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Portada de la novela Mi Hijo Es Suyo Jefe

Mi Hijo Es Suyo Jefe

Después de un encuentro inesperado con un desconocido, Anastasia Strousman termina trabajando de mucama para el implacable magnate Zared Jones. Aunque él no parece reconocerla, ella pronto descubre que está embarazada de su jefe. Anastasia deberá enfrentar el carácter gélido de Zared mientras oculta el secreto de su hijo. En esta convivencia forzada, ella anhela que el vínculo que los une logre derretir el frío corazón del millonario.
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Capítulo 2

Me hundo en la colcha, con la mirada perdida en el techo mientras un torbellino de pensamientos se dispersa en mi cabeza, confundiéndome y volviéndome una desconocida y desconfiada. Entre todo ese caos, siento la necesidad de contarle a mi madre lo que ha sucedido, aunque me da vergüenza solo pensarlo. Sin embargo, pienso que ella es la única persona con la que podría comenzar a hablar al respecto.

No, no puedo simplemente decirle que me acosté con un tipo por capricho.

—¿Estás ahí? No voy a regañarte por haber quedado fuera, pero al menos podrías haber respondido mis llamadas. Llamé hasta tarde y me preocupé al no recibir ninguna respuesta. ¿Está todo bien? Todavía no has bajado a almorzar.

Es mi madre al otro lado de la puerta, y sigue tocando la madera al no obtener respuesta de mi parte. Tomo una bocanada de aire.

—Mamá, puedes pasar.

Finalmente, mi madre entra a la habitación y me mira fijamente, estudiando mis facciones. Solo espero que no se dé cuenta del cambio... Por eso, evito sus ojos curiosos y miro mis manos entrelazadas, como si eso fuera lo mejor que puedo hacer.

—Oye, de verdad no me molesta que hayas quedado fuera, pero me hubiera gustado que al menos me avisaras para poder dormir. Estuve dando vueltas sobre la cama toda la noche preocupada porque no habías llegado a casa —repite mientras se sienta a mi lado y me siento un poco incómoda.

¿Debería contarle lo que ha pasado ahora que está aquí, o debería guardar el secreto y quedarme callada?

Me siento culpable al saber que mi madre se preocupa por mí. Nunca fue mi intención hacerle esto. Pero estaba tan herida por lo que sucedió en la boutique, que ni siquiera había mirado el teléfono. Eso es otra cosa de la que debo hablar con ella, le contaré que lamentablemente he perdido mi empleo. Es triste, porque el dinero en casa es muy necesario. Pero había estado cuidando muy bien mi trabajo todo este tiempo y ahora, de forma injusta, lo pierdo.

Es la triste realidad.

—Sí, tienes toda la razón, madre. Debí al menos haberte llamado o enviado un mensaje para que supieras que me iba a quedar fuera. Te prometo que no volverá a ocurrir y te pido disculpas por no avisarte —le expreso y ella me regala una sonrisa cariñosa. Yo le sonrío de vuelta.

—Está bien. Vamos a dejarlo en el pasado. Ahora que has prometido avisarme si esto vuelve a suceder, ¿puedo saber dónde te has quedado? No te sientas presionada si no quieres responderme, pero sabes que puedes confiar en mí. ¿Es algún chico?

Mis ojos se abren como platos ante la pregunta de mi madre, quien quiere saber si, de hecho, he pasado la noche con un hombre. Sin embargo, me siento tan insegura de contarle la verdad que me siento tentada a mentirle, a pesar de que realmente no me gusta hacerlo. No quiero decirle la verdad.

—Mamá, ¿por qué tendría que tratarse solo de eso? No, no he pasado la noche con nadie, si eso es lo que insinúas. Deja de mirarme con esa mirada pícara —insisto y ella se ríe de mi expresión. No puedo creerlo. Suspiro profundamente.

—Está bien. Pero no tiene nada de malo, lo que quiero decir es que si has pasado la noche con alguien, no debería ser algo del otro mundo. Además, ya me estaba preguntando cuándo te interesarías por los hombres. Tienes...

—Lo sé, mamá. No necesitas recordarme mi edad y no estoy interesada en buscar pareja ahora mismo. Lo único que me importa es encontrar un ingreso. Eso es todo. Así que deja de mirarme así, mamá, te estoy diciendo la verdad —insisto y ella resopla.

