
Mi Prima Venena, Ruina Todo
Capítulo 2
El aire de la caseta privada en la Feria de Abril era espeso y olía a vino derramado y a humillación. Llevaba tres días encerrada aquí. Tres días vestida con este traje de flamenca andrajoso, una burla cruel de la bailaora que una vez fui.
Máximo, el hombre que me había prometido amor eterno, el que había nombrado un vino en mi honor, me arrojó el vestido a los pies el primer día.
"Póntelo, Annabel. Es lo que mereces."
Su voz, que antes me susurraba poemas, ahora era fría, cortante. Me obligó a servir vino a nuestros amigos, a la élite de Andalucía, mientras él consolaba públicamente a mi prima Sasha.
Sasha, la que acogí en mi casa, la que traté como a una hermana.
La razón de mi castigo fue "Duende", el caballo de pura raza española que Máximo me regaló. Un animal de valor incalculable. Sasha lo perdió. O eso dijo.
"Annabel lo liberó," sollozó Sasha frente a todos, con el rostro pálido y los ojos llenos de lágrimas falsas. "Estaba celosa. No soportaba verme feliz montándolo."
Máximo le creyó. Le creyó porque Sasha ya había envenenado su mente antes, haciéndole pensar que yo había intentado sabotear un negocio vital para su bodega. Una mentira construida sobre otra mentira.
Mi padre, Ricardo Garcia, estaba allí. Vio la humillación. No dijo nada. Para él, la alianza con la familia Castillo era más importante que la dignidad de su propia hija. Su silencio fue una bofetada más.
Mi estómago rugía por el hambre. Mis pies descalzos estaban helados sobre el suelo de madera. Cada vez que un invitado entraba, susurraban y se reían. Yo era el espectáculo. La orgullosa Annabel Garcia, reducida a una sirvienta.
En un momento de delirio, provocado por el agotamiento y la sed, me derrumbé. Me arrastré hasta los pies de Sasha y Máximo.
"Perdón," supliqué, con la voz rota. "Lo siento. Fui yo. Por favor, perdonadme."
Confesé un crimen que no cometí, solo para que el tormento terminara. Solo para poder sobrevivir.
Máximo me miró con desprecio, su rostro una máscara de furia y dolor.
"Tu confesión no cambia nada. Te quedarás aquí hasta que yo vuelva de Oporto. Sasha se asegurará de que no escapes."
Sasha sonrió. Una sonrisa diminuta, casi imperceptible, pero llena de un triunfo venenoso.
Sabía que estaba perdida.
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