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Portada de la novela MORFEO

MORFEO

Kathy Monroe, una novelista neoyorquina atrapada en la monotonía y el insomnio, vuelca su pasión en relatos románticos. Su existencia da un giro radical cuando un hombre de atractivo celestial comienza a aparecer en sus sueños más profundos. La sorpresa es mayúscula al descubrir que su nuevo jefe, un enigmático magnate, es el vivo retrato de su amante onírico. Entre seducciones reales y encuentros nocturnos, Kathy pronto dejará de distinguir la realidad.
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Capítulo 2

Kathy se sentía frustrada. Apagó su nuevo juguete sexual, lo dejó de lado y comenzó a tocarse.

Repentinamente una escena comenzó a formarse en su cabeza solo que en vez de Darren el rostro que la miraba era uno nuevo. Ella no conocía Grecia pero el hombre era perfecto como un Dios Griego. Alto, rubio, apenas bronceado, musculoso, con barba incipiente apenas recortada.

El hombre estaba desnudo y Dios era increíblemente perfecto. Su pene erecto, largo, grueso y venoso. Desvistió con suavidad a Kathy despojandola de su conjunto sexy de lencería.

Luego comenzó a bajar por su cuello, hasta llegar a sus tetas. Se metió una adentro de su boca y empezó a succionar su pezón mientras Kathy sentía que de su vagina salían fluidos, no pudo evitar gemir fuerte. El hombre pasó al otro pecho y siguió mordisqueando su carne, y masajeando sus pechos mientras la tentaba con la punta de su pene. Luego bajó y con una mano abrió sus pliegues, primero metió un dedo y luego dos y comenzó a masajear el punto G de Kathy mientras frotaba con su pulgar el clítoris.

Ella empezó a temblar, entonces el hombre abrió sus labios vaginales y guió si pene hacia allí. La penetró con fuerza y era tan increíblemente placentero, él comenzó a moverse y Kathy estaba cada vez más caliente y cerca de alcanzar el orgasmo...

Mientras la escena apasionada se desarrollaba en su cabeza, sus bragas se mojaban en el mundo real.

Kathy llevó sin darse cuenta la mano a la entrepierna pensando en ese hombre, o soñando con él no sabía bien...esa había sido su primera vez...y luego se había transformado en algo recurrente. Y entonces sus juguetes empezaron a ser muchos más útiles de lo que lo habían sido últimamente.

Y junto con la repentina subida de su libido, aumentó su creatividad.

Kathy era un ser noctámbulo. Quizá era porque había nacido a la medianoche, solía decir su madre Florence. Ella escribía hasta altas horas de la madrugada y dormía hasta el mediodía. Eso era casi cotidianamente.

Ya le había enviado a Samantha Black, su editora de la editorial V.V.World, su último manuscrito. Era una historia de amor ambientada en la época de la secesión "Hasta que el amor vuelva a encontrarnos".

Samantha estaba encantada. Estaba segura, le dijo, que la novela se convertiría en Best Seller rápidamente.

Kathy era al género romántico, lo que Stephen King al género de terror...solo que un par de generaciones más joven por supuesto.

Ella era una neoyorquina nacida y criada.

No había conocido a su padre, su madre era psiquiatra y se había casado hacía unos años con otro psiquiatra compañero de su juventud luego de varias relaciones fallidas.

Desde un primer momento supo que iba a ir a Columbia y escribir novelas románticas. Su aspiración era convertirse en la Danielle Steel de la nueva era y lo estaba logrando, ya habían llevado a la tv seis de sus historias. No era billonaria pero tenía una fortuna en crecimiento gracias a un buen asesor financiero. Un piso en Chelsea en Manhattan, dónde también vivía una colega y compañera de la universidad, June. Lo más parecido que tenía a una amiga. Y su gata Gigi, por supuesto. Una gata de refugio con aires de princesa, largo pelo blanco con un manto gris, ojos amarillos y bigotes largos que siempre miraba a la gente por arriba de la nariz. Aunque no recibía muchas visitas allí ni ella tampoco salía demasiado.

Siempre había sido más bien retraída, casi nerd en el colegio, con un rico mundo interno que la llevó a ser Best Seller con su primer obra "Retrato de un amor de primavera" antes de terminar su carrera. Y de ahí en más todo fue una seguidilla de libros producidos en serie. Uno tras otro. Sin parar hasta ese entonces.

