
Mi Hermana, Mi Peor Dolor
Capítulo 3
La voz del oficial al otro lado de la línea era monótona y cansada.
"Hablo con la familia de Elena García? Fue detenida por causar daños a la propiedad y agresión en una fiesta privada" .
Mi padre tomó el teléfono. Su mano no temblaba.
"Entiendo, oficial" .
Escuché al policía hablar de la fianza, de los cargos, de la necesidad de un abogado.
Mi padre escuchó pacientemente.
"Gracias por la información" , dijo finalmente, y colgó.
El silencio en la sala era absoluto. Mi madre miraba un punto fijo en la pared, con el rostro impasible.
Yo contenía la respiración.
Minutos después, el teléfono volvió a sonar. Era de la estación de policía. Era Elena.
"¡Sofía! ¡Tienes que decirle a papá que venga a sacarme!" su voz era un chillido de emoción, no de miedo.
"¡Funcionó! ¡Lo hice! ¡Llamé su atención! ¡Está furioso, pero así empiezan estas cosas! ¡Es el cortejo, Sofía! ¡Como en las novelas!"
Su delirio era tan profundo que me revolvió el estómago.
"¿De qué hablas, Elena? Destruiste un reloj que vale más que nuestra casa. Estás en la cárcel" .
"¡Ay, por favor! ¡Son detalles! ¡El dinero no es nada para él! ¡Es una prueba! Quiere ver hasta dónde llega mi amor por él. ¡Ahora saquenme de aquí para que pueda continuar con la conquista!"
Miré a mis padres. Mi padre negó lentamente con la cabeza. Mi madre cerró los ojos.
Tomé una respiración profunda.
"No, Elena" .
"¿Cómo que no? ¡No seas tonta! ¡Es nuestro futuro!"
"No tenemos dinero, Elena. Lo gastamos todo en tu última vida. No hay nada. Vendimos la casa, la ferretería, todo. ¿No lo recuerdas?"
Hubo un silencio al otro lado. Pude sentir su confusión. Para ella, esa otra vida no era real. Era solo un mal sueño.
"Deja de decir tonterías. Llama a papá. Dile que venda lo que tenga que vender. ¡Es una inversión!"
"No" , dije, con una frialdad que me sorprendió a mí misma. "No vamos a hacer nada. Estás sola en esto" .
Y colgué.
El teléfono sonó una y otra vez. Dejamos que sonara hasta que se detuvo.
Al día siguiente, nos enteramos de que El Patrón, harto del escándalo, simplemente retiró los cargos. No por piedad, sino por fastidio. Quería que esa loca desapareciera de su vida. Pagó el reloj de su propio bolsillo y la policía la dejó ir con una advertencia.
Elena llegó a casa esa tarde, triunfante.
"¿Ven? ¡Les dije! ¡Me perdonó! ¡Sabía que lo haría!"
Entró pavoneándose, como si hubiera ganado una gran batalla.
Nos miró con desdén.
"Ustedes, con sus vidas grises y aburridas. Nunca entenderán la pasión, el riesgo. Yo voy a ser una reina. Y tú, Sofía" , me señaló, "seguirás siendo una estudiante mediocre el resto de tu vida" .
No respondimos.
Esa misma noche, después de que mis padres se acostaron, la vi salir a escondidas.
Sabía a dónde iba.
Una hora después, mi celular vibró. Era un video de Carlos, un chico que trabajaba con Elena en una tienda de conveniencia y que amaba el chisme.
El video, tembloroso y mal iluminado, mostraba a Elena tratando de escalar el muro de la mansión de El Patrón.
Gritaba su nombre, declarándole su amor eterno a la noche.
Luego, dos guardias de seguridad la agarraron sin contemplaciones y la arrastraron fuera de la propiedad. La arrojaron a la acera como a un saco de basura.
En el video se podía ver cómo se raspaba las rodillas y las manos al caer.
No fue una gran herida.
Pero fue la primera consecuencia física que sufría por sus actos, sin que nosotros estuviéramos allí para curarla.
Apagué el teléfono y me fui a dormir.
Por primera vez en mucho tiempo, no sentí ni una pizca de pena por ella.
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