
Mi Primavera Después del Incendio
Capítulo 3
Mientras hacía las maletas para mi supuesto viaje a la finca de Extremadura, los recuerdos me asaltaban.
Recordaba nuestros primeros años. La pasión, las risas. Javier era un arquitecto prometedor, yo una enóloga con un futuro brillante. Nos conocimos en una cata de vinos en La Rioja. Fue rápido, intenso.
Dejé mi carrera. Dejé mis viñedos. Me mudé a Madrid por él. Para apoyarlo. Para criar a nuestro hijo.
Ahora, cada recuerdo feliz estaba manchado por la traición. Tres años de mentiras. Mil días de humillación silenciosa.
La cena de aniversario seguía intacta sobre la mesa del comedor. El solomillo Wellington enfriándose. La ensalada marchita. El vino caro, respirando en el decantador.
Javier y Mateo llegaron tarde esa noche, después de su celebración con Valentina.
"Hola, cariño. Vaya, qué cena. Lo siento mucho, de verdad", dijo Javier, intentando besarme.
Me aparté.
"Tíralo todo", dije con voz neutra.
Javier me miró, sorprendido.
"¿Qué? Pero si es una pena..."
"He dicho que lo tires todo. La comida está fría. El momento ya pasó."
Mateo me miró con ojos confundidos. "Pero mamá, huele muy bien."
"Tu padre y tú ya habéis cenado. Esto es basura."
Mi voz era dura. Vi una chispa de irritación en los ojos de Javier, pero no dijo nada. Cogió los platos y los vació en la basura. El sonido del solomillo golpeando el fondo del cubo fue extrañamente satisfactorio.
Al día siguiente, empecé a vaciar mis armarios. Ropa de diseñador, joyas, bolsos. Todo lo que representaba mi vida como la señora Mendoza.
Metí un vestido de Chanel que Valentina había elogiado en una revista en una caja. Junto a él, unos pendientes de zafiro que Javier me regaló por el nacimiento de Mateo.
Llamé a un servicio de mensajería.
"Envíen este paquete a la influencer Valentina Reyes. Sin remitente."
Dentro, dejé una nota simple: "Las sobras de una vida que ya no quiero. Disfrútalas."
Era un acto pequeño, pero me sentí poderosa. Era el comienzo de mi catarsis.
Javier y Mateo volvieron por la tarde. Mateo corrió a abrazarme. Javier me miró con cautela.
"Cariño, ¿estás bien? Te noto... diferente."
"Estoy perfectamente", respondí, mi voz sin emoción. "Solo estoy haciendo limpieza."
Noté que Javier llevaba la misma camisa que en la foto de Instagram de Valentina. Había una pequeña mancha de vino tinto en el puño. Valentina siempre bebía tinto.
"La reunión de anoche fue un éxito", dijo, mintiendo sin esfuerzo. "Cerramos el contrato. Por eso brindamos."
Asentí, sin mirarlo. La facilidad con la que mentía ya no me hería. Solo me daba más razones.
Javier vio las cajas de donación en el pasillo.
"Vaya, estás haciendo una limpieza a fondo."
Se sintió aliviado. Pensaba que mi extraño comportamiento se debía a un simple enfado por el aniversario fallido. No tenía ni idea de la tormenta que se avecinaba.
"Solo me deshago de lo que ya no me sirve", dije, mirándolo directamente a los ojos.
Él sonrió, una sonrisa encantadora y falsa.
"Bueno, un poco de espacio nuevo no viene mal. ¿Has pensado qué harás en la finca?"
"Desconectar", respondí. "Y pensar."
"Perfecto. Te vendrá bien."
Sí, me vendría perfectamente bien.
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