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Portada de la novela Mimada por mi misterioso esposo

Mimada por mi misterioso esposo

Tres años después de un parto donde creyó perder a dos de sus trillizos, Eunice halla a otro de sus hijos con vida. Para salvar el legado de su madre, acepta un matrimonio de conveniencia con un apuesto programador. No obstante, las dudas la atormentan: su concepción fue un enigma y su marido guarda un parecido asombroso con un poderoso magnate. Entre identidades ocultas y secretos familiares, ella luchará por descubrir toda la verdad.
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Capítulo 3

Esa pregunta contundente hizo que Leonel se diera cuenta de la crisis inminente, por lo que decidió mantener la boca cerrada. No podía darse el lujo de perderlo todo, especialmente a manos de su hija, cuya mamá ya estaba muerta.

Entonces, un abogado de Grupo Frazier que se encontraba en la sala intervino: "Señorita Moore, su papá tiene razón; esa condición se encuentra estipulada en el documento que su mamá firmó antes de morir. Todo fue notariado, lo que significa que los deseos y declaraciones de su difunta mamá deben cumplirse, de acuerdo con las leyes. Siempre y cuando usted cumpla con los requisitos del testamento, podrá realizar los procedimientos para reclamar su herencia".

El amable abogado respondió con honestidad, revelando así todo lo que Eunice necesitaba saber.

Tras escuchar la explicación del mediador, la joven mujer se sintió aliviada. Leonel y Deanna, por su parte, estaban tan enojados que sus rostros se ensombrecieron.

Sintiéndose mejor con la situación, Eunice asintió hacia el abogado y dijo: "En tal caso, me casaré lo antes posible y me haré cargo de Grupo Frazier".

La joven mujer había irrumpido en la reunión momentos antes, y ahora ya no había vuelta atrás. Habiendo dejado claras sus intenciones, lo único que necesitaba hacer era seguir adelante. Pronto Grupo Frazier estaría a su nombre.

"Será un placer ayudarla a llevar el caso y a realizar los trámites correspondientes", contestó el abogado con un asentimiento.

En respuesta, Eunice sonrió.

Al ver el breve intercambio entre su hija y el abogado, Leonel y Deanna se enfurecieron, ¡ya que eran ellos quienes estaban a cargo de la empresa, no ella!

"¡Bah! Nunca lograrás tu cometido. ¿Quién querrá casarse con una mujer que ya tiene un hijo? ¿Qué tonto se enamoraría de una perra tan patética?", dijo Deanna en tono burlón, pues dudaba que Eunice pudiera encontrar un marido.

Tras escuchar las palabras de su esposa, de repente a Leonel se le ocurrió una idea. Entonces se volvió hacia su hija y, en un tono serio le dijo: "Te daré un día. Si no te casas antes de mañana al mediodía, perderás el derecho a heredar la empresa. Cuando eso suceda, seré el siguiente candidato en línea directa para convertirme en el sucesor. Grupo Frazier me pertenecerá y ya no tendrá nada que ver contigo".

Leonel estaba casi seguro de que Eunice no podría cumplir con su condición en un plazo tan corto y que ningún hombre estaría dispuesto a casarse con una mujer que tuvo un hijo fuera del matrimonio. Y así, Grupo Frazier sería suyo para siempre.

Cuando Eunice escuchó el plazo que su papá le dio, se dio cuenta de que sería casi imposible casarse en un día. Como no estuvo de acuerdo con la condición, comenzó a discutir con Leonel y su esposa.

Pero sin importar cuánto intentara disuadirlos, no había nada que pudiera hacer para que cambiaran de opinión. Al final, aceptó el plazo de mala gana.

Una vez que Eunice salió de la sala de reuniones, se sentó en el área de descanso y comenzó a pensar detenidamente en el asunto.

Lo más importante en ese momento era encontrar a un hombre que estuviera dispuesto a convertirse en su esposo. Supuso que no sería tan difícil porque no le pedía demasiados requisitos a una pareja. Mientras el hombre fuera de buen carácter y estuviera listo para casarse, ella no tendría ninguna objeción. Después de todo, ya tenía un hijo, de cuyo padre no conocía la identidad.

Pero si su plan fallaba y se le acababa el tiempo, ¿qué haría?

Preocupada y enfadada, la joven mujer no dejaba de pensar en una manera de lograr que sucediera un milagro. No obstante, poco después su cerebro se cansó y se quedó sin ideas. Para tranquilizarse, decidió ir a la cafetería que estaba al lado del edificio de oficinas.

