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Portada de la novela Mi vida como la esposa del duque

Mi vida como la esposa del duque

Con solo dieciséis años, Olivia Carter siempre ha tenido una vida marcada por la desdicha. Su realidad cambia drásticamente al ser obligada a casarse con el temible duque de Forest, un compromiso pactado para evitar el colapso financiero de su familia. Ahora, lejos de su hogar, la joven debe adaptarse a su rol como esposa ducal mientras sobrevive en un entorno desconocido, rodeada de constantes desafíos y secretos que pondrán a prueba su fortaleza.
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Capítulo 2

Después de un rato una de las sirvientas trajo una bandeja llena de pasteles y té para Olivia, después de servirle el té, ella le dijo que se marchara para así poder comer tranquila sin que nadie la estuviera viendo.

Ya que sus modales en la mesa no se parecían en nada a los de una noble.

Cuando sus padres cayeron en bancarrota Olivia era solo una niña y nadie nunca se preocupo en enseñarle cómo se debía comportar una dama; su padre pasaba todo el día trabajando con los pocos empleados que aún les quedaban y su madre después de caer en la bancarrota se había deprimido tanto que casi nunca salía de su habitación, así que Olivia no tenía ningún ejemplo a seguir.

Olivia pasaba la mayor parte del día con Ana, ella era la única sirvienta que había quedado en la mansión, todas las demás habían tenido que irse porque su padre no les podía pagar, sin embargo ella había decidido quedarse.

Olivia solía ayudarle con los quehaceres de la casa ya que ella no podía darse a basto, los pocos empleados que habían quedado era porqué no tenían ningún otro lugar al cual regresar y dijeron que preferían quedarse a cambio de comida y un techo, su padre había vendido todas las cosas de valor que aún les quedaban y con lo poco que recaudaba del feudo había podido seguir pagándoles sus sueldos.

Sin embargo la situación se había vuelto insostenible debido a una plaga que había azotado sus tierras, por eso su padre había decidido un matrimonio para ella.

Mientras comía un trozo de una tarta de manzana Olivia pensó.

Supongo que ahora que me he casado y a recibido una gran suma de dinero, las cosas en casa deben de ir mejor"

Después de comer Olivia se sintió sumamente cansada y se tumbó un rato en la cama y se quedó dormida, una de las sirvienta la fue a llamar para la hora de la cena y cuando bajó al comedor ella estaba sumamente nerviosa porque pensó que por fin conocería al temible duque del que tanto había escuchado hablar, pero no fue así, al parecer él aún no había regresado y no la acompañaría a cenar.

Olivia sintió que todo su cuerpo se relajaba cuando se enteró de que cenaba sola.

Cuando se sentó, las sirvientas trajeron un sin fin de platillos los cuales lucían sumamente deliciosos, al ver toda aquella comida sobre la mesa a Olivia se le hizo agua la boca.

Cuando ella se disponía a comer, vio tantos cubiertos que se sintió abrumada y no supo cuál tenía que usar.

Al final Olivia se dio por vencida y cogió con la comida con las manos, el mayordomo al ver lo que ella estaba haciendo se quedó estupefacto y le dio una mirada de desaprobación sin embargo Olivia le ignoró y siguió comiendo comiendo, ya que se estaba muriendo del hambre.

Al probar aquella comida Olivia pensó que era lo más delicioso que había comido en su vida, la carne era suave, deliciosa y se deshacía en su boca y comió hasta que no pudo más.

Después de cenar cómo se sentía realmente llena y fuera hacía una noche maravillosa ella decidió salir a dar un paseo por el jardín, una suave y agradable brisa le revolvió el cabello, a la luz de la luna el jardín se veía hermoso, después de caminar un rato ella regresó a su habitación, donde dos sirvientas la estaban esperando, ellas ya tenían preparado un suntuoso baño de rosas con aceites esenciales que tenían un dulce aroma.

Olivia les había insistido en que no hacía falta en que la ayudarán a bañarse, pero no hubo manera de que ella las pudiera convencer para que la dejarán sola, después de bañarse, las sirvientas le pusieron un hermoso camisón lila que ella no tenía la menor idea de donde lo habían sacado porque estaba completamente segura que no era de ella, peinaron cuidadosamente su cabello en una trenza y cuando dieron por terminado su trabajo se marcharon dejándola completamente sola en la habitación.

Olivia se quedó un rato mirándose en el espejo preguntándose de dónde habían sacado las sirvientas aquel camisón, ya que su familia estaba en la ruina y ella nunca había tenido algo tan bonito y elegante o por lo menos no que ella recordará.

