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Portada de la novela Mi profesor es un hombre lobo

Mi profesor es un hombre lobo

Kiara vive una pesadilla al ser secuestrada, pero logra sobrevivir gracias a la intervención de Alexander, un poderoso licántropo. Emilia, hermana del rescatista, cree que la joven es la reencarnación de la pareja eterna de Alexander. Tras curarla y borrar su memoria para protegerla, la joven intenta retomar su vida normal. Sin embargo, el destino interviene cuando Kiara llega a la universidad y descubre que su nuevo profesor es el hombre lobo que la salvó.
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Capítulo 1

Kiara observaba con una mueca de desagrado, el horario en su muñeca. Llegaría tarde a su primera clase, y para rematarla: mientras salía de su casa, su colectivo pasó a una gran velocidad. Ella frustrada, decidió tomar su vieja bicicleta. Comenzó a pedalear intentando no llegar tan tarde a su segundo año de universidad.

—No voy a llegar –lloriqueó mientras su corazón bombardeaba con fuerza hacia su cerebro, buscando ideas para acelerar. —¡Ya sé! –exclamó y dio un chasquido con sus dedos, recordando un atajo en la cuadra contigua. Frenó en seco, y al girar, transitó a través del césped cortado. Pero cuando vio la siguiente calle con una gran sonrisa, algo la derribó hacia un costado. No pudo hacer nada, para evitar la fuerte caída. Solamente escuchó el sonido de su bicicleta golpeando contra el suelo, y todo comenzó a nublarse, antes de ver unos zapatos color negro frente a ella.

—¡Auxilio…!

Kiara, al abrir los ojos se encontró en el suelo y sus ojos enfocaron poco a poco, unas rejas. Confundida, frunció las cejas y su boca se formó en una línea fina. Se incorporó dudosa, y sus manos sintieron un suelo frío y húmedo. Habían unas diez chicas junto a ella, todas guapas.

—Hola –comentó una voz suave, a su lado. Al prestar atención se encontró con una chica de cabello dorado y bucles. Sus ojos, de un color azul muy intenso, estaban levemente hinchados. Uno de ellos, tenía un moretón.

—Hola… ¿d—dónde estamos? –preguntó dudosa, sintiendo su cuerpo tembloroso. La chica hizo una mueca, antes de suspirar y decir:

—No lo sé… —murmuró y sin decir nada, se sentó a su lado. De reojo pudo ver, llevaba un vestido pegado al cuerpo de color rosa, junto a una chaqueta de jeans. Sus zapatillas que una vez fueron blancas, tenían unas enormes manchas negras.

—¿Hace cuánto estas aquí? –preguntó y ella abrió la boca para responder, pero no pudo, cuando la puerta se abrió de manera abrupta. Apareció un hombre gigantesco, llevaba una capucha de color negro y solamente se veía su boca y ojos.

—Tú… vamos –comentó señalando a Kiara, quien se aferró a su nueva “amiga”, la misma la sujetó con fuerza antes de pronunciar:

—Ella acaba de llegar, llévame a mí –comentó con valentía y con la barbilla en lo alto. El hombre emitió una carcajada, antes de empujarla y sujetar con fuerza a Kiara del brazo.

—Con cuidado, no dañes la mercancía –ordenó una voz detrás suyo. El hombre asintió y aunque no aflojó el agarre en su cuerpo, no la dañó. Kiara avanzó con pasos temblorosos e inestables. No veía nada, el pasillo estaba tan oscuro que no veía sus propias manos. Sintió los latidos de su corazón acelerarse, cuando se detuvieron.

—N—no me maten… —pidió con un hilo de voz. El hombre que la sujetaba, le dio un empujón hacia una habitación desconocida. Se giró rápidamente, pero la puerta se cerró frente a ella. Jadeó con lágrimas en los ojos, y comenzó a golpear el frío metal.

—¡Déjenme salir! –exclamó y empezó a llorar, deslizándose hasta tocar el suelo con sus rodillas desnudas. Sintió un escalofrío, cuando una voz empezó a sonar a través de un parlante.