Cuando llegó al lugar, pidió una taza de café latte. Con su bebida en la mano, examinó el lugar en busca de un asiento libre. Pero, para su consternación, todas las mesas estaban ocupadas.

Sin otra opción, decidió acercarse a una mesa donde solo se encontraba un hombre.

Como era perfectamente normal que dos extraños compartieran mesa en una cafetería, Eunice se acercó con una sonrisa amistosa.

Luego, cuando se paró junto al asiento vacío, miró directamente al hombre que estaba ocupado escribiendo en su computadora portátil. Agitando una mano frente a él, lo saludó cortésmente. "Hola. Disculpe la interrupción".

Eunice decidió esperar la respuesta del hombre, antes de preguntarle si podía compartir la mesa con él.

Sin embargo, cuando el extraño escuchó su voz, la miró con una expresión fría y sus ojos parpadearon con indiferencia. "Tome asiento".

Eunice se quedó atónita al escuchar la respuesta del hombre.

¿Eh? ¿Acaso ya sabía que quería compartir la mesa con él?

La mujer pensó que ese podría ser el caso, por lo que ignoró el extraño comportamiento del hombre y, felizmente se sentó en la silla desocupada.

En el momento en el que Eunice se acomodó y puso su bebida sobre la mesa, el hombre cerró su computadora portátil y la miró, a la vez que le decía:

"Ya que estamos en una cita a ciegas, déjeme presentarme. Mi nombre es Rodney Lawson y tengo veintiocho años. Trabajo como programador para una conocida empresa de TI. Poseo una casa, un auto y algunos ahorros. Parece muy atractiva y encantadora. En general, estoy satisfecho con su apariencia física. Si está de acuerdo, estoy dispuesto a casarme con usted. La razón principal por la que accedí a venir a esta cita a ciegas es que los miembros de mi familia constantemente me instan a casarme y a sentar cabeza. Si lo desea usted, podemos casarnos lo antes posible". Después de resumir su información personal y pretensiones, Rodney permaneció inexpresivo, esperando la respuesta de Eunice.

Al escuchar el discurso del hombre, los ojos de la joven mujer se abrieron como platos.

De todas las personas con las que podría haber compartido mesa, se sentó con un hombre taciturno que estaba buscando pareja. Incluso actuó como si estuvieran en una cita a ciegas.

Como si fuera un obsequio enviado del cielo, Eunice se encontró con un hombre que quería casarse lo antes posible.

Ese era el escenario perfecto para los dos, porque ambos eran solteros y compartían las mismas necesidades y pensamientos. Dadas las circunstancias, el plan de la mujer de casarse antes del mediodía del día siguiente podría funcionar.

Eunice observó la apariencia de Rodney con detenimiento, mientras sorbía su café.

El hombre tenía un aspecto atractivo y rasgos faciales definidos. Además, su ropa profesional y su aura de confianza en sí mismo indicaban que ocupaba un cargo alto en su empresa. A pesar de su comportamiento frío, era un tanto encantador.

Cuando Eunice volvió a mirarlo a la cara, notó que sus ojos y labios se parecían a los de su hijo Brent. Era innegable que ese hombre era muy apuesto.

Después de algunos segundos de observar a Rodney, Eunice tuvo una buena impresión de él. Llegó a la conclusión de que era un hombre adecuado para casarse. Con eso en mente, decidió seguirle el juego y presentarse.

Después de hacer algunos preparativos mentales, la mujer se enderezó y, con voz agradable dijo: "Hola, mi nombre es Eunice Moore y tengo veinticinco años. Solía trabajar como traductora remota y puedo hablar tres idiomas extranjeros. En estos momentos no tengo trabajo, pero después de resolver un asunto familiar, me emplearé. Referente a su propuesta; primero necesito dejar en claro algunas cosas. A decir verdad, me agrada su aspecto. Podría considerar casarme con usted, pero debe saber que tengo un hijo".

Eunice no tenía la intención de ocultarle nada a Rodney, de modo que le habló con toda honestidad. "Hace tres años me embaracé sin estar casada. Si tiene algún problema con eso, podría entenderlo...".

Antes de que la mujer terminara sus palabras, Rodney levantó la mano para detenerla.

A continuación, con calma dijo: "No tengo ningún inconveniente al respecto. Acepto su pasado y a su hijo".

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