Portada de la novela Mis Dos Daddys

Mis Dos Daddys

9.2 / 10.0
En la modern novel Mis Dos Daddys, Melody Roberts busca transformar su realidad tras años de soledad. Al asistir a un evento para Sugar Babies, esta joven enfrenta un mundo de lujo y poder. Una pieza esencial de billionaire romance books y young adult fiction romance books.
Resumen de Mis Dos Daddys
Melody Roberts habita un humilde apartamento, marcada por la soledad tras perder a su padre y sufrir el desprecio de su madre, quien priorizó su nueva boda. Desde los quince años, la joven ha enfrentado la vida sin apoyo, sumida en una existencia austera. Todo cambia cuando decide asistir a una gala exclusiva de Sugar Daddies y Sugar Babies. En este singular evento, Melody intentará dejar atrás su precariedad para transformar su futuro de forma radical.
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Mis Dos Daddys Capítulo 1

.Melody.

Froté mi rostro con ambas manos, dejando escapar un suspiro que sonó mucho más grande de lo que se sentía mi alma. La desesperación se había vuelto un compañero habitual, pero en los últimos días, su presencia se había hecho asfixiante. Justo ahora, el propietario del edificio había notificado un aumento abusivo del alquiler, y dos días atrás, había sido despedida de mi segundo empleo. El costo de la vida —el alquiler, la matrícula de la universidad y, francamente, la necesidad de sobrevivir— se estaba volviendo una ecuación insostenible.

Estudio Gastronomía, una carrera que no solo amo, sino que me obsesiona. Adoro el proceso alquímico de cocinar, la precisión de las recetas nuevas y la sensorialidad de disfrutar un buen plato. Actualmente, solo tengo un trabajo: masajista y terapeuta de belleza en un famoso spa de la ciudad. Aplico masajes relajantes, coloco mascarillas faciales y realizo tratamientos de exfoliación. Mi segundo trabajo, el que perdí, era de camarera en un club nocturno. Fui despedida por la queja sin fundamento de una clienta que, de manera ridícula, le dijo al gerente que yo estaba coqueteando con su novio. Una acusación absurda; apenas si noté la existencia de ese hombre.

En fin, soy Melody Roberts, y esta es la patética —o más bien, precaria— versión actual de mi vida.

—¿Qué sucede, hermosa? Pareces haber perdido tu último billete de lotería —preguntó mi mejor amiga, Samantha, levantando una ceja.

La miré, mi cuerpo respondiendo con otro suspiro agotado.

—El dueño del edificio acaba de subir el alquiler. Justo a tiempo después de que me despidieran del club —jugué sin energía con el sorbete de mi malteada de fresa.

Nos encontrábamos en una cafetería tranquila cerca de la universidad, un respiro mucho mejor que el ruidoso comedor universitario.

—Bueno, nena, no tienes por qué preocuparte. Mañana será el día en el que, si todo sale como debe, ya no tendrás que agobiarte por esas cosas —Samantha bebió su malteada con una calma envidiable.

—Lo sé. Estoy ansiosa, pero... ¿Qué pasa si ningún Sugar me elige? O si el que me elige es... ya sabes, un completo desastre —murmuré, mi voz cargada de la inseguridad que había intentado reprimir.

—No pienses negativamente —Samantha agarró mis manos con firmeza, obligándome a mirarla—. Es cierto, no todos los Sugar Daddys o Babys encuentran la pareja ideal a la primera, pero sé que tú tienes todo para conseguir a alguien tan maravilloso como el mío.

Samantha lleva seis meses con su Daddy. Seis meses es el tiempo inicial del contrato, el periodo de prueba que, al finalizar, puede extenderse por mutuo acuerdo o simplemente concluir. Estoy genuinamente feliz por ella; su Daddy la trata excepcionalmente bien: la consiente, la mima, la adora y, sobre todo, la apoya incondicionalmente en su carrera. Ellos acaban de extender su contrato por tiempo indefinido. La química y el afecto entre ellos son tan evidentes que creo que la posibilidad de que haya algo más profundo que un acuerdo está muy cerca.

Como su mejor amiga y futura Baby, he tenido el privilegio de conocer a su Daddy. Me han invitado a su lujoso apartamento, a cenas sofisticadas y a salidas de compras, aunque a menudo rechazo las invitaciones. No es por envidia, sino porque suelo sentirme como un incómodo tercero en discordia.

Desde que Samantha me confesó que estaba en el mundo del Daddy Kink, quedé impactada. Primero, por la naturaleza inusual del acuerdo y, segundo, porque despertó en mí una curiosidad abrumadora. Pasé horas investigando el DD/LG (Daddy Dom/Little Girl) y el BDSM que a menudo se entrelazaban en este estilo de vida. Cuanto más leía, más me atraía la idea. Mi amiga y su Daddy me han guiado, mostrándome la dinámica de su relación y cómo se comporta cada uno. Es una ayuda enorme, pero sé que observar no es lo mismo que vivirlo en carne propia.