Se giró confundida, muy despacio –Hola señorita ¡Felicidades! Ha sido seleccionada para ser la compañía de uno de nuestros importantes clientes.

—No me felicite, ¡me están obligando! –exclamó con la voz temblorosa pero continuó hablando: —quiero volver a mi casa…

—Muy bien, a unos metros tiene un tocador para poder peinarse y acomodar su rostro. ¡Le deseo mucha suerte! Si se ve hermosa, podrá tener el privilegio de estar con uno de nuestros mejores clientes.

Y la voz dejó de hablar. Temblando, Kiara se acercó a un gran tocador de color blanco. Había un grifo, y todo tipo de maquillaje y peines. Mordió sus labios, nunca había tocado su rostro, y no lo haría en ese instante.

En el espejo, una chica con tez morena y ojos verdes, la observaba aterrada con un gran moretón en su mejilla derecha. Una lágrima se deslizaba sutilmente sobre su mejilla, y sentía que caería al suelo en un desmayo.

De un manotazo, apartó la lágrima y abrió el agua para limpiarse las lágrimas. Su rostro, al menos estaba limpio. Acomodó su cabello, y luego un sonido la sobresaltó. Detrás de su espalda, el parlante comenzaba una canción desconocida.

—Bien participante, nuestras cámaras la están enfocando, de su mejor sonrisa –ordenó la voz y ella levantó la mano para mostrar el dedo del medio –interesante.

La puerta se abrió, y el mismo guardia apareció para tomarla de las muñecas y la arrojó nuevamente hacia la prisión. La chica de bucles, se acercó para abrazarla.

—¿Estas bien? –quiso saber y ella asintió.

—Me… observaron por una cámara –comentó temblorosa y suspiró –tengo miedo…

—Emilia…

—¿Qué? –preguntó confundida.

—Es mi nombre.

—Soy Kiara… muchas gracias –murmuró y ella asintió.

Kiara se quedó abrazada a la chica, sintiendo sus caricias en su cabello hasta que empezó a dormirse –Mí hermano nos sacará…

Pero no pudo responder, porque se quedó dormida. Unos sonidos fuertes, despertaron a Kiara. La misma se incorporó observando confundida, como había una extraña pelea en el pasillo. No solamente había hombres luchando en combate cuerpo a cuerpo, sino que unos lobos también atacaban. Era extraño, como si supieran que hacer. Uno de ellos, la observó unos segundos antes de desaparecer.

La puerta, se abrió y cuando quiso reaccionar, su nueva amiga la tomó de la mano para jalarla hacia afuera. Sin embargo, debido a las demás chicas cayó de bruces al suelo, sin poder incorporarse a tiempo.

Se había quedado sola, pero se levantó con prisa, para acercarse a la salida. La reja, se cerró en forma repentina por la lucha externa entre un lobo y hombre encapuchado. Un grito, se escuchó desde lo profundo de las tres paredes; los dedos de Kiara quedaron prisioneros entre el metal.

—¡Ayuda! –gritó y empezó a sollozar, sintiendo un profundo ardor en su extremidad. No quería mirar, contuvo las lágrimas y siguió insistiendo: —¡A—ayuda! –exclamó nuevamente, y de pronto vio a Emilia, jalando el brazo de un hombre.

—¡Debemos ayudarla! –escuchó de fondo, porque las luces comenzaron a verse borrosas, los sonidos se disipaban como un susurro en el viento. Su cuerpo, comenzó a sentirse pesado para sus delgadas piernas.

De pronto, sintió su cuerpo desplomarse en el suelo, pero su mano, ya no dolía tanto. Al abrir los ojos levemente, vio el rostro más hermoso que jamás había apreciado en toda su existencia. Tenía el cabello blanco, pero parecía que brillaba y sus ojos, eran muchos más claros aunque parecidos a Emilia.

—¿Quién eres? –preguntó su voz gruesa y sensual. Ella, estiró la mano para acariciar su barbilla con una barba recién salida.

—Soy… Kiara… —comentó con voz temblorosa y se desmayó.

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