Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Mi pequeño y gran secreto

Mi pequeño y gran secreto

Sofía trabaja bajo las órdenes de un CEO implacable que exige perfección absoluta. En medio del agotador ritmo laboral, la asistente comete un desliz que cambia su vida para siempre. Ahora se ve obligada a proteger un secreto trascendental mientras lidia con la presión de su jefe. Cada día es una lucha por ocultar su mayor tesoro, pues cualquier descuido podría exponer la verdad, destruyendo su carrera y el futuro que intenta construir.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Sofía se encontraba en su oficina, nerviosamente mirando el reloj. Había intentado llamar a la señora Imelda, la mujer que solía conseguirle mujeres para su jefe, pero no había podido localizarla. Ya era casi la hora de la cita y no tenía a nadie que pudiera sustituir a la chica que había cancelado.

El miedo de que la fueran a despedir la invadió y comenzó a sudar frío. Sabía que su jefe era muy exigente y que no toleraba errores. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo iba a explicarle que no había conseguido una sustituta? Se sentía atrapada y sin salida. Fue entonces cuando tomó la absurda decisión de ir personalmente a explicarle a su jefe lo que había sucedido en vez de llamarlo.

Tomó su bolso y salió corriendo, sin pensar en las consecuencias de su decisión.  Un taxi parecía que esperaba por ella justo en la entrada. Cuando llegó al sitio, no se esperaba que fuera como aquel. El lugar era extraño, con luces rojas que apenas le permitían distinguir los rostros de las personas. Sofía se detuvo y miró al taxista con incredulidad, preguntándose si se había equivocado de dirección. Pero éste le aseguró que ese era el lugar que señalaba la tarjeta que ella le había mostrado.

 Sofía se sintió cada vez más insegura y asustada. ¡Sí que los ricos hacían cosas raras!, se dijo en lo que descendía . No sabía en qué tipo de lugar era aquel y qué iba a pasar a continuación. Con duda se introdujo en el estrecho recibidor donde un robusto guardia le cerró el paso.

—Identifíquese —le pidió extendiendo la mano,  tomando la tarjeta que ella tenía, y enseguida llamó a una mujer. —Ya llegó la cita del cliente Vip.

 La mujer que llegó era alta y delgada, con una falda corta y un escote pronunciado. Sofía se sintió incómoda al verla y se preguntó, ¿qué tipo de lugar era ese que frecuentaba su jefe? No parecía ser de la alta sociedad como el hotel que ella se imaginaba. La mujer la miró de arriba abajo y luego a la tarjeta que tenía en la mano la cual le arrebató.

—¡Cada día las escogen más raras! —dijo

Y sin esperar a que Sofía le explicara a que había ido, la arrastró por un pasillo hasta llegar a una habitación oscura y lúgubre. Las paredes estaban cubiertas de un papel tapiz desgastado y manchado, y el techo estaba lleno de telarañas. En un rincón de la habitación había un perchero lleno de disfraces y máscaras extrañas, algunas de ellas parecían ser de animales y otras parecían ser de personajes de películas de terror. Pero todos con escenas del acto sexual.

En el centro de la habitación había una mesa pequeña con una silla, y al lado de la mesa había una puerta cerrada con llave. La mujer le indicó a Sofía que se cambiara en esa habitación y que dejara todas sus cosas en la mesa.

—Pero, yo solo vine a ver a mi jefe…

—Si quieres ver al dueño de esa tarjeta,  cámbiate. Con esa ropa que traes, no puedes pasearte por aquí, ¡pareces una monja! Luego te llevaré —dijo con desprecio en lo que se alejaba protestando por tener que luchar con novatas. 

 Sofía se sintió aún más incómoda al ver la habitación. No sabía qué tipo de lugar era ese y se preguntó si su jefe estaba involucrado en algo ilegal. Con tanto dinero que poseía, ¿qué hacía en un lugar de mala muerte como aquel? Se preguntaba en lo que trataba de buscar algo no tan descubierto. No tenía otra opción, así que se cambió rápidamente y se puso una máscara que le pareció la menos grotesca.

