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Portada de la novela Mi hermoso tesoro

Mi hermoso tesoro

La felicidad de Asley se apaga cuando, al intentar revelar su embarazo gemelar, su marido le pide el divorcio de forma inesperada. Sola y herida, inicia una difícil gestación contando únicamente con el respaldo de su amiga Amaia. No obstante, graves crisis de salud la obligan a ver su realidad con otros ojos. Entre desafíos médicos, Asley destapa secretos turbios y comprende que la traición acecha tras la fachada de quienes más confianza le inspiraban.
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Capítulo 1

-Hola. ¿Puedo sentarme?

Asley levantó la vista del libro que estaba leyendo y miró al hombre. Sus ojos se abrieron de par en par cuando vio a un hombre apuesto frente a ella.

Con su pelo oscuro y sus penetrantes ojos grises, era un regalo para la vista. Tenía la mandíbula fuerte y ligeramente apretada, y el labio torcido hacia arriba en una sonrisa nerviosa.

Ella lo miró de arriba abajo, mordiéndose el labio.

Asley se sonrojó al levantar la vista y ver la mirada cómplice de él. No podía creer que la hubieran pillado mirándolo.

Asintió rápidamente con la cabeza y escondió la cara detrás de su libro. Asley sintió que se le llenaba el estómago de mariposas. Intentó concentrarse en el libro, pero era difícil cuando tenía a un dios griego delante de ella.

-Sabes, estás siendo un poco grosera ahora mismo-. Le oyó decir mientras tomaba asiento frente a ella. Golpeó sus libros contra la mesa haciéndola saltar ligeramente.

Asley empujó un poco su libro hacia abajo y puso los ojos en blanco antes de volver a su libro. Se mordió una réplica e intentó distraerse de nuevo.

-¿No has oído lo que acabo de decir?-preguntó el hombre, con un tono molesto en la voz.

Oh, Dios. Incluso con un tono molesto, todavía suena caliente.

-Oh, lo he oído.- Asley contestó fríamente con un pequeño ceño fruncido. Leyó las primeras líneas del capítulo y suspiró.

Le resultaba imposible concentrarse con él allí sentado.

Se le calentó la frente y supo que era por su mirada penetrante.

-Bueno, sería educado que dijeras algo o incluso que me reconocieras-. Tenía una voz ronca y profunda.

Hizo que el interior de Asley se agitara con un deseo no deseado y ella hizo todo lo que pudo para no dejar que ese deseo se mostrara en sus ojos.

Asley miró alrededor de la cafetería. Frunció el ceño al ver el vacío. Empezó a preguntarse por qué el hombre se sentaría cerca de ella cuando había muchas otras mesas disponibles.

Se volvió hacia el hombre y le miró enarcando las cejas.

-No encontré ninguna razón por la que debiera reconocerle y mucho menos ser amable con usted. Ahora, si me disculpa, me gustaría seguir leyendo mi libro-. Le dirigió una mirada mordaz antes de volver a su libro.

-Qué duro-murmuró. -¿Orgullo y prejuicio? ¿Te gusta la literatura?

Asley gimió y lo miró por encima de su libro.

-Sí. ¿Tienes algún problema con eso?

Aunque el hombre era guapo, Asley sabía que no debía relacionarse con gente como él. Tenía toda la actitud de playboy y sería problemático involucrarse.

-¿Gente como yo? ¿Qué quieres decir con eso, mia bella? Por favor, diviérteme-, preguntó divertido.

-Un jugador-. Respondió ella con frialdad. -Alguien que se cree por encima de los demás y que no tiene problemas en romper el corazón de muchas chicas inocentes y jóvenes.

Dejó el libro sobre la mesa y se recostó en su asiento. Le miró con una ceja levantada.

Él soltó una risita y cruzó el brazo sobre el pecho.

-¿Y cómo lo sabes?-cogió el libro y le dio la vuelta.

Asley lo fulminó con la mirada.

No le gustaba que otras personas tocaran sus cosas sin preguntar.

-Es que me gusta-espetó antes de volver a coger el libro.

-Peleona-. Dijo con un guiño antes de recostarse en su asiento. -Bueno, eso no está bien mia bella. ¿Has oído alguna vez eso de nunca juzgues un libro por su portada?

Dios, es un idiota tan molesto. Pensó para sí misma.

