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Portada de la novela Mi Secreto es Amarte

Mi Secreto es Amarte

Fabiola es una maquilladora que disfruta de una vida plena junto a Danilo, el nuevo director de una compañía de repuestos. Sin embargo, su estabilidad se quiebra al conocer a Diego, el hermano de su pareja. El prestigioso piloto es, en realidad, su gran amor de juventud, aquel que la abandonó tras una noche de entrega absoluta. Ahora, ella se debate en un complejo dilema emocional al reencontrarse con el hombre que marcó su pasado.
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Capítulo 7

Narra Fabiola.

—¿El cuatro de noviembre? ¿Es en serio? —cuestiona mirándome, al parecer molesto.

No entiendo por qué le afecta.

No entiendo por qué me parece tan atractivo justo así.

—¿Y qué tiene esa fecha de especial para ti? —Me cruzo de brazos—. Seguramente ninguna, Diego. Así que déjame salir.

Camino hasta la puerta pero su cuerpo la tapa toda y me detiene por los hombros cuando intento llegar a la manilla. Nuestro contacto tiembla y él se inclina para verme mejor. O bueno, para intimidarme.

Santo Cielo, debo pensar en Danilo.

Amo a Danilo.

Me voy a casar con Danilo.

—No me fui porque no te amaba —susurra y me suelta—. No me fui porque quería jugar contigo ni porque pretendía que fueses una sola vez en mi vida, Fabiola.

Sus palabras causan estragos a mi sistema nervioso y corazón.

—¿Y qué pretendes que haga con esa información? Ya no tiene caso una explicación ahora, Diego. Lo hecho, hecho está —murmuro, intentando llegar a la puerta de nuevo. Sin embargo, él gira mi cuerpo pegando mi espalda de su pecho, mientras su brazo fuerte abraza mi cintura. Tiemblo, él suspira en mi oído y cierro los ojos conteniendo la respiración—. D-Die-go…

¡Mierda! ¡¿Cómo dejo de temblar?!

—¿Mi hermano te hace temblar como lo hago yo? —su voz es ronca, así que jadeo, pero cuando cierro los ojos y dejo que mi corazón sienta algo por él, dejo escapar una lágrima mientras con mi codo golpeó con fuerza su costilla.

—Sí, y además de eso no se va después de hacerme el amor.

Abro la puerta y corro, alejándome del chico convertido en hombre que se está volviendo de nuevo en una maldita pesadilla.

—No vas a arruinar mi vida otra vez, Diego Monsalve —me digo a mí misma, limpiando mis lágrimas.

Una vez que encuentro a mi prometido hablando con el productor, le hago saber con una mirada y gestos que necesito largarme de aquí.

Mi querido Danilo me conoce tan bien que descifra mi mensaje y corre hacia mí después de despedirse.

—¿Qué sucede cariño? ¿Te sientes mal?

—Solo vámonos, por favor… —le pido tranquila, sin querer dramatizar nada.

Danilo me abraza por los hombros. Nos despedimos de todo el equipo de trabajo y finalmente salimos hacia el estacionamiento para entrar a su auto; sin embargo, cuando creo que estoy a salvo, la imagen de Diego en medio del camino hace que su hermano frene de golpe y nos acelere el corazón.

—Demonios, ¡¿estás loco?! —le grita Danilo a su hermano sacando la cabeza por la ventana.

La risa de Diego se escucha en todo el lugar haciendo eco mientras vemos detrás de él a Lily y Liliana.

—¿Pensaban irse? ¡Síganme! —responde el idiota con una sonrisa.

Danilo sacude la cabeza con severidad y vemos al piloto en silencio subir a su nuevo auto junto a las mujeres, no sin antes éste hacerle un gesto a Danilo queriendo decir que Liliana “está buenísima”, por lo que mi prometido niega dos veces con la cabeza.

Es tan… ¡Detestable!

Diego se ríe de nuevo cómo esquizofrénico y sale del estacionamiento como alma que lleva el diablo, y entonces mi prometido exhala.

—Puedo decirle que se averió el auto…

—No, está bien —respondo, pensando en que la única manera de superar todo esto es enfrentándolo.

Aquí es cuando mi novio arranca su Mercedes y en cuestión de minutos nos encontramos detrás del auto de Diego ya que tomamos la avenida.

Los autos no se tardan en estar a la par del otro así que Liliana saca la mano con una sonrisa y yo intento devolvérsela.

Me doy cuenta de que realmente vamos muy rápido, y no porque lo sienta, sino porque veo que Diego lo hace y nuestros autos están en la misma línea.

Quiero decir algo porque aunque me gusta la velocidad, no estoy de humor para ello.

No quiero ver al lado pero puedo sentir la mirada fija de Diego en mi perfil derecho y se me eriza la nuca.

Giro, casi en contra de mi voluntad, y entonces Diego sin preparo me lanza un beso y guiña un ojo de forma coqueta.

—Pásalo… —susurro.

—¿Qué? —cuestiona Danilo en baja voz.

—¡Que lo pases! —murmuro, sonriendo con disimulo a Liliana.

—¡¿A quién?!

—A tu estúpido hermano, Danilo, ¡pásalo!

Hay silencio dos segundos pero luego de ello mi prometido aumenta la velocidad y no tardamos en pasar unas cuantas cabezas al otro auto.

Mi sonrisa se ensancha cuando veo por el retrovisor el rostro frustrado de Diego mientras ve a Liliana y al parecer también a Lily.

Allí debe mantenerse. Suspiro. Solo detrás. Atrás, en mi pasado. Siendo el último en todo.

—¿Por qué me pediste que hiciera eso…?

Música pop-rock se escucha a todo volumen a mi lado y cuando un silbido se escucha también se me eriza la piel de pies a cabeza.

Es el mismo silbido que durante meses me sacó de mi casa en las mañanas, en las tardes, y en las noches, hace algunos años.

Idiota. Hace esto al propósito.

Giro mi rostro y me encuentro a Diego con malditos lentes de sol sonriendo con suficiencia.

Ruedo los ojos, me cruzo de brazos e intentó sonreír hacia Danilo.

Joder, no se me puede olvidar que lo tengo justo al lado.

¡Es mi prometido!

—¿Qué es lo que pasa? —me pregunta mi prometido.

Justo cuando quiero responder veo a unos cuantos metros una patrulla al lado derecho de la avenida.

—Baja la velocidad, quédate atrás…

—¿Qué?

—¡Danilo no me hagas repetirlo! —exclamo, ansiosa.

—Okay, ¡okay!

Él me hace caso y comienza a bajar la velocidad de manera considerable quedándonos de repente muy detrás del auto de Diego.

Mi sonrisa se amplia cuando veo que uno de los polis tiene un medidor de velocidad en la mano y comienza a perseguir a Diego porque aunque estamos en la avenida, siempre hay un limite por exceso de velocidad.

Internamente disfruto el espectáculo delante de nosotros. Veo cómo detienen su auto segundos después, así que al pasar por su lado me aseguro de que solo Diego vea cómo saco mi dedo medio para él.

—Jódete —murmuro viéndolo desde el retrovisor, sintiendo un éxtasis que hace mucho no sentía en todo mi cuerpo.

Un éxtasis que solo lo provoca él.

¡Demonios!

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