 Dejó todas sus cosas en la mesa, incluyendo sus espejuelos, haciendo que su visión disminuyera grandemente, y esperó a que la mujer regresara para llevarla a ver a su jefe. Se sentía vulnerable y asustada, sin saber qué iba a pasar. Le explicaré todo a mi jefe y me iré enseguida, pensaba mientras trataba de estirar el vestido negro que se había puesto, que no iba más allá de la punta de sus redondos glúteos.

 La mujer al regresar la observó  con detenimiento. A pesar de que Sofía no era una belleza por su forma de vestir y sus enormes espejuelos. Notó que tenía un cuerpo muy bien formado y un espeso y hermoso cabello que le llegaba más allá de la cintura y que seguía amarrado en un moño.

  Se acercó y le soltó el cabello, dejándolo caer. Sofía se sintió incómoda por la atención que estaba recibiendo y se preguntó qué estaba pasando. La mujer la miró con una sonrisa maliciosa y le dijo.

—Si que eres una cajita de sorpresas, tienes suerte de tener un cuerpo tan hermoso, y deberías usar lentes en vez de esas gruesas gafas, no eres fea.

 Sofía se sintió aún más incómoda al escuchar esas palabras y trató de alejarse, pero la mujer la agarró por el brazo y la obligó a quedarse en la habitación.

—Se..., señora, solo quiero hablar con mi jefe—susurró. —Necesito decirle algo urgente.

—Seguro, lo verás en un momento, espera aquí. No te muevas, no  trates de escapar, si te portas bien, todos tus problemas se acabarán.

 Sofía se preguntó qué estaba pasando, porque ella le había dicho eso. Se sintió vulnerable y asustada, por un momento pensó que mejor se iba, pero después que ya era tarde para arrepentirse. Debía decirle a su jefe que la chica no llegaría y que se buscara otra o se retirara. 

 Esperaba nerviosa, escuchando los extraños sonidos que provenían de diferentes lugares. Se abrazó acobardada, pero no podía perder su trabajo. No quería regresar al orfanato y estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para mantener su empleo. Pensó llamarlo por teléfono y hasta se dirigió a su bolso con esa intención. Pero en ese momento, la mujer regresó y sin decirle nada, la tomó por una mano y la llevó casi a rastras por un angosto y aún más lúgubre pasillo, mientras le daba indicaciones.

—Tú solo sigue el papel que quiera el cliente que juegues, no dejes que te quite la máscara, aunque creo que no lo haga. 

—¿Cliente? Es..., es mi jefe —tartamudeó

—Correcto, es tu jefe. Entonces, si lo conoces mejor —dijo ella sin dejar de arrastrar a Sofía por el lúgubre pasillo—.  Nosotros no sabemos de quién se trata. Si es tu jefe sabrás como complacerlo. Al terminar, regresa a la habitación por tus cosas y me verás allá. Con ese cuerpo tienes un gran futuro, linda. Solo es cuestión de que te arregles.

Sofía apenas escuchaba lo que le decía por el ruido ambiente, ni veía por dónde iba, ya que no llevaba sus espesos lentes y caminaba con dificultad por los altos tacones. Escuchaba aterrorizada los diferentes sonidos al pasar por delante de las puertas, sin saber qué había detrás de ellas. Finalmente, la mujer la detuvo delante de una y la impulsó dentro de la habitación oscura.

—Aquí es donde está tu jefe. Hazlo bien y tienes el futuro garantizado —le dijo la mujer empujando a Sofía dentro justo antes de cerrar la puerta tras ella.

 Sofía se encontró con un hombre que estaba sentado en una silla, el cual ella trataba de distinguir si era el señor López, sonriendo con deseos mientras se sobaba su miembro. Se sintió incómoda y asustada, pero recordó las palabras de la mujer y trató de comportarse de la manera que le habían indicado. Después de todo no tenía porque temer, era su jefe. Avanzó despacio porque no veía decidida a decirle la verdad. 