Vio cómo levantaba el brazo para llamar a la camarera. Sus músculos se flexionaron al hacerlo y ella se mordió el labio inferior.

Un idiota sexy.

-¿Un idiota sexy, dices?-le preguntó divertido.

Asley se maldijo por haberlo dicho en voz alta. Estupendo. Simplemente genial. Ahora él sabe que ella lo estaba mirando. Dios, ¿por qué siempre tiene que decir las cosas en voz alta?

Un leve rubor apareció en su rostro y lo fulminó con la mirada antes de coger su bolso. Dejó el libro dentro, se levantó y colocó un billete de veinte dólares debajo de su taza de café.

Lanzando una última mirada al hombre, salió de la cafetería y se adentró en el fresco aire californiano.

*

Asley sintió que todo su mundo se derrumbaba cuando él dijo eso. Sintió que el corazón se le iba a romper en mil pedazos y sintió que la cabeza se le aligeraba. Le ardían los ojos de lágrimas no derramadas y le temblaban las manos.

Se arrinconó contra la pared y apoyó la palma de la mano en ella, rezando para que eso fuera suficiente para sostenerla.

-Dalton. ¿Qué quieres decir? ¿Por qué quieres el divorcio?

-Ya no te quiero-. Dijo fríamente. -No eres nada para mí-. Sus fríos y penetrantes ojos grises se clavaron profundamente en los de ella.

Asley dejó caer las lágrimas.

¿Ya no la quiere?

-No lo entiendo. Dalton, nuestros hijos-. Dijo en voz baja, poniéndose inconscientemente la mano sobre el vientre. -No pueden vivir en casas separadas. Lo que sea que haya hecho mal, por favor dímelo para que pueda arreglarlo. Nuestros hijos necesitan a sus dos padres.

Dalton levantó una ceja y la miró.

-¿Nuestros hijos? ¿Qué quieres decir con hijos? ¿No querrás decir?-preguntó fríamente.

Asley asintió con la cabeza. Le cogió la mano y se la puso sobre el vientre.

-Sí, Dalton vamos a tener gemelos. Me he enterado hoy mismo.

Él la miró fríamente y le retiró la mano con brusquedad.

-No me toques-. Le siseó.

Asley gimió y retrocedió de nuevo contra la pared.

Dalton la fulminó con la mirada y se quitó la corbata.

-En cuanto a ellos, no tienes que preocuparte. Voy a renunciar a mis derechos. Ni siquiera sé si son realmente míos o no-. Dijo antes de alejarse de ella.

-¡Dalton espera! ¡No sé qué está pasando! ¿Qué te ha pasado? Asley gritó tras él con sus lágrimas cayendo en exceso.

Él se detuvo un segundo en su paso.

-Creo que sabes exactamente lo que quiero decir-. Dijo fríamente otra vez, pero no había ninguna equivocación de la grieta que estaba en su voz. -Confié en ti-. Dijo en voz baja antes de salir de la casa, dando un portazo tras de sí al marcharse.

A Asley se le doblaron las rodillas y cayó al suelo. Fuertes sollozos escaparon de su boca mientras sus lágrimas caían una tras otra. Enterró la cabeza entre las manos y gritó con fuerza. Sólo sentía dolor en el corazón, que se le rompía en pedacitos.

-¿Qué he hecho mal?-se preguntó en voz alta. Extendió las manos y se tocó la base del estómago. Su corazón se rompió aún más, si es que eso era posible, sabiendo que existía una gran posibilidad de que ni siquiera tuvieran un padre.

Se levantó del suelo e hizo una mueca de dolor. Se frotó el estómago y suspiró aliviada cuando se le pasó. Se secó las lágrimas y se dijo a sí misma que se calmara. El hipo salió de su boca y dejó escapar algunas lágrimas más.

Usando las paredes como apoyo, empezó a subir las escaleras y entró en su habitación y la de Dalton. Al abrir la puerta, sintió que el corazón se le contraía de dolor cuando el olor familiar de Dalton llenó sus fosas nasales. Dejó escapar un pequeño sollozo antes de caminar hacia su cama.

Se tumbó al lado de Dalton y agarró con fuerza su almohada. Inhalando su olor, se deleitó en él, sabiendo que posiblemente, esta sería la última vez que estaría en la comodidad de él. Las lágrimas siguieron empapando la almohada y ella enterró la cabeza en ella, sollozando suavemente.

