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Portada de la novela MI LUNA.

MI LUNA.

La vida de Sam en la universidad es solitaria debido al férreo control de su familia, que le impide socializar. Su único lazo afectivo es Diego, mientras ignora las verdaderas amenazas que justifican su aislamiento. Todo cambia al conocer a un hombre de presencia imponente y gran autoridad, un encuentro que desmorona sus secretos. Ahora, Sam deberá enfrentar una realidad oculta donde su destino oscila peligrosamente entre la redención y la destrucción total.
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Capítulo 3

Realmente Diego se sentía culpable por lo sucedido, puso los ojos de cachorrito para que Sam le perdonara.

—No pasa nada, nos vemos luego.

Sam le mostró una sonrisa para que viera que ya no estaba molesto, era imposible para él enfadarse durante mucho tiempo con él.

Después de despedirse Sam llamó un taxi y media hora después llegó a casa.

Cuando llegó no entró de inmediato, estuvo esperando en la puerta unos minutos para calmar su corazón que no paraba de bombear, esta vez había metido la pata hasta el fondo.

Minutos después de estar parado en la puerta pensando en la excusa que iba a poner oyó gritos de Eva y Laura.

Estaban discutiendo.

—Lo dices porque Sam no es nuestro hijo biológico?

Laura estaba que echa humo de furia, y gritó esas palabras que golpearon en lo más profundo del ser de Sam.

Sam estaba con la boca abierta, pensando que lo que acababa de oír era una pesadilla o que había entendido mal.

Abrió la puerta que antes no se atrevía a traspasar y preguntó con confusión.

—Cómo es eso que...no soy vuestro hijo biológico... de qué estáis...hablando?

La voz de Sam estaba temblorosa como si quisiera llorar.

Eva y Laura dejaron de hablar cuando le vieron llegar, estaban sorprendidas y preocupadas.

Laura corrió a abrazar con fuerza a su hijo.

—Cariño dónde estabas?, me tenías muy preocupada.

Laura le besaba la frente, las mejillas, revisando de que estuviera bien y no le hubiera pasado nada malo.

—Quiero saber porqué habéis dicho que no soy vuestro hijo biológico.

A Sam ya no le importaba el estado de Laura, sólo quería saber porqué dijeron eso.

Sólo con pensar que Laura no era su mamá, y que sus hermanos no eran sus hermanos le aterraba.

—Escuchaste mal—dijo Eva con tono frío como de costumbre.

Laura se quedó en silencio, abrazando a su hijo.

—Crees que soy estúpido?, os oí perfectamente. Si no comparto genes con ustedes significaría que me habéis prohibido todo por esa razón?

Sam no pudo seguir gritando y las lágrimas empezaron a desbordarse, tenía la nariz moqueada y los ojos medio rojizos.

Pese al dolor que le causaba todo esto, siguió quejándose.

—Me habéis tratado de manera diferente desde que tengo memoria todo es por-

Poof.

Sam no pudo terminar de decir la oración, pues Eva se lo había impedido con una cachetada en la mejilla.

—Cállate!!!—ordenó Eva con furia.

La cara inexpresiva y fría que acostumbraba a mostrar había cambiado, por un rostro oscuro con venas en la cara, tenía sus ojos verdes muy abiertos.

Sam puso su mano derecha en su mejilla en la que le había golpeado y las lágrimas brotaron aún más, él quiso quejarse pero no se atrevía por miedo a la furia de Eva.

La cachetada hizo que Sam cayera al suelo y se puso a temblar, derramando lágrimas.

—Basta!!!—exclamó Laura.

Laura se puso en medio de Sam y Eva para que no se acercara más a su hijo, le dió un abrazo para consolarle, acariciándole la cabeza, secando sus lágrimas y moco con su propia ropa, luego fue a la cocina a por hielo para la enrojecida e hinchada mejilla de Sam.

Laura le puso el hielo que estaba cubierto con una tela limpia en la mejilla.

—No tenías porqué pegarle al niño.

—Él provocó esta situación por decir insensateces—respondió Eva, metiendo sus largos dedos en su lacio cabello negro.

—Quién te crees que eres para ponerle una mano encima a mi hijo?, que sea la última vez o el sofá te hará compañía todas las noches.

Pese a que la voz de Laura tenía el mismo tono tranquilo, era amenazante.

Eva frunció el ceño molesta por ser regañada por su mujer, odiaba tener que disculparse cuando sabía que había hecho lo correcto.

Sin embargo el pensar que tendría que pasar las largas noches en un sofá frío, en vez de en los brazos cálidos de su esposa la irritaba más.

Resopló rindiéndose, y decidió dar el brazo a torcer.

—Lo siento cariño, no volverá a pasar.

Sam seguía pensando en lo que había oído, quería saber más, la incertidumbre le estaba matando más que el dolor en su mejilla.

