Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Mientras te recuerde

Mientras te recuerde

Leire habita un limbo emocional, cautiva por el recuerdo de Carlos, un hombre de ojos ámbar que solo existe en sus sueños y en una vida que no le pertenece. Ninguna terapia calma esta obsesión por un fantasma que la lleva al límite de la razón. Sin embargo, el vaticinio de una gitana y el cruce con un extraño de mirada familiar lo cambian todo. Es una historia de reencarnación y almas gemelas donde el amor lucha por vencer las barreras del tiempo.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

«Carlos». Su nombre era lo primero que aparecía en su pensamiento al despertar, justo antes de palpar las sábanas, la almohada y descubrir que todo fue un sueño. Que ya no se encontraba entre sus brazos, a pesar de que cada fibra de su ser le gritaba que era real. Que todavía sentía el calor de sus besos sobre los labios, el tacto de sus manos cuando recorría la piel desnuda y el sonido de su voz junto al oído. Amaba aquel arrullo nocturno más de lo que podía explicar con palabras. No existía vocabulario, ni idioma, para expresar el dolor que la apresaba cada mañana. El vacío en el que caía al encontrarse sola y saber que, por más que lo intentara, él era producto de su imaginación. Ella vivía en el año 2018.

Se arrastró por el colchón hasta dejar los pies reposar en el suelo. Se restregó los ojos y maldijo encontrarse en aquella habitación. Era muy complicado amar dos vidas, amarlo a él y saber que se estaba volviendo loca. O tal vez lo estaba desde hacía mucho tiempo.

La puerta de la habitación comenzó a vibrar con los fuertes golpes que Elena le propinaba. Antes de que le diese paso, su mejor amiga se aventuró al interior, la miró desde la puerta y colocó los brazos en jarra.

—Floja —siseó entre dientes—. Son las doce de la mañana y tienes la marca de la almohada en la cara. Ya deja la depresión, ¿no?

Elena tenía el cabello castaño claro, mojado y recogido en una coleta alta. Llevaba una camiseta negra de tirantes ajustada, unas mallas del mismo color y unas deportivas. La tela se le adhería al cuerpo humedecida por el sudor. Lo más probable es que acabara de regresar de su carrera por el parque.

Leire se levantó de la cama refunfuñando y caminó hacia ella, la apartó y salió del cuarto directa a la cocina.

—¡Hola, hola, hola! ¿Acaso soy invisible? —Su amiga la alcanzó y se sentó en el taburete junto a la barra americana—. Corro cada mañana para estar en forma, pero este cuerpo serrano no fue esculpido para ser ignorado.

Leire podía contestarle y continuar la misma discusión de cada día, pero no estaba preparada para hacerlo sin su dosis de cafeína diaria. Elena y ella eran amigas desde el instituto. Desde entonces fueron inseparables. Llevaban diez años compartiendo un apartamento de alquiler, y después de ese tiempo parecía que su compinche seguía sin percatarse de que, sin su café, no era un ser humano.

Dejó caer el agua en la cafetera y la encendió. A los pocos minutos el delicioso aroma a nuevo día impregnó sus sentidos.

—Ya hablamos de esto —murmuró sin dejar de mover las manos. Agarró la taza, agregó azúcar y leche—. Necesito mi droga antes de entrar en debates sobre mi forma de vida.

—Leire…, no puedes seguir así.

—¿Lo dices de verdad? —preguntó sarcástica—. Si no me lo dices no me habría dado cuenta, ¡mira qué eres lista! —Sujetó la jarra con cuidado, aspiró el aroma y sirvió el contenido en la taza.

Movió con tanta lentitud la cuchara, que parecía haberse adentrado en una película en cámara lenta. No deseaba que se derramara una sola gota. Con la misma meticulosidad, sostuvo un paño y lo paseó por la parte baja para asegurarse de que no estuviese manchada. En el momento que fue a dejarla sobre la barra, arrugó el entrecejo y lo pensó mejor. Con el mismo paño comenzó a limpiar el mueble, equilibrando la taza en la mano como el mejor malabarista.

—¡Está limpio, doña mugre! ¡Qué asquerosa eres!, tú y tu obsesión con que se pueda pasar la lengua por encima. —Elena elevó los brazos y estiró las palmas junto a la cabeza.

La ignoró, ¿qué otra cosa podía hacer? Limpiar la ayudaba a controlar la ansiedad, y en esos días estaba desbordada. Buscó un posavasos y dejó la taza sobre él. Se sentó en el taburete junto a Elena y suspiró al llevarse el primer sorbo de bebida a los labios.

—Ahora sí, ya puedes hablar. —Su amiga la miró y arqueó una ceja.

—Pues ahora no quiero. —La vio llevarse los brazos al pecho y darle la espalda mientras tamborileaba el pie en el suelo.

—Mejor —fue la escueta respuesta.

Si bien el café comenzaba a hacer efecto en su organismo, el sueño de la noche anterior la seguía torturando.

