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Portada de la novela Mi pequeña Sara

Mi pequeña Sara

Samuel obtuvo la custodia de Sara tras enfrentar a sus tíos en los tribunales después de la tragedia familiar. Con el paso del tiempo, el regreso de esos parientes amenaza su tranquilidad. Samuel lucha contra un amor prohibido por la joven, cometiendo fallos y guardando secretos dolorosos en su intento por distanciarse. En este conflicto surge una revelación crucial: Sara podría no ser su hermana, un misterio que él está decidido a confirmar.
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Capítulo 2

El regreso fue silencioso.

Sara se mantenía en modo fetal en su asiento, con su cara oculta, sentía mucha vergüenza y miedo, no sabía qué le estaba pasando.

Pequeños quejidos del llanto que trata de detener, tiene a Samuel con el corazón hecho una mierda. Samuel no sabe cómo actuar, ni que decir, va conduciendo, piensa en lo único que siempre la calma. Con una mano suelta el cinturón de seguridad de Sara, y jalo de su brazo y la atrajo hacia su regazo. La nombrada solloza con más dolor y esconde su cara en el pecho de su hermano, donde siempre se ha sentido segura.

Samuel sigue manejando mientras le acariciaba el cabello hasta que se duerme.

El pecho le arde, le duele verla así (En qué mundo estaba que no pensé en hablarle de ese tema) se reprochaba mentalmente.

 Minutos después llegan y Samuel, la despierta.

—Cariño, ya llegamos —susurro en su oído, con su voz dulce, pasando sus dedos por su cabello.

Sara se queja y abre sus hermosos ojos café dorados, Samuel se derrite siempre que lo observan con esa intensidad y termina cumpliendo todos sus caprichos.

 —Sam… Yo, es que... — titubea, al no saber como decirle que se siente mojado abajo.

—Vamos, tranquila, Anda más tarde hablaremos.

Sara se baja y espera a su hermano que lo haga también, sus ojos se abren por completo cuando él está de pie. La vergüenza la mata, se pone la mano en la boca. Sus ojos se humedecen. Samuel ve su cara y dirige su mirada a lo que ella ve, notando que su pantalón de vestir está manchado de sangre.

 ¡Podría ser esto más difícil, joder! — pensó dentro de sí.

— ¡Hey…! ¡Calma, sí! Nada que una buena lavada no arregle —Se apresura a decir y me regala una sonrisa de consuelo.

 Al entrar, Sara se dirige a su habitación que viene siendo la de Samuel. Desde que sus padres fallecieron, ella nunca ha dormido en otra cama que no sea la de él. Samuel trató de cambiar ese hábito, esperaba que el sueño la venciera y se iba para su habitación, pero al despertar la tenía pegada aún costado.

Samuel, espera unos minutos para poder subir y llevarle unos analgésicos. Él ha escuchado que eso ayuda.

Al entrar la consigue acostada con su cabello húmedo, sé a duchando. Se sienta a su lado y penosamente le quiere preguntar si se ha protegido, pero no sabe cómo hacerlo.

Sara, al parecer, adivina lo que está pensando y con su voz dulce le susurra:

 —Sam…, en mi mochila tenía un protector que la maestra Camila me había pasado por debajo de la puerta —se sienta en la cama y lo mira con sus hermosos ojos café dorados—, Gracias, Sam.

Samuel sonríe, la atrae a sus brazos dejando un beso en su coronilla.

—Anda, toma este analgésico y duerme un rato, sí. Saldré para la farmacia y regreso pronto.

 Media hora después regresa al apartamento, sube a la habitación. Sara aún duerme, se da una ducha y se viste con un mono deportivo azul y una camisa de algodón negra. Se acuesta a su lado y la detalla con la mirada.

Ve que cada día se parece más a su madre, acaricia su rostro y Sara se apega más a él. Y, se oculta bajo su brazo.

 —Sam, ¿qué me sucede? Debemos ir a un centro médico. Puede ser que mañana amanezca muerta —suelta con su voz llena de preocupación, el nombrado solo se echa a reír.

Ella levanta su cabeza y lo mira indignada con su ceño fruncido, Samuel trata de pellizcar su mejilla y ella aparta su mano.

—¡Estoy hablando en serio, Samuel!

—Lo sé y no me llames por mi nombre completo. Sabes que no me gusta que lo hagas —

Sara asiente y espera que él diga algo más—, lo que sucede, cariño. Es que te estás convirtiendo en una mujer, eso le pasa a todas las niñas. Cuando eso sucede quiere decir qué, entras a esa etapa de niña a mujer —siente una presión en su garganta, al ver cómo pasa el tiempo tan rápido y ya no será su niña—, y esa etapa, para ti, será la más hermosa. Aunque para mí, será un dolor de cabeza —Samuel le acaricia la mejilla y continua—, tu cuerpo tendrá cambios, esto que te ha pasado hoy. Todos los meses pasará.

—¿¡Quééé!? ¿¡Todos los meses¡? —exclama asombrada.

—Sí, todos los meses, pequeña. El día que no la tengas, estarás en ciertos problemas conmigo—Samuel trata de bromear, pero no se da cuenta de lo que dijo hasta que Sara pregunta:

—¿Por qué tendré problema contigo? Sam…, dime ¿qué día será ese? —pregunta curiosa sin dejar de mirar los ojos de su hermano.

 Samuel no haya que decir, piensa y piensa… ¿Por qué mierda dijo eso? Aún no está listo para hablarle de relaciones sexuales a Sara.

Recuerda que trajo algo que la hará olvidar y se apresura a decir.

—¡Ahora que recuerdo, te compre tus dulces favoritos, esas gomitas pegajosas! —Sara, chilla de alegría.

A ella le encantan los trululu, le recuerda a su padre que siempre los traía al regresar del trabajo, últimamente casi no los consume porque estaba presentando mareos y Samuel supuso que era por consumir mucha azúcar.

Le da un beso en la mejilla y salta de la cama, ya sin dolor, al estar en la puerta se gira lentamente y añade llena de ilusión e inocencia:

 —Sam… Ahora que soy una mujer. Seré tu novia también —Le sonríe y sale de la habitación.

Samuel sonríe también de ternura, sin saber el peso que traerán esas palabras más adelanté...

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