Esa noche Olivia se quedó esperando a que el duque llegará pero él nunca apareció y al final se quedó dormida.

A la mañana siguiente las sirvientas fueron a despertarla y le ayudaron a vestirse, ellas habían escogido un voluminoso e incómodo vestido azul con volantes blancos alrededor de la falda, ella odiaba tener que usar ese tipo de vestidos pero ya que ahora era la esposa de duque no le quedaba más remedio que usarlo.

Antes de llegar al comedor Olivia dejó caer un florero al pasar al lado de él y estuvo a punto de caer varias veces al enredarse en el vestido.

Olivia estaba muy nerviosa porque iba a conocer al duque quien la estaba esperando en el comedor para desayunar con ella.

Cuando entro al comedor el mayordomo anunció su llegada al duque, Olivia al ver al hombre con el que se había casado se quedó con la boca abierta, y pensó que sin duda alguna los rumores que corrían sobre la belleza del duque no le hacían justicia, el duque era el hombre más hermoso que ella había visto en su vida.

Bueno tampoco es como que ella conociera a muchos.

El duque tenía un rostro tranquilo y felino con unos inescrutables ojos color avellana, con destellos dorados, los cuales hacían imposible apartar la mirada de él, tenía el cabello negro como una noche sin estrellas, su piel era blanca y sus facciones eran hermosas y delicadas, y bien definidas, él era tan apuesto que no parecía real.

Ahora ella entendía porque a pesar de ser tan temible algunas mujeres soñaban estar aunque fuera una vez en los brazos del duque.

Aunque ningún noble se atrevía a casar a su hija con él, ya que tenían mucho miedo de molestar de alguna manera al duque y que él destruyera sus familias.

Ya que había un rumor de que una joven noble le había hecho enfadar y él había matado a cada miembro de su familia hasta hacerlos desaparecer.

El mayordomo tuvo que decirle a Olivia que se sentará ya que ella parecía una estatua viendo al duque.

_ Mi lady siéntese por favor.

Olivia al escucharlo se sonrojo y dijo.

_ Ha..! Si.

Cuando se sentó inmediatamente entraron las sirvientas con el desayuno, Olivia se sentía sumamente nerviosa de estar sentada frente al duque y no sabía que podía decir, sin embargo él sólo le había dado una mirada rápida cuando había llegado y no había dicho ni una palabra, como ella no sabía que cubiertos usar, solo bebió un vaso de jugo de frutas aunque se estaba muriendo del hambre.

El duque se dedicó a comer su comida usando diferentes cubiertos para los distintos platos que habían, él comía con gracia y refinamiento lo cual era todo lo contrario a la manera de comer de Olivia.

El duque al ver que ella no estaba probando la comida le preguntó.

_ ¿La comida no es de tu agrado?

Olivia nerviosa y un poco asustada le contestó.

_ ¡Que! No... la comida luce deliciosa.

_ Entonces ¿Por qué no comes?

Olivia bajo su cabeza sumamente avergonzada y le contestó.

_ Bueno es que quizá mis modales en la mesa no sean gratos delante de usted mi señor.

El duque al escuchar eso le dijo a Olivia.

_ Hum...Puedes comer como desees eso a mi no me importa.

Olivia al escuchar esas palabras se sintió sumamente feliz y pensó que quizá el duque no fuera tan temible como todos decían.

_ Muchas gracias mi señor.

Ella tenía tanta hambre que inmediatamente empezó a comer, al probar la comida Olivia pensó.

Todo está delicioso.

Al ver la forma de comer de Olivia el duque se le quedó viendo por un momento y luego volvió a fijar su vista en su comida.

Cuando hubo terminado de comer el duque se levantó de la mesa y se marchó, Olivia se quedó en el comedor a terminar todo lo que había quedado y al terminar se levantó y se fue a dar un paseo por el jardín, el cual era aún más hermoso durante el día aunque le hacía falta un poco de color, en el jardín en su mayoría solo habían sembrados arbustos los cuales estaban muy bien cuidados pero a pesar de ser primavera no se veía ninguna flor.

Olivia estuvo toda la mañana en el jardín, hacía un día espléndido y ella no tenía ganas de estar encerrada en casa, con ese maravilloso clima, además que no tenía nada más que hacer.

Así que se tumbó en el suelo debajo de un sauce, estuvo viendo como las hojas se movían al compás del viento y aquello la hizo sentir tranquila y relajada, cuando ella vivía con sus padres nunca había podido disfrutar de su tiempo libre ya que siempre tenía trabajo que hacer ayudando a Ana con los quehaceres de la casa así que pensó en disfrutar de aquello tanto como pudiera.

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