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Portada de la novela MILO BIANCHI

MILO BIANCHI

Milo Bianchi es un hombre italiano que siempre soñó con la paz de un hogar, pero su matrimonio prematuro se convirtió en un tormento que destruyó sus ilusiones. En medio de esa desesperación aparece Maddie, una joven cuya belleza y dulzura transforman su realidad por completo. A su lado, Milo descubrirá finalmente el amor verdadero, comprendiendo que deberá luchar con determinación para proteger su felicidad y dejar atrás el infierno de su pasado.
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Capítulo 2

Madison preparaba la cena para su abuela y su hermana, como era posible que habiendo tenido una madre tan ejemplar, su propia madre no la hubiera querido, su abuela había sufrido mucho por la actitud de su hija.

Pero a estas alturas ya no le importaba nada, no sabía nada de su padre desde que huyó de casa, y desde muy pequeña había aprendido a vivir sin su madre, suspiró algo melancólica, no entendí porque nadie la quería, si era una joven buena, dulce, estudiosa, Tara también era muy estudiosa, una niña buena, a la que siempre había defendido de los maltratos de su padre, prefería mil veces que la lastimarla a ella con 7 años y no a su hermanita que tenía 4 en aquel entonces, pero al parecer nadie las quería excepto su abuela, ni su antiguo novio la quiso, el muy desgraciado le había pegado, y ella no pensaba aguantar eso a nadie.

Sander Mills, era un hombre guapo, de cabello castaño, alto, y ojos claros, pero tenía unos cambios de humor muy drásticos y aunque nunca le había levantado la mano en ese año que habían estado juntos, sí lo hizo unos días atrás y si lo hacía una vez, lo podía volver hacer.

Sabía que su abuela tenía miedo de volver con él, pero ella no pensaba volver con él, aunque al parecer Sander no se iba a dar por vencido, había enviado varios ramos de flores, tarjetas, miles de mensajes pidiéndole perdón.

Siguió con lo suyo, y para luego darse un baño de tina, su abuela, siempre trató de darle lo mejor a ella y Tara ahora que ella trabajaría haría lo mismo por ambas, con 22 años y su carrera ya terminada podía mantener a su abuela y hermana.

Madison se miró en el espejo, sus ojos celestes como el cielo, siempre le habían gustado mucho, a veces eran un celeste claro, otras veces azules, su cabello extremadamente rubio y lacio como el de su madre, según su abuela, era algo que también le gustaba, en realidad se creía hermosa, pero él físico no lo era todo, en especial cuando se parecía tanto a los seres que no la habían querido, sus ojos eran igual a los de su padre, y tanto su cabello, como su piel, eran como los de su madre, era una mezcla de ambos, por el contrario, a Tara, que tenía los ojos grises de su madre y el cabello castaño oscuro como su padre, además de tener su piel algo más bronceada y no tan blanca como la de ella.

Decidió hacerse una cola alta, ponerse un juego deportivo e ir a esperar a su abuela. Cuando llegó abajo, tocaron la puerta y fue abrir y se llevó una gran sorpresa al ver tres ramos de rosas blancas y rojas, eran más de una docena, detrás de él Sander.

—¿Qué hacer aquí? — dijo sorprendida, hace unos días habían hablado y ella le había dejado claro que no le interesaba volver con él.

—Vengo a suplicarte e implorarte que vuelvas conmigo, te juro que no lo voy a volver hacer, y que si lo hago, puedes irte y nunca más te buscaré, creeme cuando te digo que jamás va a volver a pasar. — Madison observó cómo se arrodillaba y empezaba a llorar, ella no quería ser una mujer agredida, no quería entrar en una relación tóxica, pero verlo en ese estado le removió el corazón, ella lo quería, pero tenía miedo.

—Tengo una idea — dijo suavemente, Sander levantó su rostro bañado en lágrimas y la miró a los ojos. — ¿Qué tal si empezamos de cero? Vayamos poco a poco y si veo un cambio volvemos, ¿te parece?

