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Portada de la novela Mi profesor es un psicopata

Mi profesor es un psicopata

La vida de Sofía, una estudiante ejemplar, se desmorona tras recibir una nota injusta de su profesor. A sus dieciocho años, este incidente la despoja de su inocencia y la sumerge en una pesadilla orquestada minuciosamente para destruirla. Sin escapatoria aparente, se ve obligada a resistir un destino atroz plagado de violencia, secuestro y abusos. En medio de este perverso juego de manipulación, ella deberá luchar por sobrevivir y burlar a su captor.
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Capítulo 3

Tuve pesadillas toda la noche con mi profesor, me desperté como 5 veces con el corazón acelerado y sudando frío. A las 6 de la mañana me puse buzo para salir a trotar, después de saludar a mi madre que siempre despertaba temprano me puse los audífonos y salí. Necesitaba despejar mi mente, las imágenes de mis pesadillas se mezclaban con las de lo que realmente sucedió.

Después de unas cuadras sentí que alguien me seguía pero cada vez que volteaba no veía a nadie, “debe ser mi imaginación” pensé empecé a correr cada vez más rápido pero esa sensación de que había alguien detrás de mi no desaparecía “te estás volviendo paranoica Sofi” entonces reconocí un auto con los vidrios polarizados, lo había visto en una esquina 4 cuadras atrás. No le di importancia “seguro solo es coincidencia” pensé pero a lo largo de todo mi trayecto aparecía y desaparecía, no cabía duda, alguien me seguía… quise volver a mi casa pero temía que si lo hacía revelaría donde vivía y eso no era bueno ni seguro, así que corrí zigzagueando por las calles hasta que me pareció perderlo, solo ahí volví a mi casa.

Le ayudé a mi mamá a servir desayuno y empecé a comer en silencio mientras pensaba… ¿debería decirle que me estaban siguiendo? ¿Debería decirle lo que hizo el profe? ¿La amenaza que me había hecho era real? ¿Me estaba volviendo paranoica?... ¿Y si le pedía a mamá que me cambiara de colegio?... No sabía que hacer…

-¿y a ti que te pasa? – dijo mi madre de pronto.

-nada… ¿por qué? – respondí forzando una sonrisa.

-¿cómo que por qué? No has dicho palabra en toda la mañana, cuando por lo general me mareas con tus historias, además apenas has tocado tu comida – respondió ella visiblemente preocupada.

-no es nada, mamá… solo estoy un poco cansada, tuve mucha tarea en la semana – mentí, para mi nunca era demasiada tarea.

-bueno… creo que sería bueno que te relajes un poco, esta bien que seas buena alumna pero tampoco te sobrecargues.

-si, lo sé, no te preocupes tengo todo controlado – dije… bueno así como “todo” no, solo lo académico y eso si encontraba la forma de que el profe Roberto no me reprobara por haber salido corriendo… me pregunté si eso quedaría ahí o si iba a seguir insistiendo, aunque una parte de mi ya sabía la respuesta… por eso tenía tanto miedo.

El fin de semana me la pasé encerrada en mi pieza, Cristal me llamó como mil veces para que saliéramos o que nos juntáramos en mi casa pero yo no quería ver a nadie, ni siquiera a ella que éramos amigas desde kinder… el domingo fuimos a comprar una mochila y cuadernos nuevos, fue la única salida que hicimos.

El lunes tenía matemáticas de nuevo, no quería ir, no quería volver a tenerlo cerca… pero si faltaba perjudicaría las otras materias, además tenía prueba de biología… era inevitable, no podía faltar.

La primera hora fue biología, la prueba era sobre el sistema digestivo, muy fácil, la terminé en media hora, la entregué y me quedé leyendo el libro que nos habían dejado en lenguaje, hasta que terminó la clase.

Al salir a recreo me senté en una esquina alejada de todos mientras tomaba una coca cola, estaba demasiado triste y asustada, no quería ver a nadie, no quería hablar con nadie y sobre todo, no quería estar ahí.

-¿y tu… cuando decidiste hacerte una ermitaña? – bromeó Cristal acercándose a mi.

-qué eres cuatica – le dije - ¿acaso no puedo querer estar sola un rato?

-claro que sí pero, me evadiste todo el finde, apenas me saludaste cuando llegamos y ahora te pones aquí como si te estuvieras escondiendo de algo, eso es mucho más de un rato – dijo, en realidad si me estaba escondiendo pero no de ella, luego me miró con seriedad – no me digas que… no me digas que el profe Roberto te hizo algo el viernes – la mire asombrada.

-yo… bueno… - balbuceé, a ella no podía mentirle, se daría cuenta, me conocía mejor que yo misma.

-si te hizo algo tienes que denunciarlo – insistió ella

-¿a quién tienen que denunciar? ¿Hay algo que deba saber? – el profe Roberto apareció por sobre el hombro de Cristal.

-no, no, a nadie – me apresuré a decir.

-¡profe! Me asustó – exclamó Cristal – no… solo estábamos hablando sobre… sobre un trabajo que tenemos que hacer sobre violencia de género, de que es importante denunciar – inventó ella, siempre me sorprendió su capacidad de crear cuartadas creíbles en los momentos más tensos.

-¿un trabajo? – insistió el mirándome de una manera escalofriante.

-sí, sí… un trabajo – coincidí.

-¿para que ramo? – insistió él.

-historia – inventé yo.

-lenguaje – dijo Cristal al mismo tiempo.

-aja… - murmuró él – bueno, que les vaya bien con su trabajo inventado – agregó y se fue.

Me quedé helada… ¿nos había escuchado? Yo no dije nada pero era obvio que Cristal sospechaba ¿y si le hacía algo por mi culpa? Sin darme cuenta empecé a temblar.

-hey… ¿estás bien? – dijo, poniéndose a mi altura, sosteniendo suavemente mis brazos con sus manos.

-sí, sí… estoy bien – mentí.

-eres una pésima mentirosa ¿sabías?, estás pálida y tiemblas… en cualquier parte eso no es estar bien… vamos a enfermería – dijo, me ayudó a ponerme de pie pero, apenas nos paramos sonó el timbre.

-vamos a clases, estoy bien, lo prometo – insistí.

-bueno… - dijo ella dándose por vencida.

Teníamos historia, estábamos viendo la industrialización de los procesos económicos… nada muy motivante… tomé apuntes distraídamente, tenía mucho miedo y ganas de llorar, no era de esas personas que llorara fácilmente pero la situación me superaba… realmente no sabía cuanto más podría soportar.

Apenas tocaron el timbre corrí al baño, me encerré en un cubículo y solté todas las lágrimas que hace horas querían salir. La próxima clase era matemáticas, no quería ir… podría quedarme escondida ahí… nadie lo notaría ¿verdad?... No, espera… el profe había escuchado a Cristal interrogarme sobre él… ¿y si le hacía algo creyendo que le había dicho lo que pasó, mientras yo me escondía ahí?... Tenía que ser valiente… tenía que enfrentarlo de alguna manera… no podía huir por siempre… bueno solo había huido unos días pero, de todas formas, no podría arriesgar a Cristal. Lloré los 15 minutos que duraba el recreo, cuando oí la campana me lavé la cara y entré a la sala como si nada hubiera pasado, mi amiga me miró con preocupación, yo solo le sonreí.

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