Cerró los ojos y rezó. Rezó para que todo aquello no fuera más que una pesadilla y para despertarse a la mañana siguiente en sus brazos. Rezó para que el día de hoy nunca hubiera ocurrido. Dios, cómo deseaba que nunca hubiera sucedido.

El timbre del teléfono la distrajo. Cogió el teléfono de la mesilla y se secó las lágrimas. Sin ver quién era, lo cogió y contestó.

-¿Hola?-, trató de ocultar cualquier indicio en su voz de que estaba llorando.

-¿Asley? ¿Cariño?- la voz de su mejor amiga. -¿Estás bien? Parece que estuvieras llorando.

Sintió que se le saltaban las lágrimas de nuevo al oír esas palabras.

Nunca en su vida había odiado la frase.

-¿Estás bien?- tanto como entonces.

-Amaia-se le quebró la voz y agarró el teléfono con fuerza. Sus ojos se cerraron y las lágrimas siguieron cayendo.

Eran interminables e implacables. Por mucho que Asley quisiera que cesaran, no lo harían.

-Asley, ¿qué ha pasado? ¿Le has dado la noticia a Dalton?- le preguntó Amaia en tono preocupado. -¿No se lo tomó bien?

-Se lo dije- dijo ella en voz baja -pero.

-¿Pero qué? ¿Qué pasó?- insistió Amaia.

Se secó las lágrimas y respiró hondo.

-Amaia, quiere el divorcio.

Hubo una larga pausa al otro lado. El silencio duró unos cinco minutos antes de que Amaia volviera a hablar.

-¿Qué vas a hacer, cariño?- Asley abrió los ojos y se quedó mirando la foto de su boda. Agarró con fuerza las sábanas de la cama porque sabía que lo que dijera a continuación afectaría a su futuro para el resto de su vida. -¿Qué hay que hacer Amaia? Se la voy a dar.

*

Asley se despertó a la mañana siguiente con un fuerte dolor de cabeza. Gimió y se agarró la cabeza, sentándose en la cama. Miró al lado de Dalton y frunció el ceño al ver que no estaba tumbado como de costumbre.

Miró la hora y frunció el ceño al ver lo temprano que era.

Nunca se levantaba tan temprano. Y si lo estaba, siempre esperaba a que ella se despertara antes de hacer cualquier otra cosa. Entonces, ¿dónde estaba?

Se levantó de la cama y entró en el cuarto de baño. Al mirarse en el espejo, se encogió al ver sus ojos enrojecidos y sus ojeras.

¿Cómo se había hecho eso?

Suspirando, empezó a lavarse la cara. Cogió el cepillo de dientes y empezó a lavárselos mientras se frotaba el estómago con la otra mano.

Cuando terminó, se secó la cara y entró en el armario. Se puso una de las sudaderas de Dalton y una de sus camisetas antes de bajar a la cocina.

-¿Dalton?-gritó.

Al no obtener respuesta, frunció el ceño y entró en la cocina. Al no verle, sintió que se le revolvía la preocupación en el estómago. Se sentó en la mesa y cogió el teléfono de casa. Marcó rápidamente su número y esperó a que contestara.

Cuando saltó el buzón de voz, frunció el ceño y dejó el teléfono sobre la mesa. Apoyó la cabeza en las manos y rezó para que, dondequiera que estuviera, estuviera a salvo.

Cuando retiró las manos, vio un sobre blanco que sobresalía de donde se suponía que estaban las servilletas. La curiosidad se apoderó de ella y cogió el sobre. Agarró el contenido que había dentro y sintió que todo su cuerpo se congelaba.

Separación Legal del Matrimonio.

Los recuerdos de la noche anterior inundaron su cerebro y sintió que las lágrimas volvían a caer. Se le nubló la vista y le temblaron las manos al leer los papeles del divorcio. Se puso el puño en la boca para amortiguar los sollozos. Él lo había hecho todo. Lo había firmado todo.

Lo único que faltaba era su firma tanto en los papeles del divorcio como en los de la custodia. Cerró los ojos y rezó para que aquello no fuera más que un sueño. Se pellizcó y lloró aún más cuando se dio cuenta de que no era un sueño.

Era la realidad.

Miró a un lado y vio un bolígrafo junto al servilletero. Estiró las manos y lo cogió. Asley volvió a mirar los papeles e hizo lo único que podía hacer en ese momento.

Firmó los papeles.

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