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Portada de la novela Miedo de estar solo

Miedo de estar solo

Bajo una tormenta helada, Ayla intenta desesperadamente rescatar su vínculo con Jeff, pero se enfrenta a una indiferencia hiriente. El dolor se vuelve insoportable cuando descubre que él ya comparte su vida con otra mujer. En un acto de vulnerabilidad final, ella rompe su silencio y confiesa sus sentimientos más profundos. Sin embargo, Jeff responde con una frialdad absoluta, negando su pasado común y dejándola completamente sola ante la adversidad.
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Capítulo 2

Ayla

Apago el despertador que suena como desesperado en la cómoda al lado de mi cama, solo estiré la mano para que dejara de sonar, honestamente tenía un sueño que no podía controlar por ayer haberme quedado haciendo un proyecto de último momento que la maestra de Farmacología en Nutrición nos había dejado de repente, sus trabajos sorpresa era agotadores porque requerían mucha investigación e interpretación de lo aprendido, no puedo negar que la Universidad es en verdad complicada conforme va avanzando la carrera.

Tomé una ducha rápida por el poco tiempo que me quedaba, al salir vi que el clima estaba igual que siempre, por lo regular en Los Ángeles, California hace bastante calor, pero obviamente no podíamos asistir a la universidad con short y playera de tirantes, así que me decidí por una falda entubada negra que me llegaba por debajo de las rodillas, una blusa blanca ligera de manga larga para no quemarme pero que tenía un escote discreto y sexy al mismo tiempo, unas zapatillas abierta de color negro con tacón cuadrado para no cansarme a lo largo del día puesto que solía pasar gran parte del día en la Universidad.

Me preparé un café que tuve que tomarme, aunque me quemara la lengua y salí corriendo hacia la Universidad de California, Los Ángeles, mi gran ventaja es que solo se encuentra a dos cuadras de donde vivo porque mis papás me apoyaron comprándome un departamento cerca de la Universidad en la calle Strathmore Dr, esto con la finalidad de que me quede cerca la escuela y no solo eso, el bloque de departamentos se llama The Atrium, es algo lujoso, pero seguro para una universitaria sola que necesita sentir algo de seguridad en una ciudad tan grande.

Mi cabello largo a la altura de mis pechos de color negro azulado iba alborotado por el viento, luchaba con mi bolsa llena de trabajos en mi hombro derecho y en mi mano izquierda tenía mi carpeta para los apuntes de las materias ya que siempre tengo que revisar apuntes de otras materias para relacionar lo aprendido por lo que es mejor mantenerme organizada con una sola carpeta que contenga todo en uno.

En la entrada de la Universidad iba subiendo las escaleras tan deprisa cuidando no tirar mis cosas o lastimarme con los tacones que no me fijé y choque con una persona.

Lo peor no es que los documentos que trajera esa persona en el brazo volarán por todas las escaleras o que el chico me veía con un odio que podría calarte los huesos... su ira hacia mí se debía a que cuando chocamos su café mojó toda su ropa haciendo que sacará un poco de humo porque estaba hirviendo el café que el chico bebía, además de que sus documentos estuvieran mojados.

-En verdad lo lamento mucho –le dije agachando la mirada mientras lo ayudaba a recoger sus documentos empapados.

-Pareces ser alguien que se propone arruinar el día de las demás personas –me respondió furioso.

-No era mi intención... –no pude evitar leer algo de lo que recogía, en específico las portadas de sus trabajos– ¿Jeff?

Se quedó desconcertado así que levanté la hoja donde venía su nombre por lo cual solo asintió y se agachó para ayudarme.

Seguimos recogiendo todo hasta que lo reunimos para meterlo en una bolsa de plástico que había sacado de mi bolsa y que a veces utilizaba para guardar hojas blancas.

-Deja de observarme de forma tan acosadora –me dijo Jeff cuando descubrió que no podía dejar de verlo.

No es que nunca en mi vida hubiera visto un chico o tenido algún novio, pero algo en él me cautivó, podrían haber sido sus ojos azules o esa mirada dura, tal vez su barba de unos días o probablemente ver a un típico chico malo frente a mí, pero debía dejar esos pensamientos de lado antes de que mi imaginación empezara a volar.

-No tienes que ser un arrogante –le contesté mientras empujaba hacia atrás mi cabello por el hombro derecho– ni que fueras el chico más guapo del campus, aparte ya me hiciste perder mi primera clase así que eso te convierte en un depravado que no deja entrar a las chicas a su clase porque las retiene para hacer no sé qué cosas.

- ¿Acabas de maquinar todo eso en unos segundos? En verdad estoy sorprendido y asustado –se acercó despacio a mi rozando sus labios en mi oreja– Si quisiera retenerte para tener "sexo" esa es la palabra indicada, lo hubiera hecho desde un principio, pero no eres tan inocente como aparentas ni tan experimentada como quieres hacerme creer.

- ¿De qué rayos hablas? ¡Tú no sabes nada de mí! –le contesté molesta por tal insinuación.

-Tal vez si, tal vez no, podrías empezar diciéndome cuál es tu nombre, para romper un poco esta tensión, en verdad no tengo intenciones de hacer todo eso que piensas contigo –me dijo levantando las manos para mostrarme sus palmas para aclarar que no tenía malas intenciones.

-Mi nombre es Ayla –le dije con desconfianza.

-Bueno Ayla, dejaré una cosa clara, ¿Te parece bien? –asentí con la cabeza para que continuara– si no quieres salir herida entonces deberías alejarte de mí.

-Tu no podrías herirme, aunque quisieras hacerlo, ya he tenido suficientes malas experiencias como para volver a meterme con un idiota así que ni te preocupes porque no sabrás nada más de mí.

Tomé mi bolso con fuerza y caminé hacia mi salón con la esperanza de que me dejaran entrar a la clase en especial porque la maestra es bastante estricta por no decir amargada.

Bueno la mala noticia es que perdí mi primera clase que desgraciadamente duraba dos horas así que tenía hora y media para buscar algo que hacer, tener todas mis tareas realizadas en este momento me pareció algo muy malo, me gustaba adelantar todas mis tareas para tener organizado todo y así mantener mi promedio perfecto.

Iba caminando hacia las canchas porque la biblioteca estaba cerrada por una remodelación por lo que solo encontraba abierta en un horario mínimo en el cual solamente podías pedir y regresar los libros.

Me senté en las gradas mirando a la nada mientras sacaba mi termo de café de la bolsa, lo bebía degustando un buen café hecho hace poco en la cafetera especial que tenía en mi departamento cuando escuche unos sonidos algo extraños, la curiosidad me estaba matando porque se escuchaban abajo de mí y sé que no debo de ser fisgona, pero...

Dejé mi bolsa y el café en la banca para arrodillarme sin hacer ruido con los tacones, me agaché lentamente y vi a Jeff con Meg, la chica más popular de la escuela que se la vivía en fiestas, no entregaba ningún trabajo, no asistía a la mayoría de sus clases, pero sus papás le pagaban todo así que tenía un auto último modelo y calificaciones perfectas sin esforzarse.

No puedo describir que es lo que estaban haciendo, pero al menos conservaban unas cuántas prendas de ropa mientras lo hacían debajo de las gradas porque sabían que a esta hora nadie iba a las canchas.

Fue tan repugnante que me puse de pie, tomé mis cosas y salí huyendo sin importarme que hacía ruido con mis tacones mientras bajaba las gradas, claro que el ruido que hacían opacaba todos los sonidos que había alrededor.

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