Dejó de ponerse el hielo, se secó las lágrimas y los mocos, miró fijamente a Laura porque sabía que era la única que le diría la verdad.

—Mamá es cierto que no soy vuestro hijo?

Sam todavía tenía la esperanza de que fuera mentira, de que todo había sido un malentendido.

Laura no dijo nada otra vez, sólo miraba al suelo evitando la mirada de Sam.

Y esa actitud de evasión sólo hizo que Sam pensara lo peor, y gritó insistiendo a punto de llorar.

—Mamá por favor habla.

Eva se hartó de la actitud caprichosa y mimada de Sam, así que decidió desviar el tema para que dejara de preguntar cosas del pasado.

—No tienes ningún derecho de estar preguntando nada cuando te dije expresamente que no salieras en los próximos días, y lo primero que haces es desobedecer.

Pese a los gritos de Eva, Sam hizo como si no la escuchara porque lo que más le interesaba en este momento era saber la verdad.

Eva estaba a punto de explotar ante la indiferencia de su mimado hijo, y le exigió.

—Te estoy hablando, no me ignores.

Sam dejó de mirar a Laura con ojos de cachorrito, dió la vuelta hacia donde estaba parada Eva y se quejó con ella.

—Quieres que no te ignore, pero cuando pregunto por lo que estabais hablando pasas de lo que digo al igual que mamá.

Eva se sacó la mano que tenía en su bolsillo, y comenzó a caminar en la dirección donde estaba Sam, con ojos que estaban que echan fuego de ira.

Quería darle otra cachetada a Sam por atreverse a hablarle con ese tono tan altanero, pero cuando vió la fulminante mirada que Laura la echaba, recordó lo que la dijo respecto al sofá.

Dió un paso atrás rindiéndose de mala gana, no quería discutir con su mujer tan tarde menos por una tontería.

—Mami?

Apareció Blanca, somnolienta frotándose los ojos, cargando consigo su peluche de unicornio rosa que hacía juego con su pijama.

Su pijama tenía el mismo diseño de unicornio, era como ver una linda unicornio rubia.

Eva cambió su rostro, no quería asustar a su hija con sus gritos y su rostro sombrío. Fue hacia ella en las escaleras.

Como Blanca a penas tenía dos años, a veces dormía con sus madres y hoy era uno de esos casos.

La habitación estaba en el segundo piso, por lo que tenía que pasar por las peligrosas escaleras para llegar al salón, que se encontraba en el primer piso.

Blanca estaba parada en las escaleras, a punto de llegar al primer piso.

Eva cargó a su hija en brazos y la habló con una voz suave y amorosa, pero tranquila a la vez.

—Has tenido una pesadilla pequeña?

La pequeña no dijo nada, su madre la llevó hasta donde estaban Laura y Sam, cuando la pequeña vió su estado quiso ir a donde estaba.

—Quiero ir con hermanito.

Eva la dejó al suelo y Blanca vino donde estaba Sam con Laura, le miró fijamente y cuando vió su rostro se puso a llorar.

—Qué pasa princesa, te duele algo?

La limpiaba sus ojos azules con su propia ropa.

—Hermanito triste?—preguntó Blanca con los ojos aún húmedos.

Infló sus mofletes queriendo llorar más, Sam la dió un beso en la mejilla, en la frente, luego forzó una sonrisa para no preocuparla.

Ver a su hermanito herido la dolía, Sam era su hermano favorito ya que era el que más jugaba con ella.

El resto de sus hermanos se la pasaban ocupados con sus trabajos, y Sam era el único que tenía tiempo para ella por lo que le tomó más cariño.

—Estoy bien Blanca, no es nada.

Esa respuesta no convencía a la pequeña Blanca, le miraba como intentando asegurarse de que realmente estaba bien.

Puso su mano en la mejilla enrojecida de Sam y le preguntó a punto de llorar otra vez.

—Seguro?

Sam agarró su manita, la sonrió y dijo.

—Estoy bien.

Sam se puso en pie cargándola, moviéndose para mostrarla que estaba bien.

—Vez?, estoy bien.

Eva estaba cansada de mirarles, Blanca tenía que estar en su cama ahora y no hablando con Sam.

—Pequeña es mejor ir a la cama es tarde.

—Vaaaale.

Aunque Blanca aceptó, su voz mostraba desánimo.

Eva cargó a Blanca y luego se paró delante de Sam como si olvidara algo y soltó irritada.

—Después tú y yo seguiremos hablando.

—Mejor en otro momento es tarde debemos ir a la cama—explicó Laura.

A pesar de que Sam quería seguir hablando del asunto, decidió no continuar para no provocar una pelea entre sus madres.

Laura acompañó a Sam hasta su cuarto que estaba en el segundo piso, le dió un beso de buenas noches en la frente y se fue a su cuarto que estaba en el primer piso.

Sam se desnudó y se dió una ducha para sacarse todo el olor de la discoteca, y despejar su mente un poco.

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