Así como tenía dificultades para socializar, también las tenía para salir. Su última terapeuta la había diagnosticado con una fobia social. Había salido ocasionalmente en la universidad. Y luego cuando comenzó a hacerse famosa con algún que otro autor que conoció en esa clase de eventos obligados a los que iba por Samantha. Con Samantha también se conocían desde el principio de su carrera y aunque no eran intimas amigas, ella la apreciaba bastante y sabía que Samantha también le tenía cariño a su vez. Era ésta quién muchas veces la obligaba a salir a algún evento. Pero la realidad era que Kathy estaba muy feliz en su casa. Hogar dulce hogar, era su frase favorita definitivamente...

Kathy se sentía frustrada. Apagó su nuevo juguete sexual, lo dejó de lado y comenzó a tocarse.

Repentinamente una escena comenzó a formarse en su cabeza solo que en vez de Darren el rostro que la miraba era uno nuevo. Ella no conocía Grecia pero el hombre era perfecto como un Dios Griego. Alto, rubio, apenas bronceado, musculoso, con barba incipiente apenas recortada.

Mientras la escena apasionada se desarrollaba en su cabeza, sus bragas se mojaban en el mundo real.

Kathy llevó sin darse cuenta la mano a la entrepierna pensando en ese hombre, o soñando con él no sabía bien...esa había sido su primera vez...y luego se había transformado en algo recurrente. Y entonces sus juguetes empezaron a ser muchos más útiles de lo que lo habían sido últimamente.

Y junto con la repentina subida de su libido, aumentó su creatividad.

Kathy era un ser noctámbulo. Quizá era porque había nacido a la medianoche, solía decir su madre Florence. Ella escribía hasta altas horas de la madrugada y dormía hasta el mediodía. Eso era casi cotidianamente.

Ya le había enviado a Samantha Black, su editora de la editorial V.V.World, su último manuscrito. Era una historia de amor ambientada en la época de la secesión "Hasta que el amor vuelva a encontrarnos".

Samantha estaba encantada. Estaba segura, le dijo, que la novela se convertiría en Best Seller rápidamente.

Kathy era al género romántico, lo que Stephen King al género de terror...solo que un par de generaciones más joven por supuesto.

Ella era una neoyorquina nacida y criada.

No había conocido a su padre, su madre era psiquiatra y se había casado hacía unos años con otro psiquiatra compañero de su juventud luego de varias relaciones fallidas.

Desde un primer momento supo que iba a ir a Columbia y escribir novelas románticas. Su aspiración era convertirse en la Danielle Steel de la nueva era y lo estaba logrando, ya habían llevado a la tv seis de sus historias. No era billonaria pero tenía una fortuna en crecimiento gracias a un buen asesor financiero. Un piso en Chelsea en Manhattan, dónde también vivía una colega y compañera de la universidad, June. Lo más parecido que tenía a una amiga. Y su gata Gigi, por supuesto. Una gata rescatada con aires de princesa, largo pelo blanco con un manto gris, ojos amarillos y bigotes largos que siempre miraba a la gente por arriba de la nariz. Aunque no recibía muchas visitas allí ni ella tampoco salía demasiado.

Siempre había sido más bien retraída, casi nerd en el colegio, con un rico mundo interno que la llevó a ser Best Seller con su primer obra "Retrato de un amor de primavera" antes de terminar su carrera. Y de ahí en más todo fue una seguidilla de libros producidos en serie. Uno tras otro. Sin parar hasta ese entonces.

Así como tenía dificultades para socializar, también las tenía para salir. Su última terapeuta la había diagnosticado con una fobia social. Había salido ocasionalmente en la universidad. Y luego cuando comenzó a hacerse famosa con algún que otro autor que conoció en esa clase de eventos obligados a los que iba por Samantha. Con Samantha también se conocían desde el principio de su carrera y aunque no eran intimas amigas, ella la apreciaba bastante y sabía que Samantha también le tenía cariño a su vez. Era ésta quién muchas veces la obligaba a salir a algún evento. Pero la realidad era que Kathy estaba muy feliz en su casa. Hogar dulce hogar, era su frase favorita definitivamente... Entonces un día, conoció en línea a Darren y éste puso su mundo de cabeza...

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