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Portada de la novela Mi psicólogo y yo

Mi psicólogo y yo

Tras un intento de abuso, Gabriela, estudiante de letras, enfrenta traumas del pasado que la obligan a tratarse con Mauricio Lescuyer de la Vega, un influyente y adinerado psicólogo. Lo que inicia como una terapia de seis meses pronto se transforma en un vínculo intenso que desafía los límites profesionales. Mauricio la conducirá por un sendero de seducción y autodescubrimiento, donde la mutua atracción pondrá en riesgo la ética y cambiará sus vidas para siempre.
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Capítulo 2

Gabriela

Sonó la alarma a las 5 de la mañana para ir a la universidad, pero a decir verdad no tengo muchas ganas de ir, y después de lo sucedido lo que menos quiero es que alguien se atreva a preguntarme algo. Me bajo de mi cama, me coloco mis pantuflas y con cuidado entro a la cocina a prepararme el chocolate, no quise despertar a mi tía sé que no ha pasado buena noche, y lo sé porque sentí sus pasos varias veces en mi habitación, tomo la jarra destapo la envoltura del chocolate le agrego un poco de leche hasta que empieza a hervir, luego voy por los panes que están en el gabinete, saco la mortadela de paso agarro la mantequilla y empiezo a preparar los sándwich, mientras estoy entretenida en el desayuno mis pensamientos comienza volar y solo me pregunto ¿Dónde estás Iron Man? Porque no te apareciste anoche en mis sueños ¿será que ya te cansaste de mí? O te iras porque la doctora Diana volverá a mi vida, si supieras que anhelo que me tomes de la mano y me lleves a volar para olvidar mi mundo en un segundo.

—Hola Gabriela buenos días —dijo mi tía mientras entraba a la cocina.

— ¿Por qué te levantaste, yo estoy haciendo el desayuno para que durmieras un poquito más —dije acomodándome en uno de los banquillos.

—Te lo agradezco, pero la que tiene que descansar eres tú. Recuerda que hoy tienes la cita con la doctora Diana, yo me llevo el desayuno con el chocolate envuelto en el maletín, porque tengo que estar temprano en la biblioteca. Entrega de pedido me da un beso y se despide.

Luego de hablar con mi tía decidí organizar un tanto las cosas del hogar, ya que con mis estudios y el trabajo poco nos queda tiempo de arreglar, a decir verdad también es una excusa para que las horas se pasen volando y llegue la tarde.

También llame a Carla para pedirle que me acompañara al consultorio, no quería ir sola tengo 4 años que no piso ese lugar.

Carla paso por mí una hora antes en su vehículo y juntas nos dirigimos al consultorio. Al llegar no me quería bajar sentía como toda mi cabeza daba vueltas, las piernas me temblaban, las manos me sudaban y lo único que quería era marcharme, porque tenía miedo que la doc. Me remitiera para psiquiatría. Mí a miga me abrazo diciéndome que todo estaría bien.

Entramos al edificio del centro médico, tomamos el elevador nos dirigimos hasta el piso N°3, nos acercamos a la recepción donde muy amable Lupita la secretaria de la Doc. Nos recibió los papeles, e invitó a que tomáramos puesto mientras esperaba mi llamado.

Esta demora me está estresando lo admito y siento como mi pierna empieza a moverse rápidamente, si hay algo que no soporto es esperar tanto, intento relajarme mirando la televisión, cuando siento que alguien se acomoda justamente a mi lado hablando por teléfono y en su conversación dice que solo asiste a las consultas por verle la cara al doctorcito papacito que la atiende. Y si pensé que a mí me iban a pasar a psiquiatría, está loca ya no tiene arreglo «por Dios» Quien en su sano juicio se atreve a decir semejante disparate.

—Señorita Gabriela Elizalde valencia favor pasar al consultorio N°2 —escucho la voz de un hombre por medio de los parlantes que están en esa sala.