—¿Podré besarte? — preguntó poniéndose de pie. — Madison asintió, lo que hizo que él sonriera — Gracias Madi, verás que no te vas arrepentir, Te amo, princesa — Sander se acercó a ella y la besó, con cariño infinito, nunca la había besado así y a Madison le sorprendió.

—Que asco, ojalá no hubiera tenido que ver eso — la voz de su abuela llegó a oídos de ambos, por lo que se separaron inmediatamente.

—Abuela — dijo Madison sonriendo feliz de verla, por lo que fue abrazarla, su abuela la recibió con gusto, pero al joven le hizo mala cara.

—Señora O'Neill — dijo con educación, pero Rosa simplemente lo ignoró.

— Te veo adentro cariño — dijo antes de entrar y pasar al lado de Sander sin ni siquiera mirarlo.

—Creo que tu abuela me odia — Madison no dijo nada, porque tenía razón, el celular de él sonó, y de inmediato se tensó. —Debo irme, ¿Nos vemos mañana?

—Te avisaré, porque mañana entro a trabajar.

—¿No era hasta dentro de dos días?

—Sí, pero iré con ella mañana, me enseñará todo antes de que ella se marche.

—Bien, te llamaré por la tarde, para saber si podemos vernos.

—De acuerdo — Sander la besó antes de marcharse, en ese momento llegó Tara, quién venía empezando la universidad.

—Hola, — saludo alegre a su hermana quien estaba pensativa en la entrada — ¿volvieron? — preguntó al ver cómo el auto del hombre que había sido su cuñado se alejaba.

—Aún no lo sé.

—Vamos a dentro, tengo hambre. — dijo Tara, jalando del brazo a su hermana, las dos jóvenes entraron a la casa donde su abuela espera a Madison, con los brazos cruzados.

—Abu, no estés molesta, ha llorado, se arrodilló y me pidió perdón, le dije que fuéramos poco a poco, y si de verdad veía un cambio volvería con él de lo contrario no lo haría.

—Ay mi niña, ese hombre no es para ti, ¿cuando vas a comprenderlo?

—Abu, sé lo que hago, no te preocupes, ¿sirvo la cena ya?

—Claro, voy a lavarme las manos.

Las tres mujeres hablaron animadamente en la cena, mientras reían por cualquier cosa, ellas estaban muy unidas y eran felices juntas.

—Te quiero lista a las ocho en punto, y cuando digo lista es lista, que ya hayas desayunado, que estés maquillada, y muy bien vestida, serás la secretaria del presidente y tienes que estar hermosa.

—Sí Abu, eso me lo has dicho, desde que ayudaste a conseguir el trabajo, me has comprado cualquier cantidad de ropa.

—Te lo mereces cariño, además, el señor Bianchi es el hombre más bueno y gentil que conozco — Madison puso los ojos en blanco y su hermano se rió.

—Eso también lo has dicho toda la vida abuela. — dijo en tono gracioso — siempre hablas muy bien de él, pero recuerda que él te conoce de toda la vida según me has contado, te ve como una madre, una abuela, no lo sé, te puede ver parte de la familia, por eso es como es contigo, pero no puedes decir que será así conmigo. — fue el turno de su abuela poner los ojos en blanco.

—Cuando lo conozcas hablaremos, ahora iré a dormir — dijo mirando el reloj de la pared que marcaba las 9 de la noche. — te lo advierto Madison, ocho en punto.

—Así será mi capitana — las tres mujeres rieron, Madison y Tara limpiaron la cocina para luego cada uno irse a su habitación.

Madison llegó a su habitación y se acostó, mañana entraría a trabajar, y conocería al fin a su jefe uno que nunca había conocido, había ido a la empresa varias veces, pero nunca se lo había topado, su abuela nunca quiso ir a fiestas de la empresa así que nunca le había importado saber cómo era, ahora tampoco era que quería saber, lo único que pedía es que le tuviera paciencia y fuera una buena persona, solo eso.

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