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Portada de la novela Mi vida con el hombre más rico

Mi vida con el hombre más rico

Tras ser engañada por su propia hermana, Meagan contrae matrimonio con el humilde Zayden, temiendo un futuro de pobreza. Lo que ella ignora es que su esposo es en realidad el magnate más poderoso de la ciudad. Para mantener el secreto, él finge ser un simple doble de sí mismo. Sin embargo, cuando Meagan le pide que castigue al supuesto millonario que la acosa, Zayden aparece golpeado ante sus empleados, revelando que solo obedece las órdenes de su amada esposa.
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Capítulo 3

Meagan se vistió y salió al patio, y tal y como esperaba, vio a Zayden allí haciendo algunos ejercicios matutinos.

Él llevaba el torso desnudo y levantaba unas mancuernas. Todos sus músculos eran muy tonificados y estéticamente hermosos. Su sudor brillaba al darle los rayos de sol que estaba saliendo. Con sus ojos sobre él, Meagan sintió como si estuviera mirando a un guerrero espartano.

Ligeramente ruborizada, lo saludó. "¿Te levantas así de temprano todas las mañanas?".

Mirándola, Zayden asintió con indiferencia y continuó con su entrenamiento.

Meagan comenzó entonces a mirar alrededor del patio. Este no era demasiado grande, pero estaba un poco desordenado. Había sacos de arena, guantes de boxeo, bates de béisbol y mancuernas por todos lados. Era como un gimnasio casero al aire libre. De repente, ella se puso un poco nerviosa al recordar el rumor de que él había sido encarcelado varias veces antes. Obviamente no se atrevió a preguntar si eso era cierto, pero teniendo en cuenta el físico de Zayden, era evidente que podía pelear con cualquiera.

Ese hombre le parecía muy misterioso, y no pudo evitar preguntarse qué tipo de persona era realmente, sin tener en consideración rumores sin fundamento.

Sin embargo, ella escuchó que la mayoría de los hombres en el área tenían un machismo naturalizado al punto de incluso golpear a sus esposas se había vuelto normal, especialmente cuando estaban borrachos, ella no se atrevió a arriesgarse.

Mordiéndose el labio, reunió valor y se acercó a Zayden. "Ehm... ¿Ya desayunaste?".

Después de unos segundos, Zayden respondió en un tono monótono: "No, todavía no. Puedes hacer algo para los dos".

"Está bien", soltó ella con un asentimiento, y corrió a la cocina.

De hecho, ella era buena cocinando, y estaba confiada de ello. No mucho después, terminó de cocinar un poco de gachas, huevos fritos y un plato de carne de res a la plancha especialmente para Zayden.

Cuando él entró a la casa, se sentó directamente en la mesa del comedor, y al levantar la cabeza, vio los ojos sonrientes de Meagan. Tomado por sorpresa, el corazón se le aceleró. Como si quisiera recompensarla por su arduo trabajo, agarró un trozo de carne y se lo sirvió a ella.

Las cejas de Megan se fruncieron, pues ella había preparado eso especialmente para él. De hecho, estuvo a punto de negarse. No obstante, él le dijo en voz baja: "Come un poco también. Necesitas más proteínas; estás muy delgada".

"Ah, de acuerdo...".

Frunciendo los labios, ella no quiso negarse más. Lo cierto era que tenía muchas cosas en mente que quería hablar con Zayden.

Primero, quería disculparse por lo sucedido la noche anterior. Y es que todos los hombres debían desear hacer el amor con su nueva esposa en la noche de bodas, pero ella reaccionó como si él la estuviese forzando, aunque sabía que no era así.

En segundo lugar, quería preguntarle sobre sus planes a futuro, pues ahora que eran pareja legalmente, deberían hablar sobre sus metas en conjunto.

Además, ella tampoco sabía cuál era el trabajo de él ni cómo los mantendría.

En otras palabras, tenían muchas cosas que necesitaban saber el uno del otro.

Sin embargo, Zayden mantuvo la cabeza gacha y solo se concentró en su desayuno. Cada vez que levantaba la mano para llevarse la cuchara a la boca, los callos en los nudillos eran bastante visibles. Lo más probable es debido a que golpeaba los sacos de arena con mucha frecuencia.

Cuando Meagan vio eso, se tragó sus palabras con miedo.

La primera comida después del día de su boda fue larga y silenciosa, lo cual hizo que Meagan se sintiera muy incómoda. No obstante, eso era algo de lo que no podía huir. Desde el momento en el que se casaron, ya no había vuelta atrás.

"Por cierto, ¿estás libre hoy?", consultó ella, finalmente rompiendo el incómodo silencio.

Como no esperaba tal interrogante, Zayden quedó un poco desconcertado. "¿Por qué? ¿Qué ocurre?".

"Nada, solo voy al centro a devolver mi vestido de novia a la tienda en la que lo alquilé", respondió ella con una sonrisa nerviosa.

El rostro de Zayden se congeló por un momento. A él no le había importado un carajo nada relacionado con la boda, así que ni siquiera sabía que el vestido de novia de Meagan había sido alquilado. Para la mayoría de las mujeres, casarse era el evento más importante de su vida, y querían atesorarlo y recordarlo, por lo que con gusto comprarían su vestido de novia para conservarlo. Al pensar en eso, los ojos de Zayden se entrecerraron ligeramente con una sensación extraña.

Al ver que él volvió a guardar silencio, Meagan se apresuró a explicar: "¡No te estoy pidiendo que me acompañes! Puedo ir sola y tú puedes ocuparte de tus cosas si tienes algo que hacer. No tienes que preocuparte por mí".

"De acuerdo", dijo él sin oponerse.

Cualquiera diría que solo parecían compañeros de habitación, pues todavía no había ni una pizca de intimidad entre ellos como para que los llamaran pareja.

Después de limpiar brevemente el vestido de novia, Meagan lo empacó. Entonces salió de la casa y tomó varios viajes en autobús antes de llegar a la tienda de vestidos de novia. Aunque había salido temprano en la mañana, era casi mediodía cuando por fin llegó.

Durante los preparativos de la boda, a excepción de lo que su padre prometió verbalmente, los Allison no la ayudaron en nada, de modo que ella tuvo que buscar sola en esa tienda hasta encontrar un vestido de novia que encajara con su estilo y tuviera un precio razonable. El lugar no era tan grande, pero el personal actuaba como si fuesen la tienda más exquisita de todas. Especialmente para alguien como Meagan, quien solo alquiló su vestido de novia, la menospreciaron.

Cuando recibieron el vestido, una empleada dijo con desdén: "Señora, ¿crees que vamos a poder alquilar esto de nuevo? ¡Mira lo sucio que está! ¿Recuerdas haber recibido esto en este estado?".

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