—Gracias por tus palabras, Sam. De verdad que sirven de mucho —le sonreí, sintiendo un leve cosquilleo de emoción a pesar de mis miedos.

—Siempre te animaré, Mel. Así que, ¡arriba ese ánimo! Mañana encontrarás a la persona indicada.

—Mi deseo más profundo... es que uno de mis jefes del spa sea mi Daddy —admití, mordiéndome el labio al evocar la imagen. Eran dos hombres que quitaban el aliento—. Dios, esos hombres sí que están buenos.

—Ni que lo digas. Los dos son espectaculares —Samantha soltó una risita, sus mejillas se sonrojaron levemente—. Aunque, claro, nadie le gana a mi Daddy. Solo espero que consigas uno tan bueno como el mío. Te mereces vivir al máximo y descansar un poco de tantas responsabilidades. Has luchado demasiado sola, te lo mereces.

Asentí, mirando nuestras manos entrelazadas sobre la mesa. —Solo espero que no me toque un loco o un psicópata.

Ese era mi mayor temor: terminar bajo contrato con un hombre cruel, que mostrara una fachada dulce solo para desenmascarar una personalidad abusiva o controladora una vez que estuviéramos formalmente unidos.

—Los dueños de la organización son meticulosos con la selección de los Sugars. Así como ellos deben estar seguros de nosotras, nosotras debemos estar seguras con ellos. Por eso el formulario de inscripción es tan exhaustivo, y los Daddys tienen que pasar por un proceso igual de estricto —explicó Samantha, su voz adoptando un tono de completa confianza—. Esta organización es única y su prioridad es nuestro bienestar. Nos mantienen saludables. Cada mes, debemos ir a un chequeo médico completo, tanto físico como mental.

Hizo una pausa para enfatizar lo siguiente: —La parte mental es crucial. Como sabrás, muchas Babys adoptan una personalidad más tierna, incluso infantil, en la relación. Se nos exige asistir a un psicólogo para asegurarnos de que no olvidemos nuestra verdadera esencia. No importa lo cómodas que nos sintamos en ese rol; debemos ser conscientes de que es una faceta para nuestro Daddy o Mommy, y no para el mundo exterior.

—Es admirable. Tanto los Sugar como las Babys están bien protegidos —dije, sintiéndome mucho más tranquila.

—Lo primordial es la comodidad. Mi Daddy me dijo que los dueños y organizadores de esta comunidad son, a su vez, Daddys. Quieren mantener el orden y el control, para que sea un espacio seguro. Nunca los he visto. Ni en el evento de apertura, ni en el que hacen para celebrar a todos los Daddys y Babys. ¡Te encantará ese evento! Sirven comida deliciosa, y podemos cambiarnos de atuendo conforme avanza la celebración.

—Suena genial y divertido. ¿Cómo fue tu experiencia?

—Fue increíble. Las Babys pueden participar en concursos y modelar para ver quién es la mejor, y se ganan premios. Yo no participé porque era nueva. Puedes comer bocadillos deliciosos y estrenar hasta tres vestidos preciosos. Lo que no me gustó tanto fue el momento en que los Daddys se juntan para charlar de negocios o cualquier cosa, y a nosotras, las Babys, nos ponen en una especie de corral gigante con mantas, almohadas y muchísimos peluches. Ahí podemos jugar, conversar o dormir. Yo solo tomé una siesta, ya que al ser Baby nueva, no conocía a nadie.

—¿Corral? —pregunté, sintiendo un escalofrío de curiosidad mezclado con asombro.

—Melody, en el mundo del Daddy Kink, también existe la temática ABDL (Adult Baby Diaper Lover) y el BDSM. Verás a muchas parejas con ese tipo de dinámicas.

—Vaya, qué interesante de verdad. Es un mundo mucho más complejo de lo que imaginé.

—Tal vez a tu futuro Daddy le gusten esas temáticas. Al mío le atraen un poco de ambas, y te digo que es una experiencia muy buena y excitante si te atreves.

—Me imagino —respondí, con una sonrisa cómplice.

Qué suerte que nadie a nuestro alrededor prestaba atención a nuestra conversación; de lo contrario, nos mirarían como si tuviéramos tres cabezas.

Desde mañana, seré oficialmente una Baby. Mi vida cambiará por completo. Todo será diferente, arriesgado, pero lo hago por mi futuro, por mi paz mental y porque, en el fondo, anhelo esa felicidad y seguridad que el dinero, mi amor por la cocina y mi precario trabajo nunca me han podido dar.

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Tabla de contenidos de Mis Dos Daddys

Ch. 1 Ch. 2 Ch. 3
Ch. 4
Ch. 5
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Ch. 7
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Ch. 9
Ch. 10
Ch. 11
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