—Bueno, tampoco te estoy acusando ni llamándote mentirosa, y eso es lo que te ha sonrojado tanto. Conozco esa mirada en una chica, así que no intentes engañarme. Pero si no te sientes preparada para hablar de estos asuntos conmigo, lo entenderé. No tienes que hacerlo.

—Lo siento, mamá —la miro y siento que las lágrimas amenazan con salir—. En realidad, ya no tengo trabajo en la tienda. Sucedió. Ahora estoy desempleada otra vez... Lamento que todo esto esté pasando, pero prometo que en estos días encontraré otro empleo. No me quedaré de brazos cruzados, buscaré un nuevo trabajo esta semana. No quiero que las cuentas se acumulen y que las cosas empeoren, como la última vez. ¿De acuerdo? —expreso mientras suspiro.

—Oh no, no puedo creerlo. Realmente no esperaba esa mala noticia. ¿Puedes decirme qué pasó exactamente para que hayas perdido tu trabajo? Según yo, eras una de las mejores allí, así que no entiendo cómo lo has perdido —pregunta mi madre enfadada. Sin embargo, sabe que no quiero ir a reclamar, por lo que no insiste en que actúe al respecto. Agradezco que respete mi decisión de no hacer nada, no quiero complicar más las cosas. Siento que no resultará.

***

El domingo llega demasiado pronto y no tengo nada que hacer ese día, de hecho, me siento aburrida e intento matar el aburrimiento al empezar a limpiar mi habitación. No es que nunca lo haga, lo que pasa es que estaba muy ocupada yendo a trabajar temprano a la boutique, y luego llegando tarde a casa. Casi nunca tenía tiempo de poder arreglar mi dormitorio. Ahora que no tengo que ir a trabajar, aprovecho para hacerlo y así quedar satisfecha con mi sitio limpio. Es importante mantener un espacio limpio y ordenado.

Mi madre aparece cuando estoy aspirando la alfombra y se me queda mirando con sorpresa, parada todavía en el umbral. Me detengo un momento para mirarla. Trae algo en la bandeja, sé que es comida.

—Hija, todavía no has desayunado y ya te has puesto a limpiar. Además, yo lo haría. ¿No sabes que es importante tomar el desayuno para comenzar bien el día? y tú te lo has saltado, y eso no es algo bueno. Así que deberías de no hacerlo otra vez.

—Es porque he comido demasiado anoche que todavía no tengo hambre, pero terminaré de hacer esto para bajar a desayunar, te lo prometo —le menciono para dejarla tranquila, y mi madre asiente.

—Bueno, eso espero. Como ya he comprado, voy a ir al mercado para comprar algunas cosas. ¿Necesitas que te traiga algo? —le pregunto y me quedo pensando.

Podría ser que necesite algo, pero todavía lo estoy pensando, no estoy segura...

—No, no lo creo. ¿No debería encargarme de eso también? Has trabajado duro, mamá, así que podrías quedarte descansando. Yo voy a hacer las compras —le expreso, pero no le parece.

—No, créeme que me gustaría ir a hacer las compras. Siempre lo haces tú, además de que así voy a aprovechar para salir un poco. ¿De acuerdo? —me informa.

—Vale, si te sientes bien haciéndolo de esa manera, entonces está bien —le expreso a mi progenitora.

—Bueno, está bien. Se siente bien porque es algo que no hago desde hace mucho tiempo, y por supuesto que te voy a traer lo que necesites. ¿Tienes toallas sanitarias?

—Mamá, ya te dije que no, y sí, aún tengo. ¿Por qué no vas ahora? Así te tardas lo menos posible. ¿No crees? —le expreso y me sonríe antes de irse.

Al fin me quedo sola. Continúo con mi labor de limpiar la habitación hasta ver todo en orden y pulcro. Se siente una verdadera satisfacción al darme cuenta de que todo es diferente ahora, no hay duda de que necesitaba este tiempo para poder arreglar mi habitación.

Ahora que he terminado, me siento bien con la actividad en casa. Pero también estoy cansada y aprovecho de tomar una ducha antes de bajar y tomar el desayuno que mi madre me ha preparado a mí, porque si vuelve antes de que me lo haya comido, sé que me va a regañar. Así que ya estoy comiendo.