—Carla comenta —amiga es tu turno— y yo asiento. Me levanto, y voy rumbo por ese pasillo que ahora me parece más angosto que hace 4 años, el aire acondicionado hace que mis vellos se ericen, mi respiración se pone más rápida es como si estuviera presintiendo que algo me va a pasar «hay papitos ayúdenme no me dejen sola» se los pido. Y cuando estoy en la puerta respiro profundo agarro la chapa, la doblo a lado izquierdo e ingreso al consultorio.

—Buenas tardes Gabriela, adelante toma asiento, soy Mauricio Lescuyer de la vega y a partir de ahora voy hacer tu psicólogo —dice amablemente.

Pero para ese momento yo no podía mover ningún centímetro de mi cuerpo, estaba completamente congelada, no sabía si lo que estaban viendo mis ojos era cierto o simplemente estaba soñando, ese hombre de cabello negro, tez blanca, alto, acuerpado, y ojos grises que se encontraba sentado en esa silla frente a su escritorio, era nada más y nada menos que Iron Man, esto me parecía tan irreal, como es posible que mi psicólogo sea el mismo ser, que me salva en mis sueños, si me hubieran avisado unas horas antes de este inesperado cambio —¡jamás lo hubiese aceptado!— Porque es del sexo masculino, pero tratándose de Iron Man ya no sé qué pensar.

— ¿Te sientes bien? —pregunta con mirada de preocupación y está de lógica me encuentro congelada ante su presencia sin poder dar respuesta a su pregunta y no sé si me estoy descompensado o no, pero empiezo a ver el piso más cerca de lo normal. De repente siento como unos fuertes brazos me levantan hasta llevarme a una camilla que está del otro lado del consultorio, estoy mareada lo admito e intento abrir un poco los ojos, pero en estos instantes la luz me fastidia, y siento como mi psicólogo se aleja de mí tratando de buscar ayuda. Pasan solo unos cuantos minutos eso creo y tal parece que he vuelto en sí porque ya no estoy oliendo esa fragancia amaderada que me tenía volando entre las nubes, en vez de eso tengo puesto en mi nariz un algodón con olor a alcohol que me fastidia.

— ¡Qué bueno que ya despertó señorita Elizalde!— me dice una mujer vestida con uniforme blanco y enseguida me percato que es una de las enfermeras que labora en este centro médico. —el doctor de la barrera vino a verla porque tuvo un desmayo y recomendó que se quede en reposo unos minutos. Así que trate de no levantarse mientras tanto le informare a su familiar para que pueda pasar a verla— comenta y yo asiento.

No sé cuantos segundos han pasado desde que la enfermera salió de este lugar, pero lo que si tengo claro es que no estoy alucinando, ni mucho menos estoy loca, el hombre que vi haya fuera es el superhéroe de mis sueños y de eso estoy completamente segura.

—Gaby ¿Cómo estás? El doctor junto con la enfermera me informaron que te desmayaste – me dice mi amiga después de entrar al cuarto donde estoy.

— ¿Lo viste? es el, Carla mi psicólogo es Iron Man, el salvador de mis sueños —digo mientras agarro sus manos.

—Como va ser, amiga me estas preocupando, voy a empezar a creer que en verdad estas alucinando —dice.

—No. no lo estoy —trato de insistir. Pero ella intenta que calme los nervios, y la comprendo estamos en un centro médico donde no solamente hay psicólogos, también hay especialistas en salud mental y si no quiero toparme con uno de esos más me vale, que intente poner los pies sobre la tierra y mantenga mi boca bien cerrada. Que simplemente esto que me sucedió quede como un simple desmayo a causa del estrés por la cantidad de trabajo que me han puesto en la universidad del Valle.

Aunque por dentro tenga esta cantidad de sensaciones que no puedo explicar. Encontré a mi súper héroe sin armadura hecho hombre, y lo mejor es que así como me salva mis sueños, también intentara salvarme en el mundo real. Simplemente «gracias papitos por escucharme les pedí que no me abandonaran y flash me lo enviaron a él, para que no estuviera sola». Ahora tengo que aceptar que la vida me está jugando una buena pasada, y cuando uno menos lo espera los sueños se pueden hacer realidad.

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