—Disculpe se.., señor que haya venido —tartamudeó

 El hombre seguía mirándola con deseos mientras ella avanzaba lentamente por la habitación oscura, tratando de adivinar si era su jefe o no.  Por su cuerpo le parecía que sí, pero por la manera que se comportaba no estaba segura. A pesar que la máscara que llevaba puesta le daba cierta seguridad, pues su jefe no vería lo avergonzada que se sentía por aparecerse vestida así en su presencia en su lugar de recreo, pero aún así, se sentía vulnerable. Finalmente, llegó hasta donde estaba el hombre.

—Señor….

—Sussss…

—Se..., señor, solo vine a decirle...

—Susss

  Le indicó el hombre y se puso de pie, mientras ella intentaba hablar sin resultados. Sofía se sintió aterrorizada cuando el hombre le colocó algo en la boca que le impedía hacerlo. Intentó resistirse, pero se sintió completamente indefensa ante él. El hombre comenzó a jugar con su cabello largo, mientras Sofía trataba de liberarse sin éxito. Negaba con la cabeza tratando de decirle quien era, incluso trató de quitar su máscara sin resultados, él se lo impidió. Parecía que estaba drogado o poseído. Resoplaba fuerte en lo que la devoraba.

Se sentía humillada y desesperada. Sabía que tenía que hacer lo que fuera necesario para mantener su trabajo, pero no podía soportar la idea de ser tratada así por mucho más tiempo. Y ni siquiera sabía si ese hombre detrás de aquella máscara era su jefe. Las lágrimas brotaban de los ojos de ella sin poder contenerlas. Sentía como las manos deseosas del hombre recorrían su cuerpo y la despojaban de su ropa.

Se sintió abrumada por una mezcla de emociones: miedo, desesperanza, desolación e incredulidad. Era su primera vez y no podía creer que estuviera sucediendo en un lugar tan tenebroso y lúgubre. A pesar de que ella intentó resistirse, se sintió completamente vulnerable y sin poder hacer nada para evitar lo que estaba sucediendo.

No importaban los esfuerzos que hacía por escapar, el hombre había logrado colocarse encima de ella desnuda en la cama, y sin más apuntaba a su interior. Aterrorizada, trató de cerrar sus piernas, y su llanto se incrementó. Él se detuvo y curioso bajó una mano introduciendo de a poco un dedo, para luego mirarla con incredulidad. Ella lloraba y lloraba, haciendo que el desconocido de a poco comenzara a tratar de tranquilizarla.

Y eso fue algo que la llenó de vergüenza, a pesar de la situación en que se encontraba, sin poder evitarlo, comenzó a disfrutar de todas las nuevas sensaciones que el desconocido la estaba haciendo experimentar en su primera vez. Su llanto se mezclaba con los gemidos que se le escapaban por el placer prohibido. 

Por un momento pensó que la iba a dejar ir luego de haberla hecho experimentar la mayor sensación que ella había imaginado con su lengua en su centro. Pero fue  todo lo contrario, parecía poseído por ser el primero en poseerla, se introdujo en ella despacio, dejándose deslizar, ella sentía que perdía algo valioso e irreemplazable, y que nunca volvería a ser la misma persona de antes. 

La experiencia la dejó con una sensación de vacío y desesperación. No sabía cómo podría recuperarse de lo que había sucedido y se preguntaba si alguna vez podría volver a ser ella de nuevo. La incredulidad de que algo así pudiera sucederle a ella la invadió, y se preguntó cómo había llegado a ese punto en su vida. Y lo peor, era que no sabía si había sido con su jefe. Pues otro hombre había entrado y se lo había llevado en lo que ella lloraba y salía de aquel lugar.

