
Mi marido perdedor resultó ser multimillonario
Capítulo 3
Kiera le sonrió con desdén a Brad. "Hemos terminado. Todo en este lugar fue comprado con mi dinero, lo que significa que tengo todo el derecho a llevármelo".
Brad había leído el mensaje que le había enviado la noche anterior, pero no le había prestado mucha atención. Ella ya había hecho cosas así más de una vez. El único giro nuevo era que esta vez había bloqueado su número después, algo que nunca antes se había atrevido a hacer.
A pesar de eso, no estaba ni un poco preocupado. En su mente, ella nunca podría cortar lazos con él. Un poco de insistencia, unas cuantas palabras dulces, y volvería a su lado, ansiosa por complacerlo como un cachorro leal.
Suavizando la voz, le tomó la mano a la chica. "¿Todavía estás molesta por lo de ayer, verdad? Fue mi culpa, lo siento. Te prometo que no volverá a pasar. Solo confía en mí, ¿de acuerdo?".
Kiera lo miró con repugnancia. Le apartó la mano de un tirón, sacó una toallita desinfectante de su bolso y se frotó los dedos como si estuviera borrando algo sucio.
No dijo una palabra, pero sus acciones fueron más hirientes que cualquier insulto.
Brad se puso rígido. Luego, gruñó con voz baja y amenazante: "¿De verdad tienes que montar un espectáculo? La gente está mirando. ¡Basta!".
Kiera se rio breve y amargamente. "¿Estás sordo? Te dije que hemos terminado. ¿Debería contratar un avión para que vuele una pancarta por el cielo?".
A sus espaldas, uno de los transportistas soltó una risita, incapaz de reprimir la risa.
Brad frunció el ceño y dijo: "Bien. Vete si quieres. Pero que te quede claro: si sales hoy por esa puerta, no se te ocurra volver. Lo nuestro se habrá acabado para siempre".
Ignorándolo por completo, Kiera se dirigió a los transportistas. "¡Sigan adelante, todos! ¡Mientras más rápido terminen, mayor será su propina!".
En menos de media hora, la casa quedó prácticamente vacía, sin dejar ni una sola silla.
Brad se quedó de pie en la sala vacía. No pudo evitar soltar una risa seca, furioso y atónito. Esperaría a ver cuánto tiempo podía aguantar ella sola esta vez.
A la una en punto, Kiera llegó al Ayuntamiento.
En la entrada había una figura alta esperándola. Jasper, vestido con un traje impecable, parecía recién salido del escaparate de una boutique de lujo. Cada línea de su cuerpo transmitía una fuerza y una autoridad que ningún maniquí podría aspirar a proyectar.
Kiera caminó hacia él con elegancia. "¿Llevas mucho tiempo esperando?".
Jasper movió ligeramente la cabeza en señal de negativa. "No, acabo de llegar", contestó.
"Entonces... ¿entramos?".
"Por supuesto".
Poco después, Kiera volvió a salir con la mente aturdida. Realmente se había casado con un completo desconocido.
Sacó el celular y le dijo: "Dame tu número. Tengo que resolver unos asuntos, pero te buscaré después".
Jasper introdujo sus datos de contacto en el celular de ella y, antes de marcharse, dijo en voz baja: "Si esto te resulta demasiado difícil, puedes decírmelo".
Aquellas simples palabras hicieron que Kiera se detuviera. Una calidez desconocida se extendió lentamente por su pecho.
Sabía perfectamente que él no podía resolver sus problemas, pero había pasado mucho tiempo desde que alguien le hablaba con tanta preocupación.
"Está bien", murmuró con una leve sonrisa antes de que ambos tomaran caminos separados.
Media hora más tarde, Kiera regresó a la casa de su familia.
No era realmente un hogar para ella. Tuvo que esperar tras la reja mientras el mayordomo anunciaba su llegada. Solo cuando le dieron permiso, pudo entrar.
Incluso antes de llegar a la puerta principal, escuchó las carcajadas de la familia de su tío.
En cuanto entró, el alegre ambiente se congeló.
Kiera, imperturbable, caminó directamente hacia Vance Gordon y le mostró el certificado de matrimonio.
"Tío Vance, ya estoy casada. Una vez me hiciste una promesa, ¿no deberías cumplirla?".
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