—Te levantas a las doce de la tarde con los ojos tan rojos que pareces Drácula, en las noches te escucho gritar como la llorona, Carlos por aquí, Carlos por allá, Carlos dame más duro. —Con la taza asegurada en la barra, se volvió hacia la espalda de Elena y le propinó un tortazo en la nuca.

Su amiga que no esperaba la reacción, no le dio tiempo a sujetarse y cayó como un costal de patatas al suelo, con las piernas enredadas entre la madera del taburete y los brazos cubriéndole el rostro para protegerse.

—Pero ¡¿qué te pasa, tía?! —aulló con la boca pegada al suelo.

Como un gusano se liberó del amarre del mueble, y fue dándose la vuelta hasta que quedó mirándola con los labios fruncidos y la nariz arrugada.

Leire ahogó una carcajada y simuló estar bebiendo. De pronto el cielo ya no le parecía tan gris, ni la mañana tan detestable. Ver a Elena como una rana en el suelo debatiéndose entre gritar o hacerse la digna, hacía que mereciese la pena haberse despertado.

—Lo único que pasa es que no me tomé el café, y, mientras no tenga en el cuerpo hasta la última gota, estás jugando con fuego. —Su amiga apoyó las palmas en la loseta y se mantuvo sentada.

—No puedes seguir así, ya me canso a mí misma de repetirme, ¿cuánto llevas con las pesadillas? Las tienes desde que te conozco. Tal vez la psiquiatra… —Apuró el café de un sorbo y la enfrentó con el dedo índice como si fuese una espada.

—¡Todas las mañanas lo mismo! Estoy bien y no hay más que hablar. —Se levantó, molesta.

Sentía el estómago gruñir por el hambre, pero no estaba dispuesta a seguir un minuto más en la cocina. Tras proferir unas cuantas maldiciones se dirigió a la habitación, a la vez que sintió en su espalda la presencia de su amiga que había recuperado la posición vertical, y la seguía sin estar dispuesta a dejarla decir la última palabra.

También te puede gustar

Portada de la novela Alma Vendida por Amor
8.2
El olor a café esconde el trauma del sótano donde Mateo, mi esposo, y Camila, mi mejor amiga, planearon sacrificarme. Tras saber que mi supuesta infertilidad era un engaño para usarme como ofrenda ritual, quedo atrapada en un bucle temporal infinito. Pero ya no soy la mujer ingenua de antes; ahora poseo el conocimiento de sus planes y el poder del anillo maldito. En esta repetición, cambiaré el destino para que su propia sangre selle este pacto.
Portada de la novela Casada con el monstruo
9.2
Lo que inició como un cuento de hadas para una humilde campesina de Bristol se transformó en una pesadilla letal. Al casarme con Benjamín Worsley, ignoraba que mi amor sería mi condena. Tras la boda, el afecto se tornó en frialdad y el castillo en una celda. Ahora vivo recluida junto a su ex prometida embarazada, bajo el acecho de sirvientes hostiles. He descubierto que los Worsley ocultan un secreto atroz; Benjamín no es un hombre, sino un monstruo.
Portada de la novela Ecos de un amor traicionado
8.0
Sofía vive atrapada en un bucle temporal que inicia cuando su hija, Camila, revela un proyecto en la mina de San Lorenzo, lugar donde desapareció su padre. En cada ciclo, esta noticia provoca que el cártel las asesine, pero el verdadero horror surge al descubrir que Elena y Javier, su propia familia, son los traidores que filtran la información. Entre violencia y conspiraciones de la mafia, Sofía lucha por romper el destino y salvar a Camila.
Portada de la novela El amor predestinado del príncipe licántropo maldito
9.3
La vida de Sylvia Todd es un tormento de servidumbre y rechazo tras la injusta deshonra de su madre. Pese al desprecio de su manada, ella persiste en restaurar el honor materno. Su destino se entrelaza con Rufus Duncan, el heredero al trono, cuya fama de guerrero despiadado oculta una oscura maldición sanguínea vinculada a la luna llena. Designados como pareja predestinada, ambos enfrentarán al mundo entero para alcanzar la justicia y su redención.
Portada de la novela El Precio De Vuestra Ignorancia
8.8
Traicionada por Carlos y Laura, Sofía acaba como camarera hasta que un suceso mágico la devuelve al pasado. Despierta tres meses antes de perder sus diseños y su beca, decidida a reescribir su historia. No obstante, Carlos también ha regresado; su extraña arrogancia y planes oscuros ahora aterran incluso a su cómplice, Laura. En este tablero de ambiciones y venganza, Sofía luchará con firmeza para no dejarse pisotear nunca más por ellos.
Portada de la novela HIJOS SECRETOS DE ALFA REY
9.4
Tras el secuestro de sus hijos, Fierce se ve obligada a recurrir a Hunter, el poderoso rey alfa. Él desconoce que los niños nacieron de aquel encuentro apasionado ocurrido cuando fue nombrado heredero. Mientras emprenden una búsqueda desesperada, antiguos secretos y un deseo indomable resurgen, complicando su alianza. Fierce debe afrontar las consecuencias de su silencio mientras Hunter decide si protegerá a la familia que acaba de descubrir.