una mujer enfermiza. Aun así, carezco de otras capacidades, la principal la confianza en la gente. Solo tenía dificultad para integrarme. No he asistido a las fiestas de la escuela porque nadie me ha invitado. Hace poco adquirí un nuevo apodo, «cerebrito insípido», e ir a los cumpleaños de Sharon no cuenta.

Ingresé a la casa a tomar el cargador del reproductor de música, al salir de nuevo a continuar con las tareas, ya que suelo hacerlas en la terraza. Vi un carro de mudanza, se aparcó en la casa de al lado. ¡Ya era hora de ser habitada!, tenía cuatro años abandonada. Sus últimos inquilinos salieron de ella ser un hogar oscuro, era igual a la mía salvo por el color de la fachada, estaba pintada de azul.

La nuestra era de color marfil y el jardín de la abuela era la envidia de los vecinos, la casa de al lado tenía la desolación absoluta, salvo por el inmenso árbol en la entrada ocultando la fachada; por eso se veía oscura. No permite el ingreso de la luz solar, en invierno debe ser terrorífica.

Suspendí mi tarea, me distraje como una verdadera chismosa observando la mudanza. Cada mueble, por más sofisticado, moderno que parecieran no dejaban de ser de mal gusto. Una señora de unos treinta y cinco años más o menos, bajó de una camioneta roja a dar instrucciones al personal.

Les gritaba el tener cuidado. Era de cabello rizado, algo desordenado, medio recogido. También se bajó un señor corpulento, deben ser esposos. Su aspecto era poco particular, si soy sincera, tenían aspecto de no ser buenas personas, nada amigables.

A los tres minutos llegó otro auto, un moderno Audi negro deportivo muy llamativo, -espectacular el vehículo-. Del auto bajó un atractivo joven, de unos veintiún años, tal vez más, parecía ser el mariscal del equipo de fútbol americano. Se pareció a Larry Cooper, aunque el recién llegado era de cabello negro y mi pesado compañero lo tenía rubio. También se le veía una definida su musculatura, vestimenta oscura; una calavera estampada en su camiseta, ojos del mismo color de su cabello.

Las casas estaban muy cerca, las separaba un callejón de arbustos, los cuales hacían de cerca, pero entre cada casa apenas había tres metros de distancia entre mi habitación y la del frente. Mientras el joven escuchó las instrucciones por parte de la mujer, lo detallé, su rostro tenía muchos piercings; en las cejas, labios y orejas. De quitárselos hasta simpático se vería.

Detesto la ropa de ese color desde la muerte de mis padres, quedé con algo de fobia... me recuerdan a los funerales. -No eran muchos los recuerdos que tenía de ellos. Algunos baches del accidente, tenía siete años cuando fallecieron-. Él miró hacia mí. ¡Rayos!, me pilló observándolo con un lápiz en la boca. ¡Genial! Su expresión era inexpresiva, tenía más vida, una piedra a ese par de ojos oscuros como la noche, parecían un pozo profundo.

Incliné un poco la cabeza en señal de bienvenido. -¿Por qué fui tan tonta?- Quedé con el saludo en el aire, por suerte no había nadie, sentí pena de haber sido ignorada. Ese joven ni se inmutó, con una mirada logró hacerme sentir la mujer invisible.

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