Es un desayuno americano perfecto que me hace sentir mejor y me da la energía que necesito. Ya empiezo a sentirme más animada, con ganas de hacer más cosas. Es inevitable vino a verme a la pulsera atada a mi muñeca y recordar a Zared, y en consecuencia, lo que ha pasado entre nosotros también regresa a mi mente, y me envuelve de culpabilidad. Ya no quiero sentirme así, pero sigo igual. Creo que debería dejar de usar esa pulsera para aliviarme un poco, pero no quiero hacerlo.

¡Dios! ¿Por qué tuve que ser tan idiota? Fui muy tonta. Lo sé.

Es lo que pienso de mí misma.

Intento dejar de pensar en lo sucedido. Aunque no me quito la pulsera, porque realmente no me quiero deshacer de ella, ya empiezo a ver cuáles son las ofertas de trabajo. Debo buscar algo que me convenga, en lo que pueda ser capaz de dar lo mejor de mí. No puedo elegir cualquier empleo sin saber si soy capaz o no de llevarlo a cabo. Es por eso que debo evaluar bien lo que aparece frente a mí, solo así podré escoger algo que me convenga.

No está nada fácil hoy en día conseguir un trabajo, aunque eso no ha sido sencillo nunca, pero esta vez es más complicado que nunca. Aún así, sé que encontraré algo para mí. Solo debo ser paciente. Ya lo encontraré.

Desinflo mis mejillas, necesito buscar algo. ¡Dios mío, ayúdame! Solo entonces me doy cuenta de que hay un aviso que menciona la solicitud de empleadas para un hotel que está a punto de inaugurarse.

El sueldo es alto comparado con lo que he tenido en mi vida y siento que las palmas me empiezan a sudar, solo de pensar que ya no hay oportunidad para mí porque esta es una oportunidad que ya pudo haberse ocupado por completo. Pero todavía puedo llamar a ese número de teléfono que aparece, puedo intentar a ver. Sin embargo, ya me estoy haciendo a la idea de que ya no tendré la chance para no crearme expectativas y luego sentirme mal por eso. Es así cómo me encuentro llamando a ese número telefónico con la intención de conseguir algo bueno. No sé si podré tener el empleo, ya lo veré.

—Buenos días, ¿estoy llamando para preguntar sobre el trabajo en el hotel? En ese caso, espere unos segundos —me dice una voz femenina que parece transmitir amabilidad robótica, o puede ser que ha recibido tantas llamadas durante el día que ya está aburrida de lo mismo.

Entonces caso, espero hasta que ella me diga si puedo hablar. Ya estoy cruzando los dedos y me siento un poco nerviosa al saber que podría tener esa maravillosa oportunidad o no. Terriblemente, no.

—¿Sigues allí?

—Sí, aquí estoy. Por cierto, me llamo Anastasia Strousman y efectivamente estoy llamando por el trabajo —le explico, ya que ha sido muy directa.

—Perfecto, entonces eres una afortunada al llamar antes. Justo queda un lugar, te dejaré toda la información concerniente para que asistas a la pequeña cita, pero el puesto ya lo tienes asegurado. Es solo para aclarar algunos puntos, así que solo queda esperar. ¿Tienes un lápiz y papel a la mano?

Lo busco con rapidez.

—Sí, apuntaré todo lo que me diga —le explico, antes de comenzar a escribir.

Ella ya me está dictando todo lo que necesito saber. Y es algo rápida al hablar, así que no tengo otra opción que escribir apresurada para no quedarme atrás. También, la ansiedad se está adueñando de mí, porque sería algo maravilloso poder trabajar allí y podría decir que más rápido de lo que esperaba, he logrado encontrar un trabajo. Dios, todo lo que está pasando es increíble, hasta ganas de llorar tengo.

La mujer me termina de explicar todo lo que necesito saber para poder ir al lugar mañana. Por lo que me está diciendo, será algo breve, no demasiado tiempo. Eso mismo me está diciendo que yo tengo el puesto asegurado, solo es para aclarar puntos importantes y todo es entendible para mí.

Eso lo comprendo.

Finalmente, la llamada se ha terminado y me quedo con la hoja en la que pude apuntar todo lo que me dijo. Todavía estoy un poco incrédula, incluso quiero llamar a mi madre para darle esta buena noticia. Pero prefiero esperar a que llegue para poder decirle lo que ha pasado, es algo bueno.

Sonrío.

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