¿Y ahora qué iba a hacer? Había ido allí para que su jefe no se quedara esperando a alguien que no iba a llegar, y había sufrido la peor de las desgracias. Encima de eso, estaba segura que la despedirían cuando regresara el lunes al trabajo, ¿qué iba a ser de su vida? Se preguntaba, no sabía cómo iba a sobrevivir sin su trabajo, sin un hogar y sin nadie en quien confiar. Se sentía completamente sola y desesperada, en lo que recogía sus cosas y salía llorando, después de que el hombre se marchara. ¿Cómo diablos se le ocurrió ir a ese lugar? ¿Qué va a ser de su vida ahora? 

También te puede gustar

Portada de la novela Cuando el amor reconstruye desde corazones congelados
9.1
Damián Montenegro, el magnate más influyente de Monterrey, destrozó mis ilusiones la noche de mi debut artístico al elegir sus negocios sobre mí. Tras cuatro años atrapada en un matrimonio gélido y siendo tratada como un objeto de lujo, decidí poner fin a mi cautiverio. Aprovechando su excesiva confianza, conseguí que firmara el divorcio bajo el engaño de un acuerdo comercial. He recuperado mi libertad, alejándome del hombre que jamás valoró mi arte ni mi amor.
Portada de la novela Entre Copas y Secretos: Mi Verdadera Libertad
9.3
Tras años de lealtad, hallo a Máximo con su amante en nuestro hogar. En lugar de arrepentirse, me humilla exigiendo una relación abierta. Busco ayuda en mi padre, pero él me chantajea con la herencia materna para obligarme a volver con mi verdugo. Atrapada en un ciclo de abusos y víctima de un ataque orquestado bajo la indiferencia de mi esposo, mi situación parece desesperada. No obstante, una visita médica imprevista promete cambiar mi destino para siempre.
Portada de la novela Hasta que el rencor nos separe. Matrimonio por venganza
8.4
Samantha, vista por su progenitor como mercancía, termina vinculada al 'León', un magnate tan huraño como poderoso. Tras un fracaso matrimonial previo, ella decide utilizar la influencia de su soberbio marido para cobrarse cada humillación sufrida. Sin embargo, ignora que este millonario oculta sus propias intenciones. Entre rencores y secretos, ambos inician una unión forzada donde ella resulta ser la pieza fundamental de un plan que aún no comprende.
Portada de la novela La Esposa que no Amo: Una madre para mi hijo
8.1
Al concluir su boda, Chiara esperaba un gesto de amor, pero Davide la destrozó al confesarle que no sentía nada por ella. Para el magnate, la unión era un simple trámite de negocios impuesto por terceros. Mientras la joven lidiaba con el desprecio de su marido frente al altar, un evento imprevisto sacudió la ceremonia en el instante exacto en que él le daba la espalda con frialdad. Ahora, ella debe enfrentar un destino marcado por el desamor.
Portada de la novela Las cenizas de mi madre, mi furia desatada
8.3
Tras soportar abusos y la muerte de su madre por culpa de Daniel, la protagonista pierde a su bebé debido a Jimena, la amante de su esposo, quien además profana las cenizas de su progenitora. Siguiendo un consejo final, recurre a un tío influyente para escapar de su miseria. Ahora, respaldada por su verdadera familia, regresa a la Ciudad de México como directiva de la empresa de su exmarido, dispuesta a ejecutar una venganza fría y total contra quienes la destruyeron.
Portada de la novela Mi Secreto es Amarte
8.2
Fabiola es una maquilladora que disfruta de una vida plena junto a Danilo, el nuevo director de una compañía de repuestos. Sin embargo, su estabilidad se quiebra al conocer a Diego, el hermano de su pareja. El prestigioso piloto es, en realidad, su gran amor de juventud, aquel que la abandonó tras una noche de entrega absoluta. Ahora, ella se debate en un complejo dilema emocional al reencontrarse con el hombre que marcó su pasado.