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Portada de la novela Mí patrón es mi profesor

Mí patrón es mi profesor

Diez años después de perder a su prometida el día de su boda, Adiel Mohamed vuelve a sus raíces para dar clases en un instituto. Atrapado entre dolorosos recuerdos y el retorno de un antiguo amor, su estabilidad se quiebra al conocer a una estudiante desafiante. La rebeldía de la joven despierta en él una pasión prohibida, forzándolo a elegir entre sus impulsos más oscuros y la integridad de su carrera en un entorno lleno de tensión.
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Capítulo 2

Volver a tu lugar de origen siempre traerá buenos recuerdos, más si eres el hijo de un hacendado y creciste rodeado de ganados y caballos pura sangre. Como ya lo había dicho antes, hace diez años salí de Valleral, desde entonces no e vuelto a pisar estas tierras, me acostumbré tanto a la ciudad que volver a un pueblo lleno de lodo y mosquitos no me era apetecible. Aquí no existe la señal ni el internet, apenas contamos con plantas eléctricas o baterías recargables, el agua proviene desde el enorme rio que encierra a Valleral, así es mi pueblo, una maravilla para quien ama el campo.

Desde que me marché, solo me comunicaba con mis padres por medio de cartas o ellos iban a visitarme de vez en cuando, adicional de ellos también me escribía con mi mejor amigo, Henry, quién por cierto acaba de llegar. Le escribí hace una semana, le dije que volvería y cómo quedó planificado llegó a la hora indicada, pues mi Broo, mi pana, mi yunta, siempre fue muy puntual.

—Mi zoo. —Es la manera en que nos tratamos —¡Bienvenido!, cuando leí tu carta no lo creía ahora que estas aquí, sí que lo creo—verbaliza a la vez que abre sus brazos y yo los míos, palmamos nuestras espaldas y apretamos nuestros cuerpos por varios segundos—Es increíble como los años nos han cambiado—. Expresa sonriendo.

—Así es, mira que has cambiado bastante, ya no eres ese niño pecoso de hace diez años—. Espeto y él suelta una carcajada—Es broma, es broma. —rectifico al subir al auto.

—Y cuéntame Adi, ¿Te casaste?, la última vez que hablamos te ibas a casar—. La sonrisa dibujada en mi rostro se esfuma al mismo instante que Henry hace la pregunta. —¡Perdón! ¿Dije algo que te incomodó?— Cuestiona al verme serio.

—La verdad es que no quiero hablar de ese tema. —Expreso la incomodidad que me causa hablar del pasado.

—Okey, cambiaremos de tema entonces.

De camino a la hacienda hablamos de muchas cosas, por un instante me quedé en silencio contemplando el maravilloso paisaje. No puedo dejar de sentirme contento y orgulloso de ver lo cambiado y hermoso que está mi pueblo.

—Esta noche, abra una gran fiesta, en la discoteca del pueblo ¿quieres venir?

—¿Hay discoteca en el pueblo?, —inquiero porque la última vez que estuve aquí, este pueblo no tenia nada de bueno, más que sus verdes llanuras, sus altos y extensos cerros, y sus largos ríos.

—¡Claro que si!, el pueblo a cambiado mucho, hay de todo un poco, ya lo verás con tus propios ojos.

—Esta bien, pasa por mi en la noche—. Concluyo al bajar de auto.

Suelto un suspiro profundo al contemplar la enorme hacienda que se encuentra frente a mis ojos.

—A mis padrinos le dará gusto verte—. Farfulle Henry tras de mí —Entremos—incita y yo asiento.

Camino con mucho nerviosismo tras mi querido amigo, una vez que ingreso a la mansión, la primera persona que veo es Dominga mi Nana.

—¡Oh, Dios!—lleva sus manos a la boca, y luego me abraza—Mi niño, no puedo creer que estés aquí. Peñizcame para saber si no estoy soñando. Pide y yo niego.

—No haré eso nana, si estoy aquí—. Afirmo y vuelve abrazarme, acto seguido empieza a llamar a mi madre.

—Fanny, Fanny… Fanny, venid ahora.

Escucho los pasos rápidos de mi madre y su encantadora voz, que siempre fue melodías para mis oídos.

—¿Que sucede nana? ¿Por qué gritas así? —Cuestiona antes de ingresar a la sala. Cuando me ve se queda gélida y sus ojos se iluminan, mi madre da zancadas grandes y llega hasta mi, me abraza con tanta fuerza y yo la alzo dando vueltas con ella abrazada.

—Hijo, ¿por qué no avisaste que vendrías?

—Quería darte una sorpresa—Explico y ella acaricia mi rostro.

—Mi pequeño, que grande estas.

—Arreglare su habitación—comunica la nana y mi madre asiente.

Luego caminamos hasta el jardín y nos sentamos a dialogar por largos minutos. Una vez que está lista mi habitación, subo hasta ella, y lavo mi cuerpo. Salgo del baño y me encuentro con el viejo en la entrada de la puerta, usa unos pantalones y botas de vaquero, al verme saca su sombrero y camina hasta mi. Nos abrazamos palmado la espalda.

—Es una grata sorpresa que estés aquí.

—Y no pienso marcharme—. Confieso y eso lo llena más de alegría.

—Prepararemos una gran fiesta por tu bienvenida—. Expone palmando mi quijada.

—No es necesario.

—Si que lo es—. Afirma llevándome a sus brazos otra vez.

—Que sea mañana, esta noche saldré con Henry.

—Esta bien, será mañana— Aprieta mi hombro en demostración de afecto.

Por la noche Henry pasa por mi, me lleva hasta la discoteca del pueblo, y vaya que me he quedado admirado al momento de ingresar al pueblo. Valleral ya no es un pueblo de caseríos, ahora es una parroquia donde se puede encontrar cualquier tipo de diversiones.

—¿Que tal te parece? —Cuestiona Henry.

—Con sinceridad te digo, estoy impresionado con el cambio.

—No es por presumir, pero desde que mi padre tomó el mando, ahora el pueblo es otro. —Expresa Henry inflando su pecho.

Ingresamos a la discoteca, para ser sincero no es lujosa ni enorme como a las que solía ir en la capital, pero al menos es acogedora y sirve para relajarse.

Me encontraba frente a la barra de la pequeña discoteca, en mis años de existencia no sabia lo que era probar el licor, pues siempre fui un hombre que no le hacía a esos vicios. Pero cuando ella se fue de mi vida probé el alcohol, estuve a punto de sumergirme en el, pero mis años de educación me sacaron de ese precipicio.

Alzo la copa y recuerdo el día más triste de mi vida, el que pensaba sería el más feliz. Hace dos años me iba a casar con una maravillosa mujer, que aparte de ser hermosa, era dulce y cariñosa, pero ella, ella se fue y terminó matando mi corazón con su partida.

No se si es por el alcohol o no se que, pero los recuerdos me llevan a revivir esa triste escena, donde ella se desmaya en mis brazos al mismo instante que el sacerdote le pregunta si acepta, y desde entonces no volvió abrir sus ojos, dejando mi corazón roto en mil pedazos.

Ya algo mareado camino en dirección al baño, al estar la pequeña disco repleta, voy apartando la muchedumbre con mis dos manos para llegar hasta el baño, y así poder liberar mi vejiga, sin verlo venir, alguien me empuja y para no caer me sostengo de una hermosa mujer, la cual lleva una blusa descontada y mis labios rosan su pecho descubierto.

Lentamente voy alzando la mirada hasta que mis ojos se encuentran con los de ella, me doy cuenta que es muy bella, diría que extremadamente bella, sus gruesos labios están cubiertos por un labial rosa, sus grandes pestañas rodean sus ojos, con la poca luz de la disco puedo ver sus holgadas fracciones. Me quedo mirándola fijamente, perdido en esos profundos ojos que aceleran las válvulas de mi corazón, y por la poca luz que hay no se distingue de que color son.

Sigo inmóvil mirándola, absorbiendo la misma respiración que suelto, el movimiento de la gente nos apretad más, ella no habla no dice nada, solo se encuentra con el ceño fruncido y de pronto, su rodilla atacar mi entre pierna. El golpe hizo que me retorciera de dolor, hasta el punto de tener que inclinarme para no orinarme en los pantalones.

—Idiota—. Refuta rabiosa, y no conforme con golpear mis gemelas, agarra una bebida y la lanza sobre mi cabeza, el frío hielo cae sobre mis cabellos provocando que todo mi cuerpo se tense—. Aprende a respetar a las mujeres. Expresa y se va.

Dejándome adolorido, sigo inclinado hasta que Henry mi amigo me ayuda a levantar.

—¿Que te sucedió?—Cuestiona y me lleva de vuelta a la barra.

Apretó mis puños mirando a todas partes, mis ojos recorren el lugar tratando de encontrar a la mujer que se atrevió a golpearme. Juro que cuando la encuentre le haré pagar por haberse atrevido a humillarme delante de toda la gente.

—¿Donde estabas que no lo viste?—Inquiero molesto, conozco a Henry desde mi niñez y se lo burlón que es.

—Te juro que no vi, estaba en el baño.

—Mejor así—. Concluyo y me levanto para salir—. Llévame a